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Fieles en un país lejano

Coordina P. Ramón Navarro

M O N S.    C A M I L L O   B A L L I N
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D e s d e   K U W A I T
MN abril ´08, nº 528




No es fácil describir el entusiasmo, la devoción, la fidelidad y la bondad de los miles de personas que vinieron a la iglesia a celebrar la Semana Santa y la Pascua. Mis fieles (unos 300.000) son sobre todo asiáticos: filipinos, indios, bangladesíes, pakistaníes, coreanos, de países árabes y algunos europeos.

Además de las diversas nacionalidades, tenemos diversos ritos: latino, siro-malabar, siro-malankara, maronita y copto. Esto comporta diversidad de lenguas: inglés, konkani, tagalo, tamil, bengalí, francés, italiano, polaco y árabe. Se puede comprender que hayamos tenido muchas “Semanas Santas” y muchas “Pascuas”. Cada lengua y cada rito tienen la suya. Eso conlleva la subsiguiente dificultad de programar las distintas ceremonias, las horas y lugares donde reunirse.

En la Vigilia Pascual que presidí se congregaron más de 5.000 personas. Debemos celebrar a la vez y en distintas lenguas y lugares para servir a todos. Mientras un sacerdote celebra en la catedral, otro lo hace en un gran salón contiguo y a lo mejor un tercero en el sótano y un cuarto en el primer piso. Celebrar una veintena de Misas u otras reuniones a la vez los días de Navidad, Semana Santa, Pascua, primer y último día del año o fiestas de la Virgen es normal para nosotros. Otro ejemplo es la vigilia que hacemos todos los terceros jueves de cada mes, de las 22 horas hasta las 6 de la mañana del día siguiente. En todas ellas participan casi siempre más de 1.000 personas.

Desde el punto de vista logístico, cada vez tenemos que hacer la cuadratura del círculo. Mis sacerdotes, en esto, son mucho más expertos que yo.

Tenemos fieles fervientes y muy practicantes, que son un gran consuelo para nosotros, sus pastores. Gente que sólo tienen el apoyo del Señor. Han abandonado sus países de origen y muchos están solos. De hecho para traerse aquí a sus familias tienen que tener un salario de más de 1.000 dólares al mes. Esa soledad se deja notar sobre todo en las grandes fiestas. Al saludar y felicitar a los presentes después de la Vigilia Pascual, lo primero que he hecho ha sido acordarme de sus familiares ausentes.

He visto muchos rostros sonrientes y tantos ojos cargados de lágrimas. Se les notaba emocionados por las palabras que había dirigido hacia sus familiares lejanos. Todas estas gentes saben que Kuwait no podrá ser nunca su nueva patria, y mientras estén aquí deberán buscarse otra nacionalidad (normalmente la americana) o aceptar volver a su país cuando se jubilen. Pueden estar aquí tan sólo mientras tienen un permiso de trabajo; cuando se acaba deben marcharse a la fuerza. La Pascua la sienten como una salvación, ya que les presenta a quien ha sufrido por ellos y que reina victorioso y glorioso. La cruz de Cristo es su fuerza, su resurrección y su esperanza.

Aun así, no debemos impresionarnos de las masas de gente que vienen a la iglesia. Tenemos que pensar también en quienes no se acercan a ella. Jesucristo ha muerto y resucitado por todos y nuestra labor es llevar la fuerza de la Cruz y la esperanza de la Resurrección a todos, sobre todo a quienes, debido a sus condiciones sociales, no pueden venir a celebrar con los demás o piensan que no lo necesitan. Quisiera poder decir a todos y a cada uno: Cristo ha muerto y resucitado para ti, porque te quiere y no te dejará nunca solo. ¡Está vivo!

El Jueves Santo inauguramos una capilla donde tener siempre el Santísimo expuesto y en ella hemos puesto a disposición de los fieles una oración por el Papa. Seguimos unidos a él con nuestra fe y nuestro corazón. Que el Señor le conceda la paz y muchos años más como sucesor de Pedro.

Arrodillado humildemente a los pies del Papa, me he sentido en el deber de compartir con él la alegría pascual y la experiencia espiritual vivida en Kuwait por los fieles católicos de este vicariato. Desde aquí, le pido su bendición para mí y para esta Iglesia, vivificada por el Espíritu Santo y tan amada por Dios y por todos los hombres de buena voluntad.


     

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