De Korogocho a Old Fadama
LOS PREFERIDOS DE DIOS
Por P. Longinos López
El P. Arcadio Sicher es un franciscano conventual italiano. Llegó a Ghana en 1988 y comenzó a trabajar en una zona rural. Antes había estado en el barrio de Korogocho, a las afueras de Nairobi. Pronto descubrió a las afueras de Accra el barrio de Old Fadama. Y allí se fue, con los más pobres de los pobres, a quienes llama los preferidos de Dios.
Encontré al P. Arcadio celebrando la Eucaristía en una capilla, en los alrededores de Accra, capital de Ghana. Comentaba las palabras de Jesús: "Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso". Un pasaje evangélico muy apropiado para un misionero que ha decidido compartir su vida con los habitantes de uno de los barrios marginados de una ciudad africana.
En Accra el P. Arcadio fue estableciendo contacto poco a poco con el mundo urbano. Como él mismo dice: "Era un tiempo que sentía la necesidad de estar presente entre la gente más marginada socialmente". En aquel momento, no pudo hacer realidad su deseo de inserción entre los pobres de Accra: "Lo intenté aquí en Ghana, pero no me sentí respaldado. Por eso, consideré necesario vivir esa experiencia con alguien que ya la estaba haciendo y me fui a Nairobi, donde estuve dos años".
El tiempo pasado en Korogocho, un barrio de chabolas a las afueras de Nairobi (Kenia), junto al misionero comboniano P. Alex Zanotelli, fue determinante para su vida. "Ese tiempo -afirma el P. Arcadio- fue un regalo de Dios. Sentí la presencia de Dios en esos lugares donde hay muchos problemas y dificultades para vivir el día a día. Lugares donde hay una gran necesidad de ayudar para que la gente experimente la bondad de Dios como Padre, su cuidado, su apoyo en las dificultades; sentir que Jesús es su Hermano, el Buen Pastor. Allí fue como encontrar y ver a Jesús en mucha gente".
EL BARRIO DE OLD FADAMA
Transcurridos dos años, sus superiores le pidieron que volviera a Ghana, con la promesa de que en Accra podría realizar una presencia entre los pobres similar a la de Korogocho. "Los dos primeros años -recuerda el P. Arcadio- fue algo así como buscar qué debía hacer y cómo hacerlo, poniéndome en contacto con diferentes realidades en la ciudad de Accra". Moviéndose de un lugar a otro, Arcadio se encontró con un Hermano que había trabajado con niños de la calle en Accra. Él fue quien le invitó a visitar el barrio de Old Fadama, un nombre hausa que se da a zonas de agua pantanosa, ya que forma parte de la Laguna Korle. En el barrio hay gente de todas partes de Ghana, especialmente del norte del país, y de países como Benín, Nigeria, Togo, Costa de Marfil y Níger.
Este suburbio está muy cerca del mismo centro de Accra. A tan sólo un kilómetro se encuentran los grandes comercios, el Parlamento, el Tribunal Supremo, etc. La gente llegada de las zonas rurales busca establecerse allí porque la gran mayoría, en especial las mujeres, vive del mercado. Un fenómeno curioso son las llamadas kayayo, chicas muy jóvenes que transportan en sus cabezas mercancías para vender en el mercado o las llevan a casa de los compradores; hay entre 5.000 y 10.000 kayayos.
En Old Fadama existe una zona llamada Timber Market (Mercado de madera). Es un lugar muy importante para los jóvenes de los suburbios. Cada día hay cientos de chicos que empujan sus carretillas por la ciudad, recogiendo todo tipo de cosas, especialmente las que tienen algo de metal. Lo que consiguen lo llevan al Timber Market para venderlo. Aunque parezca imposible, ese es el único medio de vida para mucha gente pobre.
Según el P. Arcadio, en el barrio viven, oficialmente, unas 30.000 personas. Pero hay mucha gente hacinada, pues la zona no tiene más de medio kilómetro cuadrado de extensión. En una pequeña habitación, de unos 3 por 3 metros, se pueden meter entre 10 y 15 personas, especialmente las Kayayo que sólo entre muchas se pueden permitir el pago de una habitación, aunque no tengan espacio ni para dormir en el suelo.
ENTRE LOS POBRES Y MARGINADOS
"Vine a vivir aquí -dice el P. Arcadio- de una forma muy sencilla, sin ningún plan en mi cabeza. Me decía a mí mismo: soy un franciscano y éste debería ser nuestro lugar. San Francisco escribió que los frailes deberían estar contentos de vivir entre los más pobres, los que piden por las calles, los marginados, los enfermos. Al principio, yo continuaba con mis actividades fuera de este suburbio, pero viviendo aquí. Poco a poco fui trabajando y moviéndome casi exclusivamente en el barrio.
Me acuerdo de los primeros contactos que hice al llegar a Old Fadama. Vi a una mujer que vendía maíz tostado, y me ofreció un poco, gratis, en señal de bienvenida. Para mí fue una bienvenida por todo lo alto; me sentí muy bien... Los primeros días, semanas e, incluso, meses, la gente estaba sorprendida. Se preguntaban por qué estaba aquí. Algunas malas lenguas afirmaban -lo supe más tarde- que era traficante de prostitutas. La buena gente tenía miedo de mí, y les era difícil tener una relación conmigo. Poco a poco me fueron conociendo. Me vieron celebrar la Eucaristía en la parroquia, no lejos del suburbio y, comprendieron que sólo era un sacerdote que quería vivir entre ellos".
