Yo misionero ¿y tu?

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MARZO 2008
Editorial
Telemundo
Tormenta en la isla de Ñuar
Madres niñas
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Flora africana
Hola África
Yo misionero


Un paso importante

Queridos amigos de Aguiluchos: estamos iniciando uno de los meses más bonitos del año. Es el mes en el que muchos de vosotros, después de prepararos durante algunos años, os acercaréis por primera vez a recibir la Eucaristía. El mes de mayo es también el mes que dedicamos a María, la primera misionera, la Madre de Jesús y Madre de todos los misioneros. Como ella hay personas que dedican toda su vida a la oración y al trabajo en el seguimiento de Jesús, por eso en este mes traemos el testimonio de una monja jerónima, sor Pilar, que nos va ayudar a conocer y a entender lo que significa vivir en un monasterio, concretamente en el monasterio de la Monjas Jerónimas de Constantina, un pueblo de la sierra de Sevilla.





Hna. Inés

–Sor Pilar, ¿cómo nació tu vocación?

–Es difícil resumirlo en pocas palabras, porque toda vocación es un proceso largo y a veces complejo. Hice mis estudios normalmente, pero desde pequeña mi gran ilusión era ser militar. Salía con mis amigos y hacía la vida normal de cualquier joven. Empecé a salir con un chico y estaba a punto de llevar a cabo mi gran ilusión de ingresar en la Academia Militar, pero empecé a notar un cierto vacío en mi interior. ¿Por qué me sentía así, qué es lo que me faltaba, si lo tenía todo?

Poco a poco sentí una llamada más fuerte a ser monja de vida contemplativa. Tenía que elegir. Sin decir nada a nadie entré en contacto con un monasterio y pedí hacer una experiencia durante las vacaciones para ver si era mi sitio. Si veía que no, seguiría mi camino, pero no podía vivir con esa duda. Hice la experiencia... y me quedé, con la sorpresa consiguiente de todo el mundo. De esto hace ya 23 años.

–¿Qué significa ser una “monja jerónima”?

–Es una forma de seguir a Cristo en uno de los muchos carismas que hay en la Iglesia. Lo fundamental, como en toda vocación, es amar y buscar a Jesús cada vez con más profundidad, en compañía de unas hermanas. Nuestra vida tiene como pautas esenciales la meditación de la Escritura, la celebración de la liturgia, la oración, el ambiente de soledad y silencio y la hospitalidad como acogida a todos los que se acercan a nuestros monasterios.

–¿A qué os dedicáis? ¿Cómo se organiza vuestro día?

–Nuestra vida se reparte entre la oración (bien sea personal, litúrgica o lectura de la Escritura), que ocupa la mayor parte del día; el trabajo en las diversas tareas que se nos encomiendan para la buena marcha de la comunidad, el estudio para profundizar y madurar como mujeres-cristianas-monjas y el compartir fraterno con las hermanas.

–¿Tú crees que desde el monasterio se puede vivir la vocación misionera?

–Se puede vivir plenamente. La vocación misionera es la pasión por Jesús y por anunciar el amor y la salvación que ofrece a todos los hombres, llevar el Reino hasta los confines de la tierra, y cada uno tiene un puesto para hacerlo. En una planta la raíz está escondida, no se ve y, sin embargo, da vida a toda la planta. Igualmente nosotras. Desde lo escondido y gratuito del amor y la oración por todos los hombres, que son los hijos que el Señor nos confía, tratamos de extender a todos lo que nosotras hemos recibido: la vida de Jesús.

–¿Qué piensas de la revista Aguiluchos? ¿Qué le dirías a los lectores de nuestra revista misionera?

–En la comunidad nos encanta a todas, la leemos con mucha ilusión y la damos a conocer a otras personas. Es una manera muy bonita y amena de formar y enseñar otras formas de vivir, a la vez que es divertida. A los lectores les diría que no olviden nunca que Jesús camina a su lado, que les ama con un amor que no pueden ni imaginar, y que estoy segura de que si abren los oídos de su corazón, lo van a percibir. Es lo más importante de nuestra vida, todo lo demás viene después.

 


 

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P. José Martín Vargas
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