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Montes Nuba
IGLESIAS DE TESTIGOS Y MÁRTIRES


Por P. Francisco Carrera y África Gozález


En la región de los Montes Nuba, aislada hasta hace poco del mundo exterior y probada hasta el límite durante la recién finalizada guerra civil sudanesa, los catequistas arriesgaron sus vidas para echar los fundamentos de una Iglesia viva, evangelizadora y comprometida con el desarrollo de la población.



La región de los Montes Nuba o de las "99 montañas" ocupa parte de los estados de Kordofán del Sur y Kordofán Occidental, en el mismo centro de Sudán. Su paisaje montañoso contrasta con las inmensas planicies del norte y sur del país. Es un territorio de algo más de 50.000 kilómetros cuadrados salpicado de montañas y colinas de entre 500 y 1.000 metros de altura. Es una zona con pocas carreteras y caminos; la mayor parte de los poblados son accesibles sólo a pie por senderos de montaña.

Los valles y las mesetas entre montañas de la región nuba reciben lluvias más o menos regulares de mitad de mayo a mediados de octubre, que dejan una media de entre 400 y 800 milímetros de agua por metro cuadrado al año. La climatología permite a la población el cultivo de sorgo, maíz, algodón, sésamo, frutas y algunos vegetales, que constituyen la base de su subsistencia y de la economía de la región. También genera pastos para el mantenimiento de 1,3 millones de cabezas de ganado vacuno, ovejas, cabras y camellos, que constituyen la segunda fuente de riqueza de la zona.

El 90 por ciento de los 1,5 millones de habitantes de los Montes Nuba pertenecen a 52 grupos étnicos y lingüísticos negroafricanos, que tienen su origen en las tribus nubias del norte y centro de Sudán que buscaron refugio en la región de las 99 montañas ante la invasión de los ejércitos árabes procedentes de Egipto a partir del año 641. Estos moradores originales de los Montes Nuba se mantuvieron casi completamente aislados del resto de Sudán y del mundo hasta hace unos cincuenta años. Cada grupo étnico, aun compartiendo ciertas características comunes, mantiene una gran variedad y riqueza de elementos culturales propios, como la renombrada lucha libre nuba.

El restante 10 por ciento de la población de la región está compuesta por los baggara, tribu de pastores árabes nómadas que llegaron en el siglo XVIII en busca de pastos, y por una minoría de comerciantes árabes ("jellaba")

DESTRUCCIÓN Y EXTERMINIO

Tradicionalmente, la población negroafricana de los Montes Nuba ha vivido en conflicto con los baggara a causa de los pastos y del uso del agua; sin embargo, se conseguía resolver los contenciosos en las reuniones periódicas de los jefes de ambos bandos. La guerra civil de 1983 a 2005 entre el Gobierno árabe de Jartum y los movimientos rebeldes del Sudán Meridional, especialmente el Ejército de Liberación del Pueblo Sudanés (SPLA, en siglas inglesas), castigó duramente a los Montes Nuba. La mayor parte de su población negro africana se inclinó por el SPLA y muchos de sus jóvenes se unieron al movimiento rebelde del Sudán Meridional. El Gobierno, por su parte, armó a las milicias del pueblo misiriya -un grupo étnico baggara- y las utilizó para atacar y destruir los poblados nuba junto con unidades regulares del ejército sudanés.

Las milicias árabes y los soldados gubernamentales llevaron a cabo matanzas sistemáticas de la población nuba en un intento de limpieza étnica que bien puede calificarse como genocidio y que incluía el bombardeo aéreo de objetivos civiles. Junto a la escuela secundaria católica de Kauda pueden verse una tumba y una cruz que recuerdan a la maestra y 17 alumnos que, el 9 de febrero del 2000, murieron víctimas de las bombas lanzadas por la aviación sudanesa. Cerca de Gidel, se alza orgulloso un gran baobab hueco en cuyo interior se refugiaba la gente cuando escuchaban el sonido de los motores de los aviones gubernamentales.

Detrás de esta violencia exterminadora se escondía la antigua ambición gubernamental de islamizar la región y apoderarse de sus tierras y demás recursos.

Como sus antepasados, los nuba se vieron forzados a buscar refugio en las cuevas y laderas de las montañas, de difícil acceso para los soldados. Las familias viven aún desperdigadas por las colinas, sin formar verdaderos poblados. Cultivan los campos que han creado en terrazas excavadas en las laderas de las montañas y esperan que se consolide la paz para volver a sus antiguos hogares.

