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SOBREDOSIS LETAL


P. Juan Gozález Núñez
Misionero comboniano


Se dice en Europa que los cristianos actuales se parecen a clientes desganados que recorren los grandes centros comerciales y van poniendo en el carro de la compra los artículos que les conviene. Así, van cogiendo de su religión lo que les gusta y, lo que no, lo dejan.

La comparación no sirve para África, porque los centros comerciales son todavía raros. Son más frecuentes los mercados al aire libre, abigarrados, bulliciosos... Pero también en África, modificando un poco los términos de la comparación, podría hablarse de "mercados de las religiones al aire libre". Porque también aquí el cristiano puede escoger -y escoge de hecho- entre muchas ofertas.

Sólo que, en vez de los ordenados estantes de las grandes superficies, la mercancía se le ofrece a gritos y en cada esquina. Quien atraviese un domingo por la mañana uno de los barrios periféricos de Nairobi, Lagos o Johannesburgo, por citar las ciudades más emblemáticas, se tropezará a cada medio kilómetro con un profeta-sacerdote-exorcista de atuendo extravagante, que oficia su liturgia al aire libre, ofreciendo curación, prosperidad material, salvación... El fenómeno tiene unas causas detestables que trataré de precisar.

A las Iglesias cristianas "históricas" (católica, luterana, ortodoxa...) se les acusó de ser demasiado frías y formalistas en su liturgia, mientras que los africanos aman lo emocional, lo vital. Como reacción, nacie- ron las llamadas Iglesias independientes, que compensaron con creces esta frialdad mediante una liturgia efusiva, consistente principalmente en curaciones y exorcismos. Las Iglesias clásicas se preguntaron repetidamente si, para inculturarse en el mundo africano, debían imitar el ejemplo de las Iglesias independientes o, al menos, inspirarse en algunas de sus prácticas. Algunos experimentos se llevaron a cabo en este sentido, tímidamente en la Iglesia católica, de forma más atrevida en las protestantes.

 


Jesús nunca ofreció a sus seguidores la solución inmediata de sus problemas
y ninguna Iglesia puede hacerlo.

 
 

Estaban en este dilema cuando otro fenómeno, de signo muy distinto, invadió el continente. Eran los llamados nuevos movimientos, de tipo pentecostal. Nacidos en Estados Unidos en los primeros años del siglo XX, habían recorrido ya, como un vendaval, toda América Latina e hicieron también fortuna en África. ¿Es que acaso habían hecho un esfuerzo de inculturación mayor que las Iglesias clásicas y habían conseguido conectar con el alma africana? Todo lo contrario. Los movimientos pentecostales ni han desarrollado teología alguna de la inculturación, ni prestan, al menos en apariencia, la mínima atención a las distintas culturas. Se trata de movimientos fundamentalistas que toman la Biblia literalmente y que repiten el mismo mensaje y la misma forma de presentarlo en Río de Janeiro, Hong Kong o Nairobi.

Pero si no hubo esfuerzo de inculturación, sí hubo una coincidencia de intereses, una suma de fuerzas en la misma dirección. Tanto las Iglesias independientes como los nuevos movimientos, aunque por motivos diversos, ponen el acento en las curaciones y en los exorcismos, realizados normalmente en el contexto de una celebración entusiasta, en la cual es frecuente el "hablar en lenguas", cuando no el trance o los fenómenos de histeria individual y colectiva. Para las Iglesias independientes, eso era una vuelta al corazón de la cultura africana, que ve cuerpo y alma, lo espiritual y lo material, como un todo in separable. Para los movimientos, era una vuelta a los orígenes de la Iglesia, nacida de la explosión de lenguas de fuego el día de Pentecostés.

Como sucede cuando dos fuerzas se unen en el mismo sentido, el efecto es una carrera desbocada o, usando otra imagen, una sobredosis que puede ser letal. La resultante última de estos dos movimientos, a veces operando por separado, a veces entremezclados, son los millares de micro-iglesias, reducidas muchas de ellas a un solo lugar de culto, sin más control que la fantasía del líder carismático que las ha creado.

Lo que estos "vendedores ambulantes de religión" predican es la oferta pura y llana de la curación física o la solución inmediata de cualquier problema, incluidos los financieros. Si no se produce, siempre podrán decir que la persona no ha tenido la fe suficiente.

Las Iglesias históricas tendrán que ser más cautas en el intento de aproximación a las Iglesias "inculturadas". Han de proseguir el esfuerzo de conseguir unas liturgias vivas y de presentar el mensaje de salvación de forma inteligible al hombre y mujer africanos. Pero, aun a costa de perder clientela, el servicio al Evangelio les pide poner una nota de honestidad y sensatez en el mapa religioso africano. Jesús nunca ofreció a sus seguidores la solución inmediata de sus problemas y ninguna Iglesia puede hacerlo. Pretender lo contrario es simplemente engañar.


     

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