EVANGELIZACIÓN Y DESARROLLO
Por Longinos López
Juan Pablo López Mendía es un sacerdote riojano que trabaja como misionero en Benín. Su labor no sólo sirve para dar a conocer el Evangelio de Jesús entre los baribá, los gendó y los peúl, sino que además, como encargado de Cáritas diocesana de M´Bali, impulsa y coordina diversos programas de Justicia y Paz, derechos humanos y promoción y desarrollo.
La vida de Juan Pablo ha estado marcada por una vocación, la del sacerdocio, ligada íntimamente a la entrega y a la cercanía con la gente. “Lo único que hago es ir de aquí para allá”, dice con cierta timidez Juan Pablo, cuando se le pregunta por su actividad en la parroquia de Fô-Bouré, en el norte de Benín. Pero en el fondo sabe que no es cierto.
Antes de ir a Benín, estuvo de párroco en su diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. “De sacerdote –me dice–, porque lo de párroco no me gusta; parece que yo estoy aquí y el pueblo allí. En una parroquia todos somos un equipo. En esta primera etapa estuve en tres parroquias: dos años en Logroño y otros dos en otra parroquia del casco antiguo de la ciudad; después, cuatro años en la Sierra de la Demanda. Allí trabajábamos otro sacerdote y yo. Atendíamos siete pueblos de montaña, cercanos todos a Canales de la Sierra... Disfrutábamos con la gente mayor. Después de ocho años, decidí irme a misiones”.
Juan Pablo tenía en su mente América, pero en la diócesis de Calahorra le dijeron que necesitaban gente para África. En septiembre de 1996 se fue para allá, al norte de Benín, a la parroquia de Fô-Bouré, diócesis de N’Dali. “Antes pertenecíamos a la diócesis de Parakou. En diciembre de 1999 se erige la nueva diócesis de N’Dali, que se excinde de Parakou. En Benín hay un crecimiento muy grande de los cristianos, la Iglesia católica está creciendo”.
En la parroquia de Fô-Bouré trabajan tres sacerdotes de la diócesis riojana: Fernando Azofra (desde 1995), Miguel Ángel Miranda (que llegó en 2002) y el mismo Juan Pablo López. “Estamos apoyados internamente por la diócesis de Calahorra. Es un acuerdo de diócesis a diócesis. Existe una colaboración para que, en España, concretamente en La Rioja, no se olvide el significado de la misión”.
EVANGELIZACIÓN Y DESARROLLO
Juan Pablo quiere resaltar su papel “de sacerdote” y la importancia de la evangelización, unida al desarrollo. “Pero nuestro trabajo es de evangelización, nuestra labor es acompañar a las comunidades, a través de las catequesis y las celebraciones eucarísticas, en el despertar de la fe. Nuestra tarea es estar con la gente, acompañarla. Llevamos 24 pueblos, donde viven principalmente tres etnias: los peúl, los baribá y los gendós. Los peúl son una etnia muy conocida porque están en Senegal, Camerún, Chad... Están por toda la franja occidental. Todavía no se han abierto a la evangelización, pues son nómadas y tenemos mayor dificultad para llegar a ellos. Ahora estamos traduciendo la Biblia en peúl”.
En cambio, los gendós son un pueblo del que no se sabe bien el origen pero ya se están abriendo a la evangelización. “Hay un renacer enorme de cristianos. Podríamos estar hablando de unos 5.000 cristianos, no todos bautizados, pero son catecúmenos que participan, que piden nuestra presencia en medio de ellos”.
Además de los trabajos propios de la evangelización, el equipo sacerdotal apoya el trabajo de las religiosas de la parroquia, que dirigen un dispensario, y todo el trabajo de promoción que hace la diócesis: construcción de pozos, pantanos, pequeños embalses. También todo lo que supone promoción de la mujer y alfabetización. Son programas de la diócesis, pero con seguimiento parroquial.
Desde el comienzo de la diócesis, el obispo pidió a Juan Pablo que se encargara de Cáritas diocesana de N’Dali. “Me encargo de toda la colaboración con Cáritas Benín y Cáritas Internacional. Además de Cáritas España, colaboran con nosotros Misereor, que es la Cáritas alemana; CRS, la Cáritas americana; Secours Catholique, la Cáritas francesa; y la ONG católica Manos Unidas”.
Juan Pablo destaca que en Benín la Iglesia católica es respetada y muy fiable. “Cuando terminó el régimen marxista-leninista, que fue un desastre, eligieron al obispo de Cotonú, Mons. De Sousa, como organizador de las fuerzas vivas del país, para dar lugar al proceso democrático. De hecho, la Iglesia es una de las instituciones del país con más prestigio, más reconocida y apreciada por la gente. Además, los obispos tienen mucha fuerza”, recuerda el sacerdote riojano.
