Misión entre los mundari
Coordina P. Ramón Navarro
P. L U C I A N O P E R I N A
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D e s d e T A L I
(S U D Á N M E R I D I O N A L)
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| MN abril ´08, nº 528 |
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Los mundari son una tribu de pastores y agricultores de unas 400.000 personas que viven en Sudán Meridional, a unos 100 kms. al norte de Juba. Los combonianos abrieron una misión entre ellos a comienzos de los años 50 del siglo pasado, pero el trabajo evangelizador no duró mucho tiempo ya que en 1964 todos los misioneros fueron expulsados de la región. Cristianos comprometidos –unos 30 catequistas– desarrollaron el trabajo de la Iglesia como mejor pudieron, considerando que su formación tampoco era la mejor. Hoy en día la mayor parte de la gente sigue practicando sus creencias tradicionales.
Este año la Cuaresma me ha producido un cierto e inexplicable desasosiego; parece como si la gente viviese aquí todo el año en Cuaresma, acostumbrados a comer tan sólo una vez al día, vestir siempre los mismos vestidos hasta que se hacen jirones y padeciendo determinadas restricciones que, aunque no les sean impuestas, sitúan a quienes sufren cercanos a los sufrimientos del Señor.
Estuve hace poco entre los mundari, en la misión de Tali. El arzobispo de Juba, Mons. Paolino Lukudu, nos confió esta misión hace tan sólo unos meses, recomendándonos que hiciésemos un esfuerzo especial en el campo de la educación.
No hay ni una sola escuela que funcione en toda la región. Sólo hay algunos edificios aquí y allí, desolados y vacíos, sin ventanas, sin puertas y sin tejados. Veinte años de guerra civil han destruido todo lo que se había construido en años anteriores. Hemos empezado la escuela a la sombra de un gran árbol, unos grandes troncos hacen de pupitres y las dos primeras clases cuentan con 100 alumnos cada una. Esperamos que el próximo año las cosas vayan mejorando.
Una tarde una familia me invitó a cenar: sorgo, harina de maíz y algo parecido a un estofado de carne con patatas. Nada especial, pero, como tenía hambre, me supo a gloria. Comimos en silencio, como es normal en la mayor parte de los países africanos, pues la sabiduría escondida tras ello es que puedes perder tu comida mientras hablas y quedarte sin nada en un periquete
Después de cenar, el abuelo de la familia reunió a todos los niños a su alrededor y les contó una historia sobre los animales del bosque. Los niños habían pasado el día cuidando los animales de la familia. En ese momento estaban aprendiendo más cosas sobre los animales del bosque, por si en alguna ocasión tenían que vérselas con ellos cuando atacasen a sus ganados.
Pensé que era una tragedia el que las vidas de miles de niños y niñas mundari se viesen limitadas a este horizonte tan estrecho. Cuán diferente serían si pudiesen ir a la escuela y prepararse a ser líderes en sus aldeas, ciudades o país. Pensé que nuestro trabajo en las escuelas bajo los árboles iba a ser maravilloso. Era el inicio de algo que iba a poner en práctica las palabras de Jesús: “Que tengan vida y vida abundante”, y eso es lo que queremos hacer en nuestra misión de Tali: preparar un futuro mejor para miles de niños y niñas mundari; su tiempo cuaresmal ha sido demasiado largo. Su nueva vida tiene que empezar pronto.
Todas las historias que conocen no se parecen en nada a la que nosotros queremos contarles: la historia del amor de Dios a toda la humanidad; la historia de un Dios que en Jesucristo asumió todos los aspectos de nuestras vidas: alegrías, penas, esperanzas; la historia de nuestro Dios que murió y resucitó de la muerte, para que tengamos vida y vida abundante.
Nuestra nueva escuela entre ellos ayudará a las nuevas generaciones a mirar más allá de las contingencias del presente y a darles coraje para abrir una nueva página en su historia.
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