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Proyecto de desarrollo sostenible en Casamance
DE LA ESCUELA A LA COOPERATIVA


Por Luis E. Larra Lomas y Jean-ArsÈne Yao


La región de Casamance, al suroeste de Senegal, es el escenario de un proyecto de desarrollo económico, integral y sostenible que pretende mejorar las condiciones de vida del entorno y favorecer la circulación de bienes y personas. Su artífice es el sacerdote diocesano Christian Manga. El motor que puso en marcha el proyecto fue la educación con la implicación de los padres en la escolarización de sus hijos.

Diembéring es un pequeño pueblo senegalés situado en la costa atlántica, dentro de la Baja Casamance, la región más fértil pero también la más olvidada de Senegal. Tan solo 20 kilómetros le separan de la frontera con Guinea-Bissau; sin embargo, hay que recorrer más de 500 para llegar a la capital del país, Dakar. Más cerca está Ziguinchor, la capital administrativa de la región, donde se concentra el mayor número de católicos senegaleses, y todavía más próximo se encuentra Oussouye, el núcleo de población más grande del departamento al que pertenece Diembéring.

Ésta es la geografía sureña senegalesa donde comenzó, hace catorce años, un proyecto de desarrollo integral, sostenible y duradero, que ha permitido la reducción de los índices de pobreza y la mejora de las condiciones socioeconómicas de la población rural, perteneciente mayoritariamente a la etnia diola (a diferencia del resto del país, donde predominan los wolof) y dedicada a la agricultura y a la pesca.

Todo empezó en 1993, cuando su obispo envió al sacerdote diocesano Christian Manga a Diembéring para hacerse cargo de una escuela diocesana de enseñanza media y ayudar como vicario en la parroquia. “Este hecho me hizo especialmente feliz –señala el sacerdote senegalés–, ya que tengo la absoluta convicción de que la educación y la formación constituyen el punto central y la llave de un futuro digno para todas las personas sin excepción”.

Cuando asumió la dirección de la escuela, el centro contaba con menos de 100 alumnos, “porque la mayoría de los padres del resto de niños no tenían medios para pagar”. Fuera de las aulas, el espectáculo era bien triste: “Centenares de jóvenes vagaban sin actividad, sin ninguna aspiración, sin un futuro con el que soñar, y sólo buscando cualquier cosa para sobrevivir”. Para prevenir esta situación, que afectaba sobre todo a las niñas, el P. Christian animó a los padres a que invirtieran en la educación de sus hijos. “Intenté convencerles de que, incluso siendo sus ingresos escasos, podrían organizarse mejor para asegurar la escolarización de sus hijos”. No siempre consiguió el compromiso total de los padres y por eso tuvo que recurrir a un programa de apadrinamientos, “que funcionó muy bien”, pues en un plazo de cuatro años el número de alumnos se triplicó. “Esto demuestra que no es el deseo ni la voluntad de aprender lo que faltaba”, apunta el sacerdote, para quien “la educación es esencial, es una prioridad fundamental”.

Sin embargo, pronto se dio cuenta de que el apadrinamiento no solucionaba del todo el problema de la educación, que no consiste sólo en proporcionar material escolar, sino en procurar atención, cuidados y seguimiento. “Ya no era una cuestión de pedir ayuda externa. En ese momento comprendí que para conseguir una buena educación era imprescindible implicar a los padres al cien por cien, dándoles los medios para asegurar ellos mismos la formación de sus hijos. Por eso puse en marcha proyectos de desarrollo, como la disposición de huertas que cultiva-rían ellos y tener así un beneficio de la producción que les permitiera no sólo mejorar sus condiciones sino responder a todas las demás necesidades”.

Así surgió en el año 2000 el Centro de Promoción Agrícola y Social (CPAS), dedicado al desarrollo de la comunidad rural de Diembéring. Gracias a los buenos resultados, cuatro años más tarde el proyecto se extendió a otras comunidades de la Baja Casamance, dando origen a la Federación de Apoyo al Desarrollo del Departamento de Oussouye (FADDO), en la que están integradas también otras organizaciones de la zona. La predisposición a la colaboración de la población, la buena organización interna de las comunidades, unida a las óptimas condiciones de fertilidad de los suelos, hicieron posible la puesta en marcha del CPAS que, según Manos Unidas, la ONG católica que lo financia, se ha convertido en el mejor centro de estas características con fines no lucrativos en Senegal. Junto a un nutrido grupo de personal local, Christian Manga dirige esta organización a base de actividades de tipo productivo y de carácter social y formativo.

