Madres niñas - Recuperando la dignidad

MAYO 2008
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MADRES NIÑAS
Recuperando la dignidad

Este mes celebramos el Día de la Madre. En la República Democrática de Congo un grupo de madres en dificultades trata de superar sus problemas para poder salir adelante con orgullo y esperanza. No lo tienen fácil.

Victorine Abognin vive en Isiro, al norte de la República Democrática de Congo, y es madre de tres hijos. Reside en una casa de alquiler porque la familia de su marido la echó del hogar matrimonial cuando éste murió. Privada del apoyo de sus padres, porque es huérfana, ha podido sacar adelante a su familia gracias al Centro de Formación para las Madres Solteras que dirigen las religiosas dominicas Hijas de Santa Catalina de Siena.

Como ella, unas doscientas mujeres se han convertido en símbolos de esperanza en este país donde la vida es muy dura, sobre todo para las mujeres que son víctimas de la pobreza y de las agresiones cometidas por los grupos armados. Muchas veces, son las únicas que trabajan en el hogar, con los hijos siempre a cuestas. Hoy son las protagonistas del desarrollo gracias a su trabajo.

“Nuestro objetivo es la reintegración social de las mujeres para que puedan valerse por sí mismas”, nos cuenta la Hermana Jeanne Pati, coordinadora del Centro, que se creó en el año 2004 para sacar de la miseria a las mujeres, viudas o abandonadas por sus maridos. En un país como la República Democrática de Congo, hay millones de casos como estos. En el Centro sólo pueden atender a unas 35 mujeres durante los 10 meses que dura la formación.

La mayoría de ellas no saben leer ni escribir. Reciben clases de alfabetización, higiene y cocina. También les enseñan a emprender un negocio a partir de actividades que han aprendido en el Centro, como corte y confección, fabricación de jabón, ganadería o jardinería. Al finalizar el periodo de formación, reciben un pequeño fondo para iniciar estos negocios. Las que prefieren coser, por ejemplo, reciben una máquina de coser. Pueden trabajar individualmente o en asociación.

Las mujeres de la primera promoción han montado un restaurante que gestionan dentro del propio Centro. Se reparten los beneficios. La Hermana Jeanne recuerda el caso de una chica que se quedó embarazada de un joven. Éste no quiso saber nada de ella. Después de dar a luz, la chica vino al Centro para formarse y cuando el chico vio que su vida había mejorado, quiso volver con ella, pero ella lo rechazó.


En sus inicios empresariales, las mujeres son acompañadas por las religiosas. “Acompañamos a la primera promoción durante seis meses, pero fue insuficiente, por lo que continuamos con el seguimiento hasta ahora. Suelen tener problemas con la gestión”, asegura la Hermana Jeanne, que recuerda que el Centro tiene también sus dificultades.

Tanto la primera como la segunda promoción, carecían de todo tipo de material. Incluso el local que utilizan no les pertenece. Su máxima ilusión es poder tener un centro propio más amplio donde las mujeres puedan quedarse durante los meses de formación. Un sueño que, de momento, tardará en cumplirse porque cada vez reciben menos ayuda del extranjero y el dinero que genera la venta de los productos que realizan las mujeres durante la formación es insuficiente para financiar el Centro.

Aunque esto no parece preocuparlas demasiado. Se alegran del reconocimiento de las demás mujeres y de la sociedad entera, que se beneficia del trabajo de éstas. “Una de nuestras chicas, que abandonó la escuela en primaria por falta de medios, retomó los estudios después de pasar por nuestro Centro y ahora tiene su diploma del Estado. ¿Qué más podemos pedir?”, pregunta emocionada y orgullosa la Hermana Jeanne.

Jean-Arsène Yao


 


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