Ahora, tras cuatro años de presencia en el barrio y a pesar de las dificultades, no duda en afirmar: "Cuando huelo los humos, los olores de la basura, las aguas sucias..., a veces me pregunto: ¿Por qué debo pasar por todo esto? Pero es mucho más grande el don de vivir con esta gente que los problemas que me veo obligado a sufrir. Cuando tengo que salir de aquí, siento la necesidad de volver".
El P. Arcadio cree profundamente que en Old Fadama está viviendo el espíritu que San Francisco de Asís quiso transmitir a sus hijos e hijas: "Él se olvidó de su posición social, de ser un joven rico y poderoso, para marcharse a vivir con los pobres. Como religiosos, como franciscanos debemos seguir a Jesús, encarnándonos con la gente. La inculturación implica compartir la realidad de vida de los pobres, personas de carne y hueso como nosotros, hijos e hijas de Dios. El mensaje de Jesús debería ser nuestra encarnación, vivir totalmente en medio de estas realidades para ir saliendo juntos de estas injusticias, marginaciones e inhumanidades y parecernos más a la imagen que Dios quiere de nosotros. El mensaje de la Cruz y de la Resurrección, debería ser el mensaje de la cruz y de la resurrección de la gente de estas zonas, de los suburbios marginados".
HAMBRE DE CONOCIMIENTO
Cuando le pregunto al P. Arcadio cómo es un día de su vida en Old Fadama, su respuesta es concisa y, a la vez, reveladora: "Un día normal, me suelo levantar sobre las cinco de la mañana, como casi todo el mundo aquí. Algunos se levantan a la tres o cuatro, pues el trabajo en el mercado comienza muy temprano. Rezo en mi habitación y después voy a la parroquia de esta zona, sobre las seis y media, para celebrar la Eucaristía. Algunos días voy al hospital para visitar a los enfermos, veo que estas visitas son importantes y necesarias. Por las tardes, estoy en la escuela o simplemente visito a la gente. Sobre las siete y media comenzamos los cursos de enseñanza; vienen unos sesenta jóvenes que quieren aprender a leer y escribir. Terminamos sobre las diez de la noche, aunque siempre nos quedamos algo más charlando sobre diferentes temas. Así suele ser un día cualquiera".
El misionero explica que, cierto día, algunos jóvenes le pidieron que les enseñara a leer y escribir. Se pusieron manos a la obra de una forma muy sencilla. La primera escuela pública del barrio fue un bar, en medio de gente que bebía y chillaba. Pero no había ningún otro local disponible en toda la zona.
Después de un tiempo y viendo el interés de los jóvenes por aprender, consiguieron un trozo de terreno, donde construyeron entre todos una simple estructura de madera. Tras año y medio, el número de alumnos aumentó tanto que el local donde se impartían las clases quedó pequeño y muchos tenían que quedarse escuchando desde la calle. Entonces se decidieron a construir, también con maderas, un aula encima de la ya existente porque no había más espacio disponible en el suburbio.
Por esa hambre que sus habitantes, especialmente los más jóvenes, tienen por mejorar su situación el P. Arcadio dice que el nombre del barrio debería ser Esperanza: "La gente vive el día a día en la esperanza. Pero, si comenzamos a reflexionar sobre qué ocurrirá a estos niños y niñas en el futuro, surgen muchos puntos de interrogación; aun así la gente va adelante como si estuviese llena de vida y sin problemas, admirable e increíble desde un punto de vista europeo.
Aquí puede uno darse cuenta que Dios es más grande que cualquier problema, por grave que sea. Realmente en el barrio se vive la esperanza. Si alguien está desanimado, poco a poco va recuperando la fuerza de vivir. Aquí no se oye hablar de suicidios; la gente sabe sonreír... Aquí se trabaja noche y día para intentar ahorrar dinero, salir de la pobreza y mejorar las condiciones de vida".
COMPARTIR LA VIDA Y LA FE
Una de las cosas que más ha sorprendido y estimulado al P. Arcadio desde su llegada a Old Fadama es la profunda fe y sed de Dios que manifiestan muchos de los habitantes del suburbio. "Aquí -dice el misionero- también tenemos reuniones en las que se comparten muchas cosas y vivimos juntos las dificultades. Hay personas con una fe muy profunda, incluso entre los que no frecuentan la iglesia porque no tienen la ropa adecuada. Todo esto me da la fuerza para seguir adelante. En este suburbio, la gran mayoría son musulmanes. Aquí es fácil hablar con Dios de diferentes formas; cada uno reza a su manera... Existen momentos muy hermosos y enriquecedores, pues muestran la riqueza que existe en los corazones de muchas de estas personas, sus valores y su profundidad de fe. Suele haber situaciones de gente enferma, y es entonces cuando suelen venir por la gran necesidad que tienen de sentirse personas e hijos de Dios. Desde esta perspectiva, la gente aprecia el hecho de que yo viva aquí con ellos. Para mí estas personas son un tesoro. Debo escucharlas, comprender lo que sienten, lo que esperan. Esto es importante para mí porque es importante también para Dios".
El P. Arcadio está convencido que su presencia, muchas veces callada, en medio de los habitantes de Old Fadama responde a la perfección y actualiza la idea que San Francisco de Asís tenía cuando enviaba a los primeros franciscanos: "Hay dos modos de comportarse: marchar y ser servidores de todas las personas por amor a Dios, o simplemente estar presente y confesar que somos cristianos".
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