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LA FUERZA DE LA UNIÓN

Sindicato de Agricultores y Ganaderos de Tandjilé (Chad)

Por P. Alejandro Canales


Reunión de miembros de la Comisón Justicia y Paz de Laï
y del sindicato de Tandjilé.

La unión de agricultores y ganaderos de Tandjilé, una de las regiones administrativas de Chad, en un sindicato autóctono e independiente ha contribuido al desarrollo de la población, la convivencia pacífica entre los dos sectores sociales y la conciencia de una militancia reivindicativa. El artífice de esta idea asociativa es Joseph Gou, un invidente evangélico con una mirada profunda sobre la realidad.

Joseph Gou Kingley es chadiano, tiene 44 años y se quedó totalmente ciego a los 20. Este agricultor cristiano evangélico, de una fe sólida, es también padre de cinco hijos y posee una clara conciencia del progreso social.

Como misionero, agradezco haberme cruzado con este compañero en muchos caminos de mi reciente etapa misionera en Chad. Él, como muchos otros, me han enseñado a servir en la misión. Fundador y animador del Sindicato Regional de Agricultores y Ganaderos de Tandjilé (SRAET), vive junto al río Logone, en Lai, y ha dado pruebas de una gran libertad al no dejarse comprar por ningún partido político en un país pobre.

Con él analizaba los temas delicados de la población y además trabajamos juntos. Podíamos apoyarnos mutuamente, él con una base social muy amplia y yo con los comités de Justicia y Paz y una comisión de la que formaban parte miembros más técnicos. Hacíamos, sin pretenderlo, un sano ecumenismo.

Joseph Gou, el segundo por la derecha, es fundador de un sindicato conjunto

Militante africano

Joseph Gou, lo vemos en la fotografía, el segundo por la derecha, es fundador de un sindicato conjunto y pertenece a la etnia kabalay. Conoce muy bien las dificultades económicas de la región de Tandjilé, al sur de Chad, una zona próspera en otras décadas en la producción de arroz. Con mejores vías de comunicación y sin tanto éxodo rural en otros tiempos, parece ser una zona venida a menos. Hace unos doce años, Gou soñó con crear y orientar un sindicato de agricultores y ganaderos en la región. Esa idea, fruto de una preocupación social, se fue concretando después.

Chad tiene experiencia sindical en Educación y en Sanidad, pero una insignificante expresión sindical en otros sectores. Los agricultores y ganaderos vivían ajenos a cualquier preocupación por la reivindicación social. En este sector agrícola, los productores de algodón son quienes más han sufrido las fluctuaciones del mercado, que provocaban descontento y tímidas acciones de presión. Había conciencia social en agrupaciones, pequeñas cooperativas, construcciones de bienes comunitarios (pozos, escuelas, graneros), pero movilizar, regionalizar y promover la conciencia social del agricultor y del ganadero era algo nuevo.

Para entender esto hay que conocer que el agricultor es sólo productor del campo y el ganadero explota sus animales en régimen de nomadismo. Cada colectivo vive de forma autónoma, pero se necesitan mutuamente. Si los ganaderos necesitan pastos, productos del campo y los servicios que encuentran en los pueblos, por su parte los agricultores necesitan la tracción animal, la carne y los productos lácteos.

Cuando entré en contacto con Gou, yo atendía la Comisión Justicia y Paz en la diócesis de Lai. Vivíamos a tres kilómetros el uno del otro: su pueblo está a las afueras de Lai, mi residencia habitual. Desde entonces, iba algunas tardes a su casa a charlar, programar y descansar: me servía de relax y aprendía de sus intuiciones y de sus luchas.

Durante varios años, muchas cosas me unieron a este buen sindicalista chadiano. “Hemos llegado a entusiasmarnos por el progreso social porque Dios está con nosotros y la Palabra nos ilumina. Podemos confiar mirando al Pueblo de Israel. La gente quería caminar y no sabía ni hacia dónde, ni cómo. Y se ha fiado de un ciego”, dice entre risas.

