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Caminando por la vida

Coordina P. Ramón Navarro

POSTULANTES   COMBONIANOS
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D e s d e    Q U I T O
( E C U A D O R )
MN febrero ´08, nº 526




Somos postulantes combonianos ecuatorianos y queremos ofreceros nuestro testimonio acerca de lo vivido en la marcha entre Ambato y Coca que tuvo lugar aquí el pasado mes de julio. La finalidad de tal marcha misionera era la de concienciar a los ecuatorianos, y especialmente a sus autoridades, de los signos de muerte que se dan en el país a causa de la contaminación de los acuíferos, mal uso de los recursos petrolíferos y la desprotección de los pueblos indígenas.

Como decimos por aquí, “el misionero está allá donde las papas queman”. Decidimos unirnos a los “peregrinos” que recorrieron los 350 kms. que separan las dos localidades antes mencionadas para conmemorar la muerte martirial de Mons. Alejandro Labaka y de la Hna. Inés Arango. Llevaban grabado en sus corazones al Dios apasionado por sus hijos e hijas, y a Jesucristo, que se entrega hasta la muerte para destruir la explotación, la discriminación, el odio y la destrucción de la vida amazónica. Ellos fueron fieles a la llamada imperiosa por crear fraternidad y comunión, unidad y solidaridad con los pueblos Huaoranis y Tagaeri. Entregaron sus vidas en la Amazonia Ecuatoriana por los popobres como grito de movilización y esperanza. Grito de fe, vida evangélica y envío misionero.

La caminata fue de vital importancia para nuestro crecimiento tanto vocacional como espiritual. El encuentro diario con el paisaje que nos acogía fue hermoso; cada amanecer dejaba al descubierto las bondades de Dios, que se iban manifestando además conforme íbamos avanzando.

“Los días de marcha se hicieron algo pesados, comenta Washington Guevara, especialmente debido al cansancio que se iba acumulando en nuestras piernas; el ver que a nuestro lado iban mujeres mayores y niñas de corta edad que aguantaban con entereza y sin quejarse nos impedía relajarnos y demostrar que se nos acababa el “combustible”. Una tarde ya no podía más, mi garganta me ardía, las piernas me flaqueaban pero quise seguir adelante. Al descansar por la tarde en un pueblecito me acerqué a una farmacia en busca de algún analgésico o reconstituyente; las consignas que íbamos lanzando a voz en grito por los sitios donde pasábamos me habían dejado afónico. No sé lo que fue pero en vez de mejorar me sentí peor. Mis acompañantes me llevaron a un médico y con unas inyecciones se me pasó enseguida; por si acaso, al día siguiente seguí a la comitiva en coche pero ya al otro día estaba bien y pude seguir caminando”.

Johnson comenta: “El séptimo día de marcha, al llegar a media tarde adonde íbamos a pasar la noche, me dolían los pies una barbaridad. Tenía uno de los tobillos hinchado y cuando me recosté para descansar pensaba: ‘¿no voy a poder seguir? ¿me voy a tener que montar en un coche mientras los demás siguen adelante tan cansados o más que yo pero aguantando valientemente? Nada de eso, tengo que seguir como sea’. Desde que iniciamos la marcha no había hecho otra cosa que animar a todo el mundo y ahora no podía quedarme atrás. Los objetivos que nos habíamos fijado eran sublimes y no podía desfallecer antes de alcanzarlos. Aquel mismo día muchos de mis acompañantes se habían echado atrás con la excusa de que tenían que regresar a sus casas a seguir sus estudios y por otros motivos que me habían parecido ridículos”.

Luis dice que “la caminata a favor de la vida fue una experiencia de Dios única. Mi Dios es un Dios de la vida que se alegra cuando se la respeta y se considera a todos los hombres por igual, todos hijos de un mismo Padre. No sé cual será el resultado de esta marcha, sólo Dios lo sabe, lo que sí sé es que estos días han sido un tiempo hermoso para reflexionar muy sincera y profundamente en mi vocación y eso, para mí, es ya una ganancia”.

Es en esos momentos cuando uno llega a entender qué fue lo que inspiró a San Francisco de Asís a manifestar las bondades del Señor en su Cántico de las Criaturas y a considerarse hermano de todas ellas.


     

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