DESARROLLO DE LA COMUNIDAD

El origen del centro está en el desarrollo de la comunidad rural: “El proyecto comenzó siendo fundamentalmente agrícola, pero ahora es un centro de desarrollo integral que abarca la economía, la educación, la sanidad, el suministro de agua potable. En la zona hay gente que tiene que caminar varios kilómetros para recoger agua, pero con el proyecto intentamos hacer un pozo en cada pueblo. En cada pueblo o barrio hay un huerto para las mujeres. Tocamos también el tema de la pesca. Hasta ahora, hemos realizado proyectos comunitarios. Con la pesca y la ganadería –cría de pollo o cerdos–, intentamos realizar un proyecto en cada barrio o pueblo para que los jóvenes trabajen juntos de cara a desarrollar una mentalidad de grupo y así se sientan implicados”.

El centro es una antena de Cáritas diocesana, aunque su acción se dirige a todos: católicos, musulmanes, protestantes... “No miramos a quién beneficia. Empleamos a todo el mundo sin distinción de religión”. El P. Christian ha podido comprobar que la unión hace la fuerza y por eso desde el CPAS ha iniciado una federación para reagrupar a todas las asociaciones que trabajan por el desarrollo del departamento de Oussouye: “Me di cuenta de que hay asociaciones que trabajan cada una por su cuenta, sin que se vea un desarrollo real de la zona. Por eso les propuse federarnos, para tener una dirección única y conseguir el desarrollo de la región. Hoy, gracias a esta federación, el aspecto sanitario está solucionado, aunque falta todavía mejorar los equipos en dispensarios y maternidades”.

El objetivo final es llegar a una cooperativa, aunque el problema más grande es el de la comercialización. “La falta de salida comercial hace que la gente abandone los proyectos agrícolas y ganaderos. Con el centro y la federación estamos organizando la producción para llegar a una cooperativa y tener un mercado, porque esta zona es muy turística y hay muchos hoteles que tienen unas necesidades muy grandes. Con una buena organización, tendríamos una salida comercial importante”.

El P. Christian reconoce que el proyecto es ambicioso: “Hasta ahora lo que producen vale para la subsistencia de la familia y lo poco que sobra lo venden. No hay todavía una organización común. Es lo que intentamos paliar. Pero para llegar a esto tenemos que asegurar que disponemos de bastantes huertos para cubrir las necesidades de los hoteles. De momento, tienen que ir a Dakar. Lo que queremos venderles son alimentos, los frutos del huerto: tomates, pepinos, lechuga, calabacines, etc. Hoy por hoy sólo cubrimos tres meses, por eso estamos ampliando nuestra producción en el centro. También estamos buscando productores individuales de la región para que juntos cubramos la temporada turística”.

El P. Christian reconoce que el proyecto es ambicioso: “Hasta ahora lo que producen vale para la subsistencia de la familia y lo poco que sobra lo venden. No hay todavía una organización común. Es lo que intentamos paliar. Pero para llegar a esto tenemos que asegurar que disponemos de bastantes huertos para cubrir las necesidades de los hoteles. De momento, tienen que ir a Dakar. Lo que queremos venderles son alimentos, los frutos del huerto: tomates, pepinos, lechuga, calabacines, etc. Hoy por hoy sólo cubrimos tres meses, por eso estamos ampliando nuestra producción en el centro. También estamos buscando productores individuales de la región para que juntos cubramos la temporada turística”.

Desde el centro se han puesto en contacto con los hoteleros para que compren sus productos, pero todavía no tienen la capacidad para cubrir todas sus necesidades. “Estamos en una zona de cultivo de arroz. La población trabaja la tierra en la estación de lluvia (julio-octubre) y luego llega la cosecha (noviembre-enero). En noviembre los hoteles necesitan productos y, si no los tienen, se van a Dakar, donde tienen acuerdos con los proveedores para los seis meses que dura la temporada turística. Nosotros sólo podemos suministrarles los productos hasta final de febrero, por lo que queremos hacer un cultivo intensivo para poder cubrir toda la temporada turística. De momento estamos organizando a las mujeres para poder empezar cuanto antes y diversificar los productos según las necesidades de los hoteles”.

