En el hospital de Matany
Coordina P. Ramón Navarro
| HNO. PAOLO RIZZETTO |
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D e s d e M O R OT O
( U G A N D A ) |
| MN marzo ´08, nº 527 |
Conocí a los misioneros
combonianos cuando estudiaba
en la universidad.
Me impresionó el testimonio
de jóvenes que tenían como
objetivo de su vida servir a los
más pobres y necesitados en tierras
de misión. Continué con
mis estudios de Medicina y después
de emitir mis votos me
mandaron a Uganda. Llegué a la
región Karimoyón, al noreste de
Uganda, el 25 de julio y, para
ser mi primera experiencia de
trabajo, me está saliendo fenomenal.
La comunidad comboniana
y un médico italiano encargado
del hospital me van enseñando
lo que los libros de Medicina
y los profesores de la
universidad no me trasmitieron,
y así he ido adquiriendo confianza
y me voy haciendo más autónomo y
menos inútil en el hospital. Matany
es el “aquí” y “ahora” en el que el Señor
me ha puesto para vivir mi vocación de
Hermano misionero comboniano.
Tanto la comunidad comboniana
como los laicos misioneros y la comunidad
de Hermanas nos dedicamos
principalmente al trabajo pastoral
y promoción humana en el campo de la
salud en el hospital y en la escuela de
formación de enfermeros. El hospital está
dedicado a San Kizito, uno de los
mártires ugandeses.
Los karimoyón son un pueblo de
origen nilótico, emparentados con los
masai, los pokot de Kenia y los nuer de
Sudán. Comparten entre sí el estilo
de vida seminómada y el pastoreo del
ganado como principal fuente de sustento.
La cultura es fuertemente patriarcal
y machista. Las mujeres y los
niños son los elementos más débiles de
la sociedad. Debido a las condiciones
climáticas y a la escasez de tierras cultivables y materias primas, los karimoyón
son el pueblo más pobre y
retrasado de Uganda y todavía hoy el
80 por ciento de la población vive bajo
el nivel de pobreza absoluta, menos
de un dólar por persona al día. También
la tasa de alfabetización es de las más
bajas del país.
La práctica de robarse el ganado
hace que la región sea muy insegura.
Últimamente el Gobierno ha intentado
desarmar a los guerreros, pero sin
conseguirlo. En el hospital nos encontramos
muy a menudo con heridos
por arma de fuego.
Estos meses han pasado muy rápido.
Mi trabajo consiste principalmente
en atender a los enfermos del hospital:
tuberculosis, malaria, hepatitis,
enfermedades ocasionadas por el agua
sucia y poco potable. Partos y heridos
por arma de fuego son muy frecuentes.
Ayudo en estos menesteres
a un obstétrico italiano y a un joven cirujano
ugandés, karimoyón para más
señas. He descubierto que la Medicina “clínica” no es lo único que interesa;
la planificación sanitaria
en la zona, la educación sanitaria
y la higiene, las vacunaciones
son aspectos fundamentales que
hay que sopesar bien para evitar
el trabajo suplementario en el
hospital y mejorar el nivel sanitario
y de desarrollo de esta
gente. La escuela de enfermeros
tiene como finalidad formar
a jóvenes del lugar para que llegue
un día en que se hagan cargo
de su propia gente.
La mayor dificultad en el
campo de la evangelización y
de la promoción humana consiste
en vencer el miedo y las supersticiones
de la gente que ocasionan
el que vivan en semejante
postración y pobreza. El
misionero comboniano P. Chris
Aleti me ha dicho que el 90 por
ciento de los participantes en la vida de
la comunidad cristiana son niñas y
mujeres. Las que menos voz tienen a la
hora de proyectar un cambio en la sociedad.
Un proverbio africano dice:
“Quien educa a una mujer educa a un
pueblo”. Es una realidad que me reta a
ser un verdadero Hermano. Siento que
estoy llamado a dar un testimonio en
una realidad violenta y difícil de entender;
el deseo de ser pacificador es
mucho más que vivir en paz y evitar los
conflictos. Eso cuestiona mucho más el
“cómo hago las cosas” que el mismo hecho
de hacerlas.
Está terminando la estación de las
lluvias; significa que tenemos menos trabajo
en el hospital porque disminuye,
sobre todo, el ingreso de niños con
malaria. El paisaje también cambiará
pronto y las acacias se secarán casi por
completo quedándose las espinas y
arbustos. Que Dios Padre, Akuj Papa,
como lo llama nuestra gente, bendiga a
los karimoyón y a todos vosotros.
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