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EL "MÁS O MENOS"
ES UN FALSO PROBLEMA


Por P. Daniel Cerezo


Unas semanas en Italia me dieron pie para tomar el pulso a la situación misionera que se respira en la "vieja cristiandad". Los encargados de las delegaciones diocesanas misioneras de la región compartieron durante una mañana sus anhelos, preocupaciones y esperanzas respecto al simposio misionero: "Testigos de esperanza en el mundo", que tendrá lugar en octubre ´06 en Verona.

Inspirados en la primera carta de San Pedro parecían anunciar que lo del "más o menos" católicos, la cuestión del número, no es lo que cuenta. Para ello ponían como icono de inspiración al estilo de vida y de fe de las pequeñas comunidades a que alude la carta de Pedro. En ella se subraya la esperanza de las pequeñas comunidades cristianas en el ambiente hostil del imperio romano. Me daba la impresión de que se intuía un cierto tufillo de desánimo en el horizonte de la vieja cristiandad, donde el gran rebaño, al menos en número, se aleja de los pastores con una inercia alarmante y para lo cual no parece haber remedios curativos.

Me venían a la mente las Iglesias llamadas jóvenes o de misión, y sentía que quizás, en lo que toca a la esperanza, las Iglesias de masas debieran comenzar a escuchar a las pequeñas comunidades, minorías en la masa, de otras altitudes. Me viene a la mente, casi sin forzado, la imagen de las comunidades cristianas asiáticas, a menudo minorías en la masa y en ambientes hostiles. Como ejemplo valgan las comunidades cristianas en China, Vietnam, Burma, Pakistán, India, Sudán y países del norte de Africa, etc... ¿Qué nos dicen sobre la esperanza? :

-Que se puede vivirla en medio de la hostilidad y la persecución. Inmersas en contextos ateos o en medios hostiles al espíritu del Evangelio, sin embargo demuestran que la persecución no han doblegado la cerviz de una comunidad aparentemente insignificante en números, estructuras o influencia social.

-Que el discípulo de Jesús es libre ante el sufrimiento porque sabe que el sufrimiento deriva de su misión en el mundo. ¡Cuántos testimonios de cristianos de esas pequeñas Iglesias que sobreviven en medio de la persecución o en campos de concentración y de las que jamás he oído sentimientos de venganza para sus detractores y verdugos. La sociedad occidental no sabe qué hacer con el sufrimiento ni cómo afrontarlo. Para muchos acaba allí donde acaban los medios humanos para combatirlo; y donde para muchos, sufrir por la propia fe es más bien causa de vergüenza.

-Que la historia donde vivimos es lugar privilegiado de salvación. "Hágase tu voluntad", fue el lema escogido por un obispo chino, después de haber estado durante alguna década en las mazmorras maoístas chinas. Su esperanza radica en saber que el mal ha sido vencido y que el amor prevalece.

-Que el sufrimiento no impide la fidelidad al Evangelio, sino que nos asimila más aún a Cristo muerto y resucitado, y les catapulta a manifestar la esperanza que viene de Él, poniendo el testimonio de vida como marco y punto de referencia.

-Que aunque sean minoría, no viven separadas del mundo -deseo u objetivo de sistemas tanto comunistas como Capitalistas, de reducir el Evangelio a las cuatro paredes de la sacristía- pero tampoco están confundidas o anestesiadas por el mundo. Hoy, ser cristiano, en mayoría o minoría, es un falso problema.

-Como en las comunidades de Pedro, a menudo les caracteriza el ser extranjeras, peregrinas y dispersas. Extranjeras, ya que no se dejan absorber por la masa, ni por sus normas convencionales. Peregrinas, porque no viven fuera del mundo ni de la sociedad, sino que caminan con los hombres de su tiempo, pero con el convencimiento de mostrar, con el testimonio de sus vidas, el estilo de vida que Dios quiere de la humanidad. Dispersas, y aunque aparentemente el ser minoría les pone en condición de debilidad, pobreza e impotencia, esto se convierte a su vez en campo privilegiado para la actuación directa de Dios. Ni la geografía ni el número condicionan la eficacia de la misión.


     

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