En enero de 2002, el Gobierno de Jartum y el SPLA firmaron un alto al fuego para los Montes Nuba que se mantuvo hasta la firma de la paz entre el Norte y el Sur en enero de 2005. La firma del alto al fuego hizo posible la llegada de ayuda humanitaria internacional a la región, que el Gobierno de Jartum había impedido hasta ese momento.

En la actualidad, tropas de las Naciones Unidas se encargan de vigilar la implementación del tratado de paz y numerosas organizaciones internacionales y ONGs se han volcado en la tarea de reconstrucción y curación de las heridas que la guerra civil ha causado a la población nuba. Unicef, el Programa de Alimentación Mundial , Save the Children, Concern... desempeñan una ingente actividad en toda la zona tratando de restaurar servicios básicos de alimentación, sanidad, educación etc.

CATEQUESIS, TESTIGOS Y MÁRTIRES

Como sucedió en el territorio nuer del Sudán Meridional, la llegada de la Iglesia a los Montes Nuba se debió a los esfuerzos de laicos originarios de la región que descubrieron el cristianismo en Jartum u otras ciudades del norte y regresaron a su tierra como catequistas. Los católicos nuba consideran a Paul Shallo su "padre en la fe".

Paul es un nuba perteneciente al grupo étnico tira de la zona de Andrave, al sur de la región de las 99 montañas. En 1959, salió de su tierra y fue a Jartum con la intención de inscribirse en una autoescuela y convertirse en conductor. Ese plan no se materializó y Paul se inscribió en las clases nocturnas de una de las escuelas que tienen los Misioneros Combonianos en la capital de Sudán. Allí entró en contacto con el cristianismo y, en 1965, recibió el bautismo.

En 1973, Paul Shallo decidió hacer el curso para catequistas en El Obeid y a continuación volvió a los Montes Nuba con su familia para anunciar el Evangelio a los tira. En aquellos momentos, la atmósfera en la zona no favorecía la labor evangelizadora debido a la intolerancia de las autoridades musulmanas y la política anticristiana del Gobierno; los misioneros cristianos tenían prohibida la entrada al territorio tira.

Paul Shallo y su esposa Rita, también cristiana, se establecieron en Andrave e iniciaron su labor catequística con cuatro matrimonios cristianos, que habían sido bautizados en Jartum. Comenzaron reuniendo a este grupito de cristianos para rezar juntos en sus casas o a la sombra de los árboles. Más tarde, Paul consiguió el permiso de las autoridades para abrir algunas escuelas, donde reunía a los niños y les enseñaba a leer, escribir y nociones de catecismo.

El catequista introdujo también un programa de escolarización para adultos: asistían cristianos, musulmanes y seguidores de las religiones tradicionales. Muchas de las personas que asistían a la escuela se sentían atraídas por la manera en que los cristianos rezaban y se comportaban.

Desde Andrave, Paul Shallo se puso en contacto con un grupo de cristianos bautizados en Jartum que se habían establecido en Allubi, pero que no practicaban su fe a causa de la prohibición de los representantes del Gobierno en la zona. Animados y fortalecidos por el catequista, estos cristianos comenzaron a reunirse para rezar bajo los árboles o en sus casas. Rita, la mujer del catequista, llegó a alcanzar mucha influencia sobre las mujeres, las instruía y las invitaba a ir a la oración con sus maridos. Así nació la segunda comunidad cristiana en territorio tira.

Poco después, las autoridades musulmanas expulsaron a Paul de Andrave por predicar el cristianismo y éste se trasladó con su familia a Allubi, donde, junto con el grupo de cristianos, levantaron un pequeño cobertizo con el techo de paja que se convirtió en centro de oración e instrucción. Allí, en 1976, celebraron por primera vez la Navidad. Ese mismo día 25 de diciembre, Paul nombró catequistas a cuatro jóvenes para que le ayudaran a llevar adelante la misión evangelizadora en Allubi y localidades vecinas.

Los años 1980-1985 fueron muy difíciles para los cristianos tira a causa de la constante persecución que mantuvieron contra ellos las autoridades musulmanas. Durante ese tiempo, las fuerzas de seguridad arrestaron y torturaron a muchos cristianos y varios catequistas, y quemaron las capillas. A pesar de que les prometieron la libertad si renunciaban a su fe y abrazaban el Islam, ellos se negaron y permanecieron firmes en sus creencias. Un joven catequista, Agustino Ibrahim, murió en prisión.

