LA OTRA CARA DE LAS ONGs
P. Juan Gozález Núñez
Misionero comboniano
Releo la sección de
Mundo Negro “Al
margen de la noticia”
del pasado diciembre.
Partiendo del episodio
de la ONG que estaba
llevando a Francia más de
100 niños para adopción sin
el conocimiento de sus familias,
nuestro bien conocido
y estimado columnista
Donato Ndongo aprovecha
la ocasión para dar un buen
vapuleo a todas las ONGs.
El artículo dice verdades incontestables
y recomiendo
de nuevo su lectura a aquellos
a quienes les haya pasado
desapercibido.
Mientras lo leía por primera
vez, me parecía estar
oyendo lo que yo mismo
hubiera deseado escribir en
más de una ocasión ante
determinadas conductas.
Pero, tras una lectura más
pausada, me di cuenta de
que el autor dejaba totalmente
en la sombra la otra
cara de las ONGs. Más
aún, que les disparaba a
matar. Si el punto de partida
para una reflexión es un
hecho delictivo, ya podemos
imaginarnos a dónde
nos lleva la conclusión. Pero
habría muchos otros
puntos de partida que nos
conduciría a una valoración
distinta.
En primer lugar, las
ONGs son hoy tan omnipresentes
en el mundo de la cooperación,
que sería difícil
pensar en una alternativa
válida. Ellas mismas se desarrollaron
como alternativa,
o mejor, como complemento,
a la cooperación oficial, oficial,
porque diversificaban
la ayuda, daban un amplio
margen a la iniciativa privada,
despolitizaban… Que
muchas veces no hayan estado
a la altura de sus propios
objetivos y de lo que de
ellas se esperaba; que hay
ONGs que son simples tapaderas
de acciones políticas
es un hecho; que tanto
en los organismos oficiales
como en muchas ONGs los
gastos internos (infraestructuras,
salarios…) se comen
la mayor parte del presupuesto
es un hecho; que en
sus filas militan voluntarios
que de voluntarios nada de
nada, es un hecho…
Pero hay también otros
hechos. Por ejemplo, que
existen ONGs con la página
de deberes muy limpia;
que, aunque reciban ayudas
gubernamentales, no
siempre eso implica una
manipulación política; que
hay miles de personas que
canalizan a través de las
ONGs (incluso a través de
aquéllas de dudosa gestión)
una gran carga de generosidad
y altruismo. Es posible, posible,
como dice el articulista,
que una cierta opinión
sea poco crítica con las
ONGs y lave su conciencia
dándoles su contribución
sin cuestionarse cómo la
usan. Pero mi impresión,
que se confirmó en mi reciente
paso por España, es
todo lo opuesto: los escándalos
que de tanto en tanto
salpican a alguna ONG son
la excusa para que muchos,
con una conciencia
tranquilísima, se borren de
toda contribución.
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Las ONGs son hoy por hoy
un instrumento insustituible
parafomentar no sólo
el desarrollo económico,
sino también la solidaridad
y la hermandad
entre los pueblos.
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¿Y el tema de las adopciones?
“Los negros no engendramos
hijos para darlos
en adopción” comenta
con razón Donato. No creo
que alguien piense que las
adopciones sean la solución
global a los problemas de
África. Pero también aquí
hay dos caras, puesto que
hay dos maneras de adoptar:
una conculcando la dignidad
del adoptado y su entorno
y la otra respetándola.
He tenido la fortuna de estar
en contacto directo con
muchas familias que han
adoptado hijos africanos y he podido constatar que se
esfuerzan por educarlos en
un ambiente de amor por su
patria de origen, con la que
mantienen un estrecho contacto.
Sirva un ejemplo: una
asociación de más de 400
familias adoptantes de niños
etíopes está subvencionando
la construcción y el
mantenimiento de un orfanato
que acoge a 150 niños
dentro de Etiopía.
Pueden no ser más que
pequeñas gotas de agua en
una tierra agrietada por la
sed, pero refrescan por donde
pasan. La solución radical
la apunta Donato cuando
pregunta al lector:
“¿Cuándo se comprenderá
que África no necesita caridad,
sino justicia y libertad,
base del desarrollo?”. Plenamente
de acuerdo. El problema
es que este programa
es tan etéreo que, para darle
cuerpo, tendríamos que inventar
nuevos mecanismos,
quizá otras ONGs que no se
llamasen ONGs, las cuales
se pondrían a hacer poco
más o menos lo que éstas
están haciendo, con los mismos
defectos y virtudes.
Será deber de los Gobiernos
y de todos nosotros el
andarles detrás de los talones
a las que tenemos, aireando
todo lo que en ellas
huele a podrido, pero es deber
también nuestro darles
nuestro apoyo, porque son
hoy por hoy un instrumento
insustituible para fomentar
no sólo el desarrollo económico,
sino también la solidaridad
y la hermandad entre
los pueblos.
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