50 aniversario Declaración Derechos del Niño
"Dichos, hechos y compromisos"
Por África González Gómez
El mundo de la infancia celebra
en noviembre un triple
aniversario. El día 20 se
cumplen 50 años de la Declaración
de los Derechos
del Niño. El mismo día, pero
de 1989, entraba en vigor
la Convención sobre
los Derechos del Niño, que
amplía y desarrolla los 10
principios de la Declaración.
Y por último, la Unión
Africana, entonces OUA,
aprobaba el 20 de noviembre
de 1999 la Carta Africana
sobre los Derechos y
el Bienestar del Niño.
Por legislaciones no será.
Ahora sólo hace falta que
políticos e instituciones
pongan todas sus energías,
esfuerzos y presupuestos
para que esos derechos se
cumplan, especialmente en
el continente africano, donde
son vulnerados masiva y
sistemáticamente.

El pasado mes de mayo, con ocasión de un debate
sobre menores y conflictos en el Consejo
de Seguridad, el secretario general de las Naciones
Unidas, Ban Ki-moon, aseguraba: “Los
combates destruyen mucho más que las infraestructuras:
destruyen los preciosos principios
de la Convención de Derechos de la Infancia.
En el momento en que las bombas destrozan escuelas,
hospitales y familias, los niños pierden el derecho
a la educación, a la salud y al amor”.
Los principios que se recogen en la Convención son
básicos, pero siguen siendo una quimera para millones de
niños en el mundo. Además de las guerras –una de las mayores
iniquidades que los mayores pueden cometer contra
los niños–, existen otras situaciones que dejan a la infancia
desprotegida: desnutrición, ausencia de cuidados sanitarios,
falta de escuelas, de oportunidades, de futuro...
Hemos recogido aquí algunas de las situaciones más lacerantes
que sufren millones de niños en África. Detrás de
las frías cifras y estadísticas –tomadas del Informe Mundial
sobre el Estado de la Infancia 2009 (publicado por UNICEF),
la Organización Mundial de la Salud (OMS), la
UNESCO y Amnistía Internacional (AI)– se esconden vidas
con nombres y apellidos, niños y niñas, adolescentes
y jóvenes, a veces cercenadas en su incipiente comienzo debido
a un sistema injusto que las condena a la inanición,
a la subsistencia o a la negación de sus derechos más
elementales.
Pero las injusticias no tienen la última palabra. Hay siempre
destellos de esperanza, pequeñas gotas en el océano, como
decía la Madre Teresa de Calcuta. Miles de misioneros,
laicos y personas comprometidas con la construcción
de un mundo mejor se afanan día a día para ser esa pequeña
gota de amor en el océano inmenso de los menores.
Se trata de hombres y mujeres entregados a recuperar la
infancia de millones de niños y niñas, que a base de mucha
fe, coraje y entusiasmo muestran con esperanza que no todo
está perdido. Son gotas en el océano, sí, pero fundamentales
para seguir creyendo que los miembros más menudos,
especialmente en África, tendrán un futuro mejor.
DERECHO A UN NOMBRE Y UNA NACIONALIDAD
El niño tiene derecho desde su nacimiento a un nombre
y a una nacionalidad (Art. 3).
El 70 por ciento de los niños menores de cinco años en África Subsahariana
no figuran en ningún Registro Civil. Al no estar registrado es como si el niño no existiera, lo que dificulta gravemente su acceso a la educación
o a la sanidad.
Además, estos niños no tienen ningún tipo de protección contra los abusos
y la explotación y se transforman en una mercancía fácil para las mafias sin
escrúpulos, como las redes de adopción ilegal, prostitución de menores o
tráfico de órganos.
En 2003 la Hna. Juliana Calvo, sierva de María (en la foto de la izqu.), denunció
que en Nampula (Mozambique) habían desaparecido 52 niños
en tres meses. Sus cuerpos aparecían en los alrededores de la ciudad,
con operaciones sospechosas. Comenzó a tirar del hilo y descubrió una
red de tráfico de órganos.
Gracias a su valerosa denuncia, que puso en riesgo su propia seguridad,
los hechos fueron llevados a la Comisión Nacional de Derechos Humanos
y a la Fiscalía General de Mozambique. También llevó el informe
hasta la Comisión para los Derechos Humanos de la Unión Europea, así
como a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
DERECHO A LA ALIMENTACIÓN, LA VIVIENDA Y LA SANIDAD
El niño tendrá derecho a
crecer y desarrollarse en
buena salud, y a disfrutar
de alimentación, vivienda,
recreo y servicios médicos
adecuados (Art. 4).
En el continente africano mueren 4 millones y medio de niños
menores de 5 años por falta de una alimentación adecuada, de
agua potable o carencia de servicios sanitarios adecuados.
Al menos 1.800.000 niños africanos menores de 14 años viven con el VIH,
según datos de 2005.
En África Subsahariana, la tasa de mortalidad neonatal –la probabilidad de
morir durante los primeros 28 días de vida– es de 41 bebés por cada 1.000
nacidos vivos (en los países industrializados la media es de 3 bebés).
Al menos 3.000 niños africanos mueren cada día a causa de la malaria.
Las Hermanas Adoratrices de la Sangre de Cristo han puesto en marcha
una “Aldea de la Esperanza” en Dodoma (Tanzania), que está dedicada
al tratamiento de niños seropositivos y a la prevención del sida
en la infancia.