Otro de los campos donde la Iglesia beninesa está seriamente comprometida es en el de defensa de los derechos humanos. La diócesis, a través del programa para la mujer, realiza importantes campañas de sensibilización en contra de prácticas tradicionales dañinas, como la mutilación genital femenina, el infanticidio o el tráfico de niños. “En nuestra zona es muy común la mutilación genital femenina. Todas las mujeres mayores de 50 años han sido circuncidadas. Ahora empiezan ya a no dejar que se les haga ese rito. Nosotros hacemos una campaña muy fuerte de sensibilización por todas las parroquias. Allí vamos lanzando mensajes continuamente”.
Juan Pablo apunta que antes el tema de la excisión era un orgullo y por eso se hacía una fiesta. “Lo pedían ellas. Después, tras años de compromiso en la sensibilización, ha llegado un momento en que se ha dejado de hacer, se comienza a ver mal, y se empieza a ocultar. Hay una contradicción entre las madres que dicen: a mí me lo han hecho, porque es la tradición, y a mi hija también. Ahora ya hay madres que comienzan a decir: a mí me lo han hecho, pero yo no se lo quiero hacer a mi hija. Ahora ellas saben que la práctica no es buena, que provoca muchas muertes de parto, muchas deformaciones, que el Estado lo penaliza. Nosotros hicimos una encuesta el año pasado en los pueblos que llevamos y en el 90 por ciento de los pueblos ya no se hace. Las mujeres son las que están implicadas en la sensibilización. El problema son las mayores, que quieren mantener la tradición”.
TRÁFICO DE NIÑOS
El programa de mujer de la diócesis apoya la lucha contra esta práctica, aunque también aborda temas de formación sobre salud, higiene, alimentación, derechos de la mujer y de los niños. “En Cáritas diocesana, dentro del programa de Justicia y Paz, tenemos uno dedicado al tráfico de niños, para evitarlo. El programa consiste en implicar a delegados, alcaldes... para poner fin a ese fenómeno. Lo mismo se hace con el problema de la excisión. Desde hace cinco o seis años se viene hablando abiertamente del tema de la excisión. Se habla en las homilías, en la radio, con la gente, en los grupos de formación de la mujer.
Empezamos preguntándoles: ¿Quién hace esto? Se señalan entre ellos y empiezan a esconderse. La hacen fuera de los pueblos, porque la práctica comienza a estar mal vista. Ahora ya estamos en otra fase: se va a por ellos. La ley te apoya, pero los policías están muy lejos. Tras la sensibilización, es fundamental el convencimiento personal, que es lo que va a provocar el cambio.
Con el tráfico de los niños el problema es similar. Vamos a un pueblo y llamamos al alcalde, al jefe del distrito o a las autoridades y se les dice: ‘Hay este problema’, y se empieza a hablar. Puede que no estén de acuerdo, porque ellos tienen necesidad de comer y los hijos les van a aportar algo. Porque si tuviesen comida y trabajo, nadie se iría de casa. Es la pobreza y la falta de medios lo que hace que la gente haga cosas que no son normales”.
Plantear el tema es el principio de la solución del problema. “Probablemente, después de hablar, se empieza a descubrir que el delegado del pueblo está implicado, también se comienza a saber que el traficante le paga algo y al taxista que viene aquí también. Así, sabiendo quién está implicado, las rutas y los horarios, se empieza a cercar a los responsables finales. En cada pueblo se crea un comité contra el tráfico de niños, que es el que hace el seguimiento. Y eso va generando el cambio”.
Juan Pablo subraya la importancia de contar con la red de Cáritas para la formación. “Si nuestro trabajo de sensibilización y formación de la mujer funciona bien es porque hay toda una red de Cáritas locales en cada pueblo. En todos los pueblos hay un grupo con una sensibilidad especial hacia lo social: eso es Cáritas. Formamos a esas personas para que tengan más capacidad de acción”.
POR UN FUTURO MEJOR PARA TODOS
La conversación va derivando hacia la situación económica del país, uno de los más pobres de África. “Los niveles de pobreza están aumentando en nuestra zona. El algodón era un cultivo que hace diez años estaba muy boyante, al que se dedicaba gran parte de los agricultores. Pero en los últimos años su precio ha bajado en picado... No merece la pena, les pagan tarde o no les pagan... Como es un sistema de préstamo, no les resulta rentable. ‘Te presto la semilla, te presto los insecticidas, te presto la maquinaria...’ Cuando van a cobrar, restan, y muchas veces el resultado es negativo. Afortunadamente, la solidaridad familiar equilibra un poquito las cosas y hace que el hermano que ha tenido beneficios pueda pagar lo del otro hermano que ha tenido deudas. Existe un gran sentido comunitario de la vida”.
Juan Pablo subraya que el pueblo beninés está esperanzado con el presidente Thomas Yayi Bony, que ha prometido grandes cambios en el país. “Es una cosa curiosa, porque es un economista. De momento, está empezando a juzgar y a pedir cuentas a los antiguos ministros. No sé si podrá hacerlo, porque la corrupción está a todos los niveles, desde el más pequeño, en un pueblo, al más alto nivel”.
Juan Pablo ha mencionado dos cuestiones decisivas para acabar con la pobreza, no sólo en Benín sino en todo el continente africano: la justicia en las relaciones comerciales y la lucha contra la corrupción y a favor del buen gobierno.
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