Así de natural es Gou. Natural y de unas convicciones profundas. “Los pobres tenemos únicamente la fuerza de la unidad, la persuasión de la no-violencia”, explica. Militante libre y entusiasta de Mahatma Gandhi y de Nelson Mandela, se siente útil al defender las causas de la gente, que tantas penalidades sociales ha pasado.

Un sindicato local

La idea de un sindicato de origen chadiano parece una genialidad, al pensar en los desafíos de una zona que durante seis meses permanece incomunicada a causa de las lluvias, con pérdidas económicas progresivas en los últimos 30 años, con gran éxodo rural (hacia Nigeria y el norte de Camerún) y con el intervencionismo de comerciantes y transportistas.

No había otros sindicatos por este área rural en 300 kilómetros a la redonda. Esta ausencia de discurso sindical hacía más novedosa la fórmula de las células en un mundo rural desorganizado, sin referencia ni apoyo organizativo de otros sindicatos. “Lo más difícil es formar un sindicato independiente, al margen de los partidos políticos, incidir en la vida social y crear un ambiente de convivencia entre agricultores y ganaderos”, me aseguraba Gou en nuestras conversaciones.

“Somos nosotros, los trabajadores, quienes tenemos que luchar para salir de nuestra pobreza. Nosotros y los estudiosos. Sin buenos guías, somos una fuerza dispersa”, añadía. Después de dar intensidad a sus palabras, se reía a carcajadas, como quitando dramatismo al discurso.

 

Una estrategia y muchos retos

Ir dando pasos en la consolidación de la convivencia social era y es su estrategia, donde los mismos protagonistas busquen medios y utilicen las oportunidades para resolver los conflictos. Los agricultores y ganaderos se necesitan, pero son colectivos manipulables, sin cultura, frágiles. Conocerse, relacionarse con confianza, acogerse y tomar conciencia de que la paz beneficia a todos, forma parte de una estrategia común en la que se encuentran muchos de los grupos de ganaderos y agricultores. “La paz es obra de todos, y es posible si las partes queremos; tenemos que ir aprendiendo a resolver nuestros conflictos. El sindicato hará de mediador, porque la convivencia está siempre acompañada de litigios”, decía Gou, aquel ciego que veía lejos, recordando los primeros momentos. Y es que los ganaderos nómadas de Chad recorren muchos kilómetros en busca de pastos y con esa necesidad pasan por los oscuros caminos de la trashumancia.

Al multiplicarse los rebaños de bueyes, invaden los espacios delimitados y los períodos consentidos para la trashumancia. Por otra parte, la demografía de los agricultores ha aumentado en todas las regiones y la agricultura sigue siendo más extensiva que intensiva, a pesar de los elaborados programas de reforma agrícola. El caso es que agricultores y ganaderos conviven, se necesitan, y no habrá paz si ellos no se implican en la resolución de sus conflictos.

“Cuánto tenemos que aprender, al pobre se le compra con poco, no podemos creernos las mentiras de quienes dicen que piensan por nosotros”. Esto es de héroes, le respondía yo, queriendo hacerle hablar. “Es cuestión de confianza y de unidad –comentaba él–. Y de fidelidad a la base dentro del sindicato, que tiene que ser lugar de entendimiento, y que no cometa fallos”.

Cuando Gou acudió a nuestra comisión diocesana de Justicia y Paz nos habló de su sindicato, de sus 200 células en toda la región, del organigrama, del funcionamiento, de la autogestión y de los éxitos en el trabajo de base. Escuchamos atentos sus apuestas y resultados y nos fuimos a comprobar en los pueblos lo que habíamos anotado.

“No tenemos medios, vivimos y nos movemos con el apoyo de las células y la colaboración de algunos amigos; queremos permanecer ahí, porque los responsables del movimiento no debemos distanciarnos de la gente de los pueblos”, comenta el secretario del sindicato, Gouyague Dikob, un antiguo técnico agrícola, hoy jubilado.