La aldea es un hogar para todos estos niños, que viven en grupos bajo
el cuidado de una madre adoptiva. Además de las residencias, también
cuentan con un dispensario.
DERECHO AL AMOR, LA COMPRENSIÓN Y EL AMPARO FAMILIAR
El niño, para el pleno desarrollo
de su personalidad, necesita
amor y comprensión. Siempre
que sea posible, deberá crecer
al amparo y bajo la
responsabilidad de sus padres.
“La sociedad y las autoridades
públicas tendrán la obligación
de cuidar especialmente a los
niños sin familia o que carezcan
de medios adecuados de
subsistencia” (Art. 6)
En 2010 habrá 53 millones de menores huérfanos, 15,7 millones
de ellos debido a la enfermedad causada por el VIH.
Actualmente, unos 200.000 menores son objeto de tráfico de personas
en África Occidental.
La gota de esperanza la pone Susan Mvezi, una sudafricana
‘madre’ de once niños que fueron abandonados por sus madres
por diferentes motivos. Algunas fueron violadas y abandonaron a
sus bebés, en otros casos la madre murió al nacer el bebé y la familia
no aceptó a la criatura. Ella los acoge, los da de comer, les
paga los estudios... Con el dinero que saca de su trabajo como
modista, les ofrece un hogar y mucho cariño.
El misionero comboniano P. Rafael Pérez (en la foto, de la derech.), que
la conoce personalmente y ha apoyado su trabajo, asegura:
“Siempre que voy a visitarla me recuerda: ‘Yo no puedo tener hijos
de mi propia sangre, pero estos son los hijos que Dios me da
y estoy feliz de poderlos criar’”.
SEn todas las casas se ven mujeres que dan forma a vasijas
de barro y hombres que moldean ladrillos. Es posible
que esta actividad encierre un significado más profundo:
los batua de Burundi están dando forma, además, a un
futuro muy distinto de lo que han vivido hasta la fecha,
tras siglos de marginación social. Misioneros como el P.
Elías y y el P. Bernard les acompañan en esta tarea.
DERECHO A LA EDUCACIÓN
El niño, para el pleno desarrollo
de su personalidad, necesita
amor y comprensión. Siempre
que sea posible, deberá crecer
al amparo y bajo la
responsabilidad de sus padres.
“La sociedad y las autoridades
públicas tendrán la obligación
de cuidar especialmente a los
niños sin familia o que carezcan
de medios adecuados de
subsistencia” (Art. 6)
En África, sólo el 64 por ciento de los niños de educación primaria asisten a
la escuela. De los 114 millones de niños que hay en África, 42 millones
no están escolarizados.
Uno de cada tres niños africanos está condenado a trabajar en diferentes
actividades económicas. Un gran porcentaje de ellos se ocupa de labores
agrícolas, en donde se exponen al manejo de herramientas cortantes, llevan
exceso de peso o emplean sustancias químicas tóxicas.
Más del 30 por ciento de los niños africanos entre 10 a 14 años son trabajadores
agrícolas.
El artículo 7 también establece que “el niño debe disfrutar plenamente de
juegos y recreaciones”. ¿Cuántos niños sin pupitre, sin recreo, sin infancia,
porque en su familia estudiar es un lujo que no se pueden permitir?
En Teticha (Etiopía), los misioneros combonianos abrieron en los años
70 del siglo pasado una escuela en la que cada curso escolar estudian
unos 600 alumnos hasta los 16 años. Gracias al apoyo y el compromiso
de los combonianos en la educación de los sidamo, varias generaciones
de niños de esta zona del sur de Etiopía han podido ir a la universidad,
mejorando así sus perspectivas de futuro.
DERECHO A LA PROTECCIÓN Y LA NO EXPLOTACIÓN
El niño debe ser protegido
contra toda forma de
abandono, crueldad y
explotación. No será objeto
de ningún tipo de trata.
No deberá pemitirse al niño
trabajar antes de una edad
mínima adecuada” (Art. 9).
Más de 120.000 menores de 18 años participan en conflictos armados
en África, incluso algunos con la corta edad de 8 años. Sólo en el
norte de Uganda, el Ejército de Resistencia del Señor (LRA, en siglas inglesas)
ha secuestrado y enrolado para combatir en sus filas a más de 40.000
niños soldado.
Desde la década de los 90 hasta hoy, en Burundi, Costa de Marfil, República
Democrática de Congo, Liberia, Sierra Leona, Sudán, Uganda o Somalia
han sido secuestrados niños en la calle, en los colegios o en campos de refugiados
o desplazados internos.
En África Subsahariana un 35 por ciento de los niños realiza algún tipo de trabajo
infantil.
Mulatu Taffese es un etíope comprometido con la infancia
desde 1996. Había trabajado ya en el mundo de la cooperación
y la ayuda humanitaria en su país. Pero tras un accidente muy grave
de tráfico, decide dedicar el resto de su vida a uno de los sectores más
desfavorecidos de Adís Abeba: los niños de la calle. Creó así el Proyecto
Godanaw, por el que han pasado desde entonces más de 3.000 menores.
Hoy son jóvenes, han aprendido un oficio y han tenido la oportunidad
de formarse como personas y profesionales.
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