La misión de Tokombia
Coordina P. Ramón Navarro
| Hna. M I C H E L U G. T E N S A Y E |
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| D e s d e E R I T R E A
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| MN febrero ´08, nº 526 |
Hace diez meses fueron bautizados
cuatro hermanos entre 7
y 14 años en la parroquia dedicada
a nuestra Señora de la Misericordia,
en Tokombia; tres de ellos recibieron
también la Primera Comunión.
Su mamá, que tiene una salud
mental un poco deteriorada y no se
puede hacer cargo de ellos, dejó que
fuese la hermana mayor, que tiene en la
actualidad 19 años y se hizo católica antes
que ellos, quien se encargase de su
educación
Otras dos hermanas, de 8 y 11 años,
recibieron el Bautismo en la aldea de
Adi Berbere. Sus padres, que son musulmanes,
se han mostrado siempre
favorables a que sus hijas reciban una
educación cristiana y nos lo han expresado
repetidas veces en los encuentros
que tuvimos con ellos. Aunque
los kunama tienen su lengua propia, las
dos niñas recibieron sus clases de catecismo
en lengua tigrina, porque siendo
estudiantes la aprenden en las escuelas
públicas. El día de su gran fiesta,
en sus ojos brillaba una alegría especial
porque llevaban tiempo esperándolo.
Los kunama son un pueblo constante
en lo que emprenden y por eso
muestran un gran empeño cuando deciden
estudiar el catecismo, y frecuentan
admirablemente las actividades
parroquiales. Sucede lo mismo en
referencia a su trabajo: en las faenas de
casa, recoger la leña, acarrear el agua,
apacentar sus rebaños y preparar la comida.
Otra señal indiscutible de la sed de
Dios que tiene este pueblo la he visto
palpablemente cuando he recibido una
petición de seis familias que trabajan en
una granja agrícola estatal a unos kilómetros
de la misión de Tokombia,
y que viven en distintas aldeas esparcidas
por la zona, para que les proporcionemos
momentos de oración y de formación cristiana en sus aldeas, ya
que les resulta difícil acercarse hasta la
misión a participar en la Misa y actividades
varias que tenemos. Llevaban
tiempo pidiéndonoslo y nuestra sorpresa
fue grande cuando en el primer
encuentro que tuvimos con ellas se
presentaron orgullosas y contentas con
sus catecismos en lengua kunama en
sus manos.
Para la evangelización de los adultos
constatamos que es de suma utilidad y
muy eficaz la creación de tres asociaciones:
la dedicada a obtener la protección
de Santa Bakita, San José y
San Justino de Jacobis, santo italiano que
trabajó muchísimo en la difusión del catolicismo
en Eritrea y el norte de Etiopía.
La gente participa activamente en
las reuniones que se tienen una vez al
mes en cada casa, por turnos, de los
miembros de la asociación. Celebramos
la Eucaristía y a media mañana se
vuelven a encontrar para recitar el Rosario
y recibir la instrucción catequética.
Su interés por la religión católica
es grande y desean conocerla y testimoniarla
dando razón de su fe ante
quienes aún no se han adherido o son de otras religiones. Y, sobre todo, intentan
hacer del Evangelio la razón de sus vidas,
para impregnar su cultura de valores
evangélicos.
No quiero terminar estas líneas sin
hacer una mención especial a la labor
desarrollada aquí por el P. José Luis Lizalde,
apóstol de los kunama. Él fue
quien empezó dos de las asociaciones reseñadas
y quien asistió a su consolidación
mientras estuvo entre esta gente.
Todos ellos lo recuerdan muchísimo
y siempre rezamos para que Dios haya
recompensado sus esfuerzos apostólicos
y mande otros misioneros que sigan
sus pasos entre los kunama. Precisamente
hace ahora un par de meses dos
de nuestros compañeros misioneros
tuvieron que dejar la misión por caducar
su permiso de "trabajo" en el país.
Más que nunca nos sentimos en las
manos de Dios, que es el amo de la mies.
Es un gran reto permanecer atentos a
las necesidades espirituales y materiales
de esta gente, respondiendo de forma
adecuada y proporcionándoles una
formación humana y espiritual que favorezca
la inculturación del Evangelio.
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