Paul Shallo y otros catequistas que consiguieron mantenerse en libertad, fueron a Jartum a protestar ante las más altas instancias del Gobierno por la persecución que sufrían los cristianos en la región de los Montes Nuba. Mons. Macram Max Gassis, obispo comboniano de El Obeid, les apoyó en sus gestiones y después se trasladó al territorio tira donde se reunió con el principal jefe musulmán para exigirle el cese de la persecución.

Algunos catequistas nuba, desconfiando de las promesas del Gobierno, se unieron al SPLA para luchar por la liberación de su tierra. Otros, como Paul Shallo y Philip Kuku, retomaron sus actividades, reconstruyeron las capillas y reunieron a los cristianos que se habían dispersado durante el período de persecución. Muchos jóvenes nuba abrazaron la fe con entusiasmo y se ofrecieron como voluntarios para dirigir las oraciones y anunciar el Evangelio.

CONSOLIDACIÓN Y DESARROLLO

Las comunidades cristianas nuba crecieron con rapidez, pero lamentaban la imposibilidad de celebrar los sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía. Los catequistas se dirigieron a los obispos y a distintos institutos misioneros de Sudán y Kenia en busca de sacerdotes. El misionero comboniano P. Renato Kizito Sesana respondió al llamamiento en 1995 y, desde entonces, ha visitado las comunidades cristianas varias veces al año y ha impulsado la creación de un centro para la formación de maestros nuba.

La diócesis de El Obeid, de la que eclesiásticamente depende la región de los Montes Nuba, acudió asimismo en ayuda de aquellas jóvenes comunidades cristianas. También en 1995, Mons. Macram envió a dos miembros de la congregación africana de los Apóstoles de Jesús para que abrieran la parroquia de Nuestra Señora de la Paz en Lumon, en territorio tira.

Posteriormente, la diócesis abrió otras dos parroquias en la misma zona: la de la Santa Cruz en Kauda y la de los Santos Pedro y Pablo en Gidel.

En el momento de nuestra visita, la parroquia de Lumon y sus 24 capillas estaban atendidas por el P. Basilio y el diácono Francis, ambos de la diócesis de El Obeid, y por unos 20 catequistas. Charles, un estudiante de teología en período de experiencia pastoral, y unos 25 catequistas se encargaban de la parroquia de Kauda y sus 15 capillas; esperaban la llegada de un sacerdote y de un grupo de Hermanas de la Preciosísima Sangre, que ya tenían el convento preparado. Comparadas con las dos anteriores, la parroquia de Gidel y sus 16 comunidades podían presumir de "abundancia" de agentes pastorales: un sacerdote (P. César) y un hermano (Isaac), cinco misioneras combonianas, una religiosa de las Hermanas de la Misericordia de Australia (Cathy Solano), que se encarga de la coordinación de las escuelas de la diócesis de El Obeid en toda la región, y 22 catequistas.

Además de las actividades pastorales ordinarias, la Iglesia está llevando adelante en los Montes Nuba una serie de proyectos para impulsar el desarrollo de la población local. La prioridad principal de la diócesis de El Obeid en el campo de la promoción humana es la educación de la infancia y la juventud nuba. A tal fin, ha establecido ya cuatro escuelas primarias y una secundaria. Además y según nos explica Manfred Sett, con 40 años de África a sus espaldas y coordinador sobre el terreno de los proyectos de desarrollo, se están construyendo en Kauda un centro para la formación de maestros y una escuela técnica.

La Iglesia ha participado también en la excavación de 120 pozos para llevar agua potable a las comunidades rurales de la región y está construyendo un gran hospital en Gidel con el apoyo financiero de de la asociación italiana Sorriso per il Sudan - onlus".

El sentir general de los agentes pastorales que se dedican a la evangelización en los Montes Nuba es que la población está abierta al cristianismo y que, gracias sobre todo a la labor de los primeros catequistas, las comunidades cristianas muestran una profunda fe y una gran vitalidad. La principal prioridad de la Iglesia en la región es ahora, según ellos, el aumento del personal dedicado a llevar la Palabra de Dios a las numerosas personas aisladas y dispersas por las colinas.


     

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