Todos a ayudar - La familia

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MAYO 2008
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RAÍCES
Todos a ayudar

La familia

Estábamos hablando de los padres. “Los padres son unos pesados”, decía Inés. Y también Raquel añadió después: ”Sí. A la gente le gusta estar con los amigos en la calle. Pero cuando llegamos a casa y nos damos cuenta de que algo no va bien entre ellos, nos sentimos mal”. La familia es nuestro nido. Si ella está bien, estamos bien; si tiene problemas, nos sentimos afectados. ¿Por qué será así?


El hijo Prodigo

Si leemos las primeras páginas de la Biblia, encontramos allí la respuesta. ¿Te acuerdas de la historia de Adán y Eva? Dios había creado a Adán y lo colocó en el Paraíso. El Paraíso era un lugar de felicidad. Pero Adán estaba muy solo. Y así nadie puede ser feliz. Entonces Dios decidió “darle una compañera semejante a él” (Gn 2,18). Y creo a la mujer.

Esta es una historia que puede parecer inocente, una historia de niños. ¡Pero no! En un lenguaje sencillo, Dios nos transmite un mensaje muy importante: no le es posible al ser humano vivir aislado. Necesitamos a alguien en la vida que vaya con nosotros. Todos necesitamos una comunidad. Precisamos verdaderos lazos de unión. Precisamos una solidaridad que alcance a todos los momentos de nuestra existencia.

Cada uno en su lugar

No podemos vivir sin familia. La familia es nuestro soporte. Ella y la comunidad en la que nacemos y aprendemos a conocernos. De ellas recibimos una lengua y una cultura. Ahí bebemos nuestra educación.

La familia es una comunidad donde cada uno tiene su lugar. Puede ser madre o padre, hijo o hija, hermana o hermano. Es la vivencia de estas relaciones lo que constituye la familia. La madre necesita asumir su papel de madre, el padre, el de padre, los hijos, su propio papel. Cuando alguien abandona o se desliga, es toda la familia la que sufre. La familia, siendo una comunidad, se construye con la colaboración de todos.

Un lazo fortísimo

Todos construimos la familia porque hay un lazo que nos une: el amor. El amor une a una pareja. Ella da origen a una nueva familia. El amor hace que los padres se harten a trabajar para que nade falte en casa. El amor les lleva a acompañar a los hijos en la enfermedad, a la escuela y a hacer deporte. Es el amor el que hace que los padres enseñen y corrijan a los hijos. Es el amor el que lleva a los hijos a obedecer a los padres, a darles sorpresas.

El amor es una realidad invisible, pero aparece en actitudes y acciones que todos pueden ver. Donde hay aceptación, hay amor. Cuando las personas son tolerantes, el amor se vuelve palpable. Si son capaces de tener gestos de ayuda y de comprensión sin esperar nada a cambio, están amando. Cuando los miembros de una familia son capaces de respetar las necesidades de cada uno, entonces hay amor.

Donde hay amor, no es necesario que haya autoritarismo, porque todos son capaces de dialogar sobre los problemas y asumir las decisiones. Donde hay amor, los hombres no se superponen a las mujeres, ni las mujeres explotan a los hombres: comprenderán que Dios los hizo compañeros, para caminar juntos. Donde hay amor, todos asumen sus responsabilidades y nadie huye de los compromisos, bien arreglar el dormitorio o la cocina, o estudiar o ir a trabajar. Todos contribuyen a construir la auténtica familia.

El apóstol San Pablo sabía que la familia sólo puede ser construída con la colaboración de todos. Y por eso escribió a los Colosenses: ”Hijos, obedeced en todo a los padres, porque eso es agradable al Señor. Padres, no irritéis a vuestros hijos, para que no caigan en el desánimo”. Y tú, ¿qué es lo que has hecho para que tu familia sea una verdadera comunidad?

 




Hna. Isabel Martin

 


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