Había una buena cobertura social, las células eran activas y algunos de sus miembros habían entendido la cultura del sindicato. Era una ocasión de colaboración que nos brindaba a nuestro equipo de trabajo. “Necesitamos el abogado que vosotros tenéis, el ingeniero agrícola, personas de estudios que nos apoyen y nos ayuden a reivindicar y saber decir las cosas”.

Escuela para todos

Los sueños siguen y la lucha va teniendo con el tiempo nuevos campos. La educación de los niños y jóvenes sonaba con fuerza en su boca. “Queremos una región desarrollada, la escuela para todos, porque una buena educación nos ayudará a salir de la pobreza. Digo a veces a las autoridades que deberían sentirse orgullosos de trabajar por el desarrollo de la población. Por contra, la pobreza de la gente debería sonrojarles. ¡De qué le sirve al gobernador ser un gobernador de pobres y analfabetos!”.

Y si hoy Gou habla de educación, mañana se interesa por el equilibrio de los precios, la concesión de créditos para apoyar a los agricultores y ganaderos, hacer un proyecto para pedir nuevas industrias para la región, y el diálogo continuo con la administración. En algún programa de radio, con pasión e inocencia, habló del “diálogo entre agricultores y ganaderos, diálogo entre pobres, multiplicando las ocasiones para compartir, porque unos tienen mijo y otros leche, y cuánto nos une que quienes vivan en Tandjilé se muevan con seguridad, porque es una tierra acogedora. Para tener fuerza social, unámonos”.

Con otras instituciones sociales, asociaciones de Derechos Humanos, ONGs, el sindicato se sentía cómodo, nada acomplejado. Puntuales a los encuentros, con dinamismo y fuerza social, allí estaban los representantes de los agricultores y ganaderos. Formamos una plataforma social donde acordamos actuar por consenso y apoyarnos entre asociaciones en acciones a favor de la población. La Comisión diocesana Justicia y Paz optó por la autopromoción desde su vocación de defensa de los derechos humanos. Vivíamos con el sindicato los mismos sueños en la resolución y prevención de conflictos, y en la formación de la población.

Además, el sindicato se puso en contacto con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con quien la comunicación hasta entonces era poco frecuente. Iban entendiendo que la relación con otras fuerzas sindicales les ayudaría a aprender de su experiencia.

Acciones conjuntas

Los diversos talleres de ganaderos y agricultores sobre las causas y prevención de conflictos son una muestra de las orientaciones prácticas que el sindicato ha ido tomando. Así consta en las diferentes relaciones de actividades que el secretario ha ido anotando minuciosamente, como asambleas cantonales, encuentros en los feriks (campamentos de nómadas), asistencia a juicios y denuncias en las administraciones.

Para resolver los conflictos es necesario conocer los caminos de la trashumancia, sensibilizar para vigilar los rebaños día y noche, solucionar amistosamente el valor de los destrozos. Los talleres fueron planificados por el sindicato y la Comisión Justicia y Paz. Y se unieron otros agentes sociales, además de la plataforma para el desarrollo de la región.

Mejorar la cohabitación pacífica ha sido otro de los objetivos, con acciones encaminadas a crear una convivencia respetuosa de bienes y personas, alternando el uso de las tierras por los ganaderos y los agricultores. El plan de visitas a las células por cantones fue dando protagonismo y responsabilidad a los miembros del sindicato a la hora de hacerse presentes en los mercados locales de algodón, donde discutían las tasas, algunas abusivas. He sido testigo de cómo todo esto ha ido creando una conciencia de militancia y de justicia social.

“El petróleo ya sale en Doba, ¿cómo prepararnos en Tandjilé?” fue una de tantas charlas conjuntas para agricultores y ganaderos, compañías petroleras y asociaciones y organizaciones diversas, donde se daba información sobre la explotación del petróleo, el diálogo de agricultores y ganaderos con compañías petroleras, la administración y agentes sociales sentados en la misma mesa.

La relación entre el SRAET y la Comisión Justicia y Paz sigue adelante. Como misioneros tenemos muchas deudas con quienes hemos caminado juntos buscando hacer el bien. Gou, gracias por tu pasión y por tu sentido del bien. Tus palabras tienen mucha sabiduría.

     

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