Página Inicial
Misioneros Combonianos. Ir a página principal
   



 
Área Reservada

 



CULTURA Y MISIÓN


P. Juan Gozález Núñez
Misionero comboniano


Seguí por un tiempo la experiencia de unos misioneros que comenzaron la evangelización de un pueblo africano de una forma un tanto original. Se instalaron en medio de ellos con simplicidad y no ahorraron esfuerzos para conocer a fondo su religión y su cultura. Cada mañana salían a los poblados para participar en la ceremonia del café, que para aquel pueblo tenía un significado religioso. Era la manera que tenían de ofrecer la jornada a Dios. Para no crear interferencias, los misioneros omitieron cuidadosamente toda referencia al mensaje evangélico; en su residencia no había ni iglesia ni símbolo cristiano alguno. Querían estudiar bien la cultura local antes de comenzar la evangelización directa a fin de que ésta -explicaban- entroncara con las expectativas religiosas de aquel pueblo.

Es posible que más de un lector se identifique espontáneamente con esta experiencia. Yo tengo mis reservas. No porque la finalidad no fuera legítima, sino los muchos equívocos que en la práctica conlleva. El primero es si realmente llegaría un día en que creyeran conocer ya suficientemente la cultura como para comenzar la evangelización. Me temo que no. El estudio de una cultura es una tarea sin fin. Cuanto más se la estudia, más uno siente la necesidad de profundizar en ella. De hecho, pasaban los anos y nuestros amigos no mostraban intención alguna de dar el salto hacia el anuncio del mensaje cristiano. Fue su obispo quien, de una manera un tanto brusca, les puso ante la alternativa o de comenzar la evangelización explícita o de abandonar la diócesis. Por fortuna para todos, optaron por lo primero.

 


La inculturación se realiza en el diálogo permanete entre cultura y fe cristiana.
Si falta uno de los términos, no hay inculturación posible.


 
 

Tenía muy vivo en la memoria este ejemplo cuando recientemente he comenzado mi labor misionera entre los gumuz, un pueblo de Etiopia de parecidas características al de mis amigos. Siempre he sentido una fuerte atracción por la antropología y era consciente del peligro que corría de ofrecer la imagen de un simple estudioso, interesado en su cultura. De comenzar así, me sería muy difícil cambar posteriormente de rol, sacando de la maleta de las sorpresas un mensaje que antes había escondido. Empecé también yo a participar en su acto matinal de beber el café, que es mejor momento de entablar un contacto directo con la gente. Pero les dejé bien claro desde el principio que el motivo principal por el que estaba entre ellos era anunciarles el mensaje cristiano para que pudieran conocer mejor a ese Dios al que ya invocan, aunque en términos más bien confusos. No hay así lugar a equívocos sobre mi identidad y el camino queda abierto para una acción evangelizadora paulatina que corre paralela con un el estudio, al menos somero, de su cultura. La inculturación se realiza precisamente en el diálogo permanente entre cultura y fe cristiana. Si falta uno de los términos, no hay inculturación posible.

Un segundo equívoco del excesivo antropologismo es el de privar al mensaje evangélico de lo que tiene de "fuerte" y novedoso, para acomodarlo al paladar de quien lo acoge. El cristianismo entronca sí con las expectativas más profundas de cada pueblo, pero no está en la línea de la continuidad, sino de la novedad. El mensaje cristiano es, en primer lugar, una historia de salvación que tiene unos protagonistas con nombres concretos (Abraham, Moisés, Jesús de Nazaret...) y que es necesario narrar en sus detalles históricos, aunque resulten exóticos.

En segundo lugar, es portador de un estilo de vida y de unos valores morales que habitualmente están en agudo contraste con muchas de las costumbres y modo de pensar de todo pueblo. De ahí que la aceptación del cristianismo conlleve importantes cambios culturales. Pero esto no debe asustar al misionero ni crearle complejo de culpabilidad. Hoy, en el siglo de la globalización, todas las culturas, en especial las más ancladas en el pasado, se están trasformando rápida y profundamente y no precisamente para adoptar valores que dan vida. Que una cultura cambie para configurarse según valores evangélicos es lo mejor que le puede ocurrir.


     

C/ Arturo Soria, 101. Madrid (España) - madridcombo@combonianos.com - http://www.combonianos.com