ORACIÓN SOBRE UNA POLÉMICA
P. Juan Gozález Núñez
Misionero comboniano
Con retraso y reticencia
comencé a
prestar atención a
la polémica suscitada
a raíz de la aprobación
por el Papa Benedicto
XVI de la oración de Viernes
Santo “por la conversión
de los judíos” para el
rito Tridentino. Aparte del
ya poco entusiasmo que el
rito mismo me suscitaba,
no me parecía que la polémica
tuviera algo de relevante
para la misión. Sin
embargo, el prolongarse de
las discusiones me dio la
oportunidad de advertir
que el tema no sólo era relevante,
sino central.
En el rito actualmente vigente
en la Iglesia latina, revisado
tras el Vaticano II,
se pide que “el pueblo primogénito
de la alianza pueda
llegar a la plenitud de la
redención”. En cambio, la
recién aprobada oración
para el rito Tridentino pide
positivamente “que el Señor
ilumine sus corazones
para que puedan reconocer
a Jesucristo como Salvador
de todos”. La nueva versión
desencadenó la airada respuesta
no sólo de las comunidades
judías, sino de
otros grupos, incluidos católicos,
que se solidarizaron
con ellas.
La oración “tridentina”
es sin duda más explícita
que la “vaticana”, pero el
contenido de ambas es el
mismo, por cuanto “llegar
a la plenitud de la redención”
implica en la fe católica
necesariamente “reconocer
a Cristo como Salvador
de todos”. De ahí que
la Santa Sede no cediera
ante las presiones que pedían
su modificación, afirmando
que ambas estaban
en línea con el pensamiento
del Vaticano II sobre la
libertad religiosa.
Algunas de las razones
esgrimidas en el curso de
la polémica no dejan de
sorprender. Como la que
afirma que la salvación en
Cristo es una verdad a proponer
sólo a los “paganos”,
pero no a los judíos, cuyo
camino hacia la salvación
no pasaría por la fe en Jesús,
sino por la fe en las
promesas a los antiguos
Padres, todavía hoy no revocadas.
Es obvio que debe haber
diferencias en el modo y
en la urgencia de proponer
el mensaje cristiano a cada
una de las distintas religiones,
según el grado de cercanía
que tengan con la revelación
plena en Cristo. Y
en este punto, la religión
judía, en cuyo tronco el
cristianismo ha sido injertado,
es la más próxima.
Con ella, más que de un
“anuncio” unidireccional,
parece más apropiado hablar
de un “diálogo” sin intenciones
proselitistas, pero
sin tampoco ocultar lo
que cada uno cree. De lo
contrario, ¿qué diálogo podría
haber?
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No se explica cómo
episodios sin aparente
trascendencia desatan
polémicas virulentas.
Más que polémica sobre
nuestras oraciones, lo que
deberíamos es hacer
oración sobre nuestras
polémicas.
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Cuando en nuestra pequeña
comunidad misionera
nos reunimos para la
oración de la tarde, solemos
recordar a las personas
que queremos, pidiendo
que el Señor abra sus
corazones a la fe. Es posible
que no veamos conveniente
proponerles ni directa
ni indirectamente que
se hagan cristianos. Lo dejamos
simplemene en las
manos del Señor. ¿Se deberían
ofender por eso? ¿Me
debería yo ofender si mi
buen amigo Yonas, judío
convencido, en sus momentos
de intimidad con
Dios, rogase por mí para
que deje de creer en Jesús
como Hijo de Dios? ¿No sería
acaso la mejor expresión
de amistad?
Pues lo mismo, sólo que
con mucha mayor solemnidad,
hace toda la Iglesia
congregada en torno a la
cruz de Jesús el día de
Viernes Santo cuando reza,
entre otras intenciones
más, por la conversión de
los judíos. Esa oración es
la expresión más intensa
de lo que ella cree.
Pero temo que el problema
sea otro. No se explica
cómo episodios sin aparente
trascendencia desatan
polémicas tan virulentas.
Cada poco tiempo
asistimos a alguna entre
las distintas confesiones
religiosas. ¿Será que las
susceptibilidades están tan
a flor de piel que cualquier
pretexto es bueno para alzarse
en armas? ¿Se trata
de polémicas religiosas o
se está instrumentalizando
el tema religioso en aras de
otras causas que poco tienen
que ver con él?
No tengo respuesta para
preguntas tan graves.
Pero quiero adelantar algo.
La polémica no parece la
manera mejor que tenemos
los creyentes para mostrar
al mundo no creyente el
rostro verdadero del Dios
en quien creemos. Más que
polémica sobre nuestras
oraciones, lo que todos deberíamos
es hacer oración
sobre nuestras polémicas.
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