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PLANTAR ÁRBOLES


P. Renato Kizito Sesana
Misionero comboniano


Estuve plantando árboles alrededor de las instalaciones de Radio Waumini, en Nairobi, para intentar amortiguar el ruido del tráfico de Thika Road. Plantar árboles es una actividad maravillosa. Adoro este gesto de confiar a la Tierra un nuevo árbol. Toca algunos de los sentimientos más profundos de cada ser humano.

Es maravilloso plantar árboles, porque mejora y embellece el ambiente. Son una barrera contra el tráfico ruidoso y purifican el aire de la polución. El aire limpio y fresco que respiramos en un bosque revigoriza el cuerpo y el alma. Plantar árboles es una ocupación tan noble que hasta Dios la ejerció. Leemos en el libro del Génesis que dice Dios: "Que la tierra produzca vegetación, hierba con simiente, árboles frutales que den fruto sobre la tierra, según sus especies". Y vio Dios que todo era bueno. Después, "el Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente". Dios también tenía una habilidad especial para las plantas... ¿y no es verdad que el Reino de Dios se parece a un árbol alto y frondoso donde los pájaros del cielo encuentran refugio?

Plantar es un acto de fe en la tierra. Un pequeño árbol es colocado en un agujero, en un gesto de confianza en la fertilidad del suelo, en la amenidad del tiempo, en la alternancia regular del sol y de la lluvia, de los días y de las estaciones.

Plantar árboles y cuidar de ellos es como ayudar a un hijo o una hija -un retoño- a convertirse en una persona adulta. Requiere cuidado. Es necesario quitar las hierbas dañinas y sofocantes, darles nutrientes y apoyo para que puedan crecer derechos. Un hijo también necesita de estas atenciones. Para que un árbol crezca vigoroso, necesita ser cuidado y podado por manos sabias, firmes y amorosas. La educación de un niño necesita en ocasiones intervenciones drásticas, disciplina positiva, de modo que él o ella no quede confundido, enredado e improductivo. Son felices las personas que crecen derechas, con el apoyo de sus parientes y educadores. Darán flores y buenos frutos y construirán una sociedad más habitable.

 


Los árboles tienen un gran poder simbólico.
Representan la vida,
y cada uno de nosotros de alguna manera se identifica con un árbol.

 
 

Los ritmos de los árboles se parecen a los ritmos de los seres humanos. Hay un tiempo para ser plantado, un tiempo para crecer, un tiempo para dar flores y frutos, un tiempo para enflaquecer y morir. Homero, el poeta que fue gran inspirador de la Grecia antigua, cantó la trayectoria humana como las hojas de un árbol que caen y se pudren, e invitó a los dioses, que no son tocados por la muerte, a mirarlas con indiferencia y hasta desprecio. Pero sabemos que el Dios de Jesús, el Dios que viste de gloria los lirios de los campos, cuida amorosamente de cada persona. Los árboles tienen un gran poder simbólico. Representan la vida, y cada uno de nosotros de alguna manera se identifica con un árbol. Los psicólogos creen que, cuando alguien dibuja un árbol, está, de hecho, representando la propia vida.

Una leyenda antigua cuenta que cuando Adán fue expulsado del jardín del Edén, se llevó una simiente del árbol del conocimiento del bien y del mal. La plantó y cuando murió fue sepultado junto a ese árbol. El lugar de la sepultura de Adán es el Gólgota, que como Juan dice en su Evangelio, quiere decir Lugar de la Calavera. La misma leyenda dice que Jesús fue crucificado en una cruz hecha de la madera de ese árbol y que el lugar de la crucifixión está exactamente sobre la tumba de Adán. Como dije, esto no es más que una leyenda, pero representa simbólicamente que del árbol que causó la caída de la familia humana vino también la salvación. Hay pinturas muy bellas que lo ilustran. Recuerdo haber visto una en Florencia (Italia) mostrando la cruz colocada sobre la calavera de Adán. La cruz no tiene sólo los dos brazos de donde Jesús está suspendido, sino muchos otros que sostienen, como frutos, representaciones de episodios de los Evangelios y acontecimientos de la vida de la Iglesia. La cruz se transforma en Árbol de la Vida.

Así, de entre todos los árboles, hay uno que los simboliza: el árbol de la redención universal, el árbol del sufrimiento y de la resurrección, el árbol que da la vida.

Plantar árboles es maravilloso, porque mientras se cava el suelo, se añade abono y se riega, el espíritu y la mente pueden alzar el vuelo, establecer relaciones y soñar.


     

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