CAÍDA EN MANOS DE BANDIDOS
P. Juan Gozález Núñez
Misionero comboniano
En su recién aparecido libro Jesús de Nazaret, el Papa Benedicto XVI hace un comentario muy a ras de experiencia inmediata que sorprende gratamente encontrar en un libro que se supone es de alta teología: “La actualidad de la parábola –escribe el Papa a propósito del buen samaritano– resulta evidente. Si la aplicamos a las dimensiones de la sociedad mundial, vemos cómo los pueblos explotados y saqueados de África nos conciernen. Vemos hasta qué punto son nuestros ‘próximos’; vemos que también nuestro estilo de vida, nuestra historia, en la que estamos implicados, los ha explotado y los explota. Un aspecto de esto es sobre todo el daño espiritual que les hemos causado. En lugar de darles a Dios, el Dios cercano a nosotros en Cristo, y aceptar de sus propias tradiciones lo que tiene valor y grandeza, y perfeccionarlo, les hemos llevado el cinismo de un mundo sin Dios, en el que sólo importa el poder y las ganancias; hemos destruido los criterios morales, con lo que la corrupción y la falta de escrúpulos en el poder se han convertido en algo natural”.
Leído aquí, en el corazón de África, uno no puede menos de dar la bienvenida a un texto así, porque se trata de un reconocimiento, al nivel más alto de Iglesia (aunque sea en un libro escrito a título privado), de lo que se ha venido repitiendo en los círculos sensibles al tema africano.
El primer mundo, o como queramos llamarlo, ha hecho un daño irreparable a África. Y no podemos consolarnos diciendo que eso sucedió en los siglos de la esclavitud “clásica”, pero que ahora todo ha cambiado y que estamos ya reparando los desaguisados de nuestros tatarabuelos. No –y el texto del Papa lo deja bien claro–, “el cinismo de un mundo sin Dios en el que sólo cuentan el poder y el provecho” se lo seguimos llevando hoy más que nunca.
Que nadie se crea que hablo así porque quienes hemos venido a África nos sentimos “obviamente” más inclinados a ver sólo las faltas del primer mundo y a ignorar las de los africanos. Porque, si a alguien le toca sufrir en su piel la predisposición de los dirigentes africanos a copiar lo peor de lo que el primer mundo les ofrece, somos quienes andamos por estos pagos hombro a hombro con los “caídos en manos de los ladrones”.
| |
Sobran denuncias
en las que lo que parece importar no es tanto
socorrer a alguien, cuanto propinar sablazos o jugar a profetas progres
desde algún cómodo
escenario de retaguardia.
|
|
De hecho, no todos los que han aterrizado en este continente son dados a fustigar las faltas del primer mundo. Ni siquiera los venidos por motivos de solidaridad. He encontrado a más de dos y de tres que, sin mucho sentido de la realidad, no sienten pudor en proponer como remedio para África la vuelta a una nueva colonización, que ellos sueñan podría ser benigna y sin los fallos de la anterior. ¿Es que no ven que esa pretendida “nueva colonización” se da ya, de hecho, y es tan perversa, si no más, que la “vieja”?
Lo que menos quisiera en este momento es enfrascarme en una polémica acerca de quién es el más culpable de los males de África. Sería una polémica inútil. Si el samaritano se hubiera puesto a discurrir acerca de quién era el responsable del acto de barbarie que tenía ante los ojos, seguramente acabaría por abandonar a su suerte al pobre prójimo tirado en el camino.
Es indispensable analizar el porqué de los problemas e incluso pasar la factura correspondiente a los culpables. Pero, mientras se distribuyen responsabilidades, es necesario remangarse y echar vino y aceite en las heridas del caído. De lo contrario, todo se convierte en un puro discurso ideológico.
Hoy sobra literatura sobre culpas adjudicadas a unos y otros; sobran denuncias en las que lo que parece importar no es tanto socorrer a alguien, cuanto propinar sablazos o jugar a profetas progres desde algún cómodo escenario de retaguardia. No sobran, en cambio, quienes hagan algo concreto, por pequeño que sea. África –y digo África porque escribo desde ella– anda medio magullada y, mientras se buscan soluciones radicales y globales, ya se puede ir limpiando alguna herida, volviendo a su sitio algún hueso dislocado.
|