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Algo así debe ser el infierno

Coordina P. Ramón Navarro

P.   R E N Z O   P I A Z Z A
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D e s d e   Y A M E N A
( C H A D )
MN febrero ´08, nº 527


La Hna. Asunta Clausen, religiosa del Sagrado Corazón ante una casa destruida, probablemente por un helicóptero, en la capital de Chad.


Como todos sabéis, una columna de rebeldes, después de haber recorrido más de 800 kms. desde Sudán, llegó a la capital de Chad el sábado 2 de febrero por la mañana. Los oímos llegar primero y después los vimos circulando por las calles. Durante todo el día intentaron apoderarse de los puntos estratégicos de la ciudad y nos dejaron dormir por la noche. Al día siguiente, domingo, reanudaron los violentos combates, sobre todo alrededor del palacio presidencial y ante la radio nacional.

Después de un poco de calma, hacia mediodía, para comer y rezar, se reanudaron de nuevo. Cuando anochecía llegaron refuerzos del Gobierno y los rebeldes abandonaron la ciudad, no sin antes advertir a la gente que escaparan pues iban a volver con mayor fuerza. Esto hizo que la gente se asustase y empezase a huir. Hay un río que separa Chad de Camerún: algunos lo atravesaban en barcas (se dice que algunos se ahogaron), los que no podían cruzarlo escapaban a pie, en moto o con los coches.

Kousseri es una ciudad pequeña de Camerún que no cuenta con estructuras para acoger a la gente; por eso es fácil imaginarse cómo se van a encontrar allí unas 50.000 personas que escapaban. Los que se quedaron fueron testigos de saqueos, sobre todo en la zona del mercado, donde habitan los europeos o agentes internacionales y hay edificios públicos.

Yo me quedé en casa con otro compañero brasileño esperando a que pasase la borrasca. Gracias a Dios no tuvimos graves problemas y nuestra zona mantuvo su vida casi normal. Nos aconsejaron que nos uniéramos a la vecina comunidad jesuita para no quedarnos aislados. Pasamos dos noches con ellos y luego volvimos a casa. En el breve trayecto hasta su casa nos vimos obligados a atravesar por zonas donde los combates habían sido violentos: tanques y camiones militares quemados, árboles arrancados de cuajo, cables de la luz cortados, cadáveres por las calles… no os cuento los detalles pero imagino que el infierno no debe ser muy distinto de lo que vimos. Hasta la tarde del martes día 5 no dieron permiso las autoridades para recoger los cadáveres.

Los daños causados por los combates son muchos. En dos días el país ha dado un paso atrás de 20 años. A la destrucción de las armas se añade el de los saqueos: mesas, sillas, bancos, frigoríficos, material de aire acondicionado, butacas, material didáctico… todo tirado por las calles. Habían anunciado por la radio que pasarían casa por casa para buscar a los responsables de los saqueos… El mejor liceo de la ciudad, dirigido por las religiosas del Sagrado Corazón, ha sido destruido parcialmente y las Hermanas han tenido que irse.

El jueves 31 de enero encontré a Youssouf, ex postulante comboniano, que volvía a casa con su bicicleta a la hora de comer. Intercambiamos unas palabras, algunas bromas y cada uno nos fuimos a comer a nuestra casa. El sábado, dos de sus hermanos me traen una carta; la abro y leo: “Youssouf está herido de muerte”. Como tantos otros jóvenes quiso ver la guerra “en directo” sin darse cuenta de los riesgos que corría. Bastó una ráfaga de metralleta para hacerle perder la vida junto a otros compañeros.

Los jesuitas tienen cuatro estudiantes africanos, uno de ellos médico. Visto lo visto, el domingo decidieron mandarlos a un sitio más tranquilo, al otro lado del río, donde hay un hospital dirigido por los misioneros.

El lunes, cuando llegábamos a su comunidad, nos dijeron que tres lograron pasar el puente; del cuarto, Jules (un buen colaborador del Centro Católico Universitario), no se sabía nada. Al ver que al otro lado del puente algunos bandidos estaban “aligerando” las pertenencias de sus compañeros tuvo miedo y se volvió atrás… precisamente en el momento en que se recrudecían los combates. La inquietud y angustia es palpable en todas las caras. El martes por la mañana llega una Hermana en motocicleta y nos informa de que Jules se había refugiado en su comunidad y se encontraba bien. A la hora de comer, estábamos todos juntos: he saboreado un poco la alegría de la resurrección…

El Gobierno francés ha puesto a nuestra disposición sus estructuras para proteger y evacuar a los que lo deseen. Algunas monjas francesas se han marchado, una de ellas enferma. Ayer por la tarde me enteré de que, desde París, la superiora general de las Hermanas Javerianas les había dado la orden de dejar Chad. Ellas no querían pero tenían que obedecer. Una me ha dicho: “Rezo a Santa Bakhita (le hemos dedicado hace tan sólo unos días el Centro Católico Universitario donde trabajamos juntos) para que no llegue el avión”. He hecho lo mismo rezando a San Daniel Comboni. Esperaron todo el día a que los franceses vinieran a llevárselas… y nadie apareció, porque la situación se había calmado un poco.

La vicecónsul italiana me llama y me dice: “El Ministerio de Asuntos Exteriores pide a los italianos que evacúen. ¿Qué has decidido?”. Le he respondido: “Y usted, ¿qué va a hacer?”. Me responde: “Yo me quedo porque estoy casada con un chadiano. No puedo abandonar a mi marido”. Le respondo: “También yo estoy casado… con esta gente… no puedo abandonarla”.

Reflexionaba sobre nuestra presencia en situaciones tan difíciles. La Palabra de Dios de hoy decía: “Sois un pueblo consagrado al Señor vuestro Dios. El Señor os ha elegido de entre todos los pueblos de la tierra para que seáis su tesoro…”.

Las situaciones difíciles sirven para llevarnos al corazón de nuestras elecciones y para desvelarnos los motivos que nos han empujado a decidirnos por el Señor. Os pido una oración para que no nos falte el coraje de vivir en la fidelidad a nuestro servicio.


     

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