MUJERES ESTABLES

En este esfuerzo, las mujeres tienen un papel importante. “Durante la estación de lluvia todo el mundo está en el pueblo para cultivar el arroz. Pero después de la cosecha, los hombres se van fuera en busca de trabajo para ganar dinero, y sólo se quedan las mujeres; por eso trabajamos más con ellas, porque representan un grupo más estable. Con el turismo, esta tendencia está cambiando. Cada vez son más los hombres que trabajan en los hoteles”.

A los hoteles también les ofrecen conejos, patos, cerdos, pollos y huevos. “De hecho, en el centro estamos desarrollando cría de gallinas ponedoras. Respecto a la carne, no tenemos ningún miedo; podemos suministrarla a los hoteles toda la temporada. En cuanto a los huertos, todavía no podemos”. La mayoría de los trabajadores son de la región, “pero los que mandan en los hoteles suelen ser de fuera, porque son hoteles de cadenas internacionales”. Los empleados no están bien remunerados y, además, sólo trabajan seis meses. “Por eso estamos sensibilizando a la gente para que entienda que aprovechar el turismo no es sólo trabajar dentro, sino trabajar para proponer cosas”.

Las autoridades locales valoran el proyecto y el esfuerzo realizado: “De momento están contentos con nuestro trabajo, aunque con la corrupción también intentan aprovecharse. Para darnos alguna autorización, intentan sacarnos algo, pero nos facilitan mucho el trabajo”.

El P. Christian afirma con fuerza que el proyecto de desarrollo sostenible tiene otras consecuencias beneficiosas pues puede solucionar el problema de la emigración, dentro y fuera del país: “Este programa de desarrollo es una parte de la solución, porque todos los jóvenes que han ido a Dakar para buscar trabajo están regresando a pedirnos empleo. Ahora tenemos casi 50 jóvenes que trabajan con nosotros y nunca a ninguno de ellos les he oído hablar de emigrar. Si los proyectos se extienden a toda la región, sería una solución porque cuando la gente encuentra lo que quiere en su tierra, no tiene necesidad de ir a otro lugar”. Este sacerdote senegalés vino en febrero pasado a España para presentar la Campaña 2007 de Manos Unidas “Sabes leer, ellos no. Podemos cambiarlo”, con un mensaje muy claro: “Es posible encontrar la felicidad en nuestra tierra. Depende de si tenemos ayudas, porque si disponemos de los medios nos desarrollaremos y permitiremos a la gente quedarse en su tierra”.

UN PUENTE SOLIDARIO

Christian Manga habla diola y francés, además de manejarse perfectamente en español. “Lo aprendí en el instituto, porque estudiaba una carrera científica, pero al venir a Cataluña he ido mejorando mi habla”. La pregunta es obvia: ¿Qué le trajo a Cataluña? “Fui invitado por unos amigos, aprovechaba para charlar con la gente, presentar los proyectos que tenía y las necesidades de la población de mi parroquia”. Y en este punto es cuando Christian nos cuenta “una historia muy bonita”, como él la califica: “Una chica de Cataluña fue a mi parroquia tres meses de vacaciones, pero también de reflexión porque decía que antes de casarse tenía que olvidar lo pasado para empezar una nueva vida. Nos conocimos durante su estancia. Antes de regresar me dijo que quería colaborar con un orfanato, pero como no teníamos ninguno le sugerí que me ayudara a realizar un proyecto de huerto para mujeres. Una vez en España, me invitó pagándome el pasaje. Vine, hablé con la gente y vi cómo se animaban. Desde entonces, cada año me invitan. Ella trabajaba en una entidad bancaria. Junto con sus compañeros formaron la asociación ‘Tot Home’ para financiar pequeños proyectos. El primer proyecto que financiaron es nuestro primer huerto. Desde entonces, los pueblos de alrededor me escribieron para pedir la financiación de su huerto, porque el proyecto funcionaba bien. Fue el principio de todo. Después Manos Unidas es la que nos ha permitido poner en marcha la granja y el CPAS, desde el que estamos llevando a cabo un montón de proyectos en la zona”.

     

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