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VOLUNTARIOS,
¿TURISTAS EXÓTICOS?


Por P. Juan González Núñez


Hace veinticinco años toda la presencia española en Etiopía no pasaba de las 25 personas, incluido el personal de la embajada. Este año, 2006, esa cifra ha sido superada con creces sólo con contar los voluntarios que han venido a pasar sus cortas vacaciones en alguna de las 16 casas de las Hermanas de Madre Teresa diseminadas por la nación. Y no pensemos que lo de venir a una casa de Madre Teresa es una forma camuflada de turismo exótico. Porque la inmensa mayoría da el callo. Pienso en Sidist Kilo, en Addis Abeba, La andrajosa miseria que deambula por las calles de la ciudad se convierte aquí en deprimente deyección humana. Ancianos y enfermos, discapacitados físicos y mentales, lisiados... abarrotan unas salas siempre hacinadas más allá de todo límite imaginable.

Los voluntaxios pueden ejercer sus respectivas profesiones si son médicos, enfermeros, psicólogos, pedagogos..., o pueden improvisarse como "curanderos" los que son contables, abogados, informáticos... Todos pueden adiestrarse como expertos en humanidad, porque el principal trabajo consiste en llevar la cuchara a la boca de los que no pueden hacerlo, de lavar a los impedidos y, sobre todo, de repartir sonrisas y cariño.

Las Hermanas a nadie preguntan por qué ha venido o en qué principios religiosos o morales fundamenta su voluntariado. Saben que hoy tienen un ejército y mañana ninguno. Por eso, para lo indispensable cuentan con personal fijo. Laura, una voluntaria segoviana, expresa así su impresión: "Igual que reciben a todo tipo de enfermos, nos reciben también a los voluntarios. Porque, en realidad, los beneficiarios somos nosotros, no la casa a donde vamos". Laura tiene, sin duda, algo de razón. Pero es demasiado modesta en valorar su aportación, precisamente ella que se ha entregado tan a fondo. Cuando la vi por primera vez, estrechaba suave y delicadamente contra su pecho a un niño enfermo de sida. Hay servicios que no se valoran en términos de eficacia organizativa, pero que son impagables en términos de calor humano.

Las casas de Madre Teresa pueden funcionar -y funcionan a veces- sin los voluntarios, como funciona cualquier hospital o institución benéfica. Pero el milagro de Madre Teresa es que sea precisamnete en sus casas donde esta maravillosa simbiosis entre personas con dones y con carencias tan diversas. Porque tanto los inquilinos como los voluntarios tiene dones que ofrecer y carencias que colmar.

Me atrevo a decir que nuestra vieja Europa está viviendo de rentas en cuanto a valores morales y humanos se refiere. Los valores que inspiran el voluntariado tiene sus raíces en Jesús y su Evangelio. Es ésta la roca dura donde se fundamentan y la fuente de donde se saca la energía para hacerlos vida. ¿Qué sucederá cuando nadie sepa con exactitud de dónde vienen por qué nadie anuncia el Evangeluio? Entonces, o el voluntariado se dirige en peregrinación a esta fuente última o, irresistiblemente, comenzará a ser realmente "turismo exótico".


     

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