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Juan Sánchez Arenas. Misionero Comboniano





Lánzate a caminar

Por Juan Sánchez Arenas



El aprendizaje de la vida se hace caminando. Nuestros pasos indican el camino a seguir, el sentido de la existencia. En esta experiencia descubrimos que Dios nos llama y nos invita a caminar. Somos caminantes que compartimos nuestra humanidad y el aliento divino con rostros nuevos en el seguimiento de Jesús de Nazaret.


Las personas llevamos muy dentro el deseo de caminar. Desde pequeños hacemos grandes esfuerzos para conseguir este fin; nos arrastramos por el suelo para ponernos en pie, hacemos pinitos e intentamos dar los primeros pasos. La satisfacción de andar se asemeja a la de sentirnos protegidos. Con el tiempo se establece cierto equilibrio y nuestras manos agarran todos los objetos que están a nuestro alcance. Parece que el aprendizaje de la vida se hace caminando, y si hay gente que nos anime, ¡mejor!

Pasos seguros

Son muchos los pasos que damos a lo largo del día. Unos para llegar al colegio, a la universidad, al trabajo; otros para salir con los amigos, hacer deporte, dar un paseo. Todos forman parte de nuestro caminar. Sin embargo, algunos tienen un significado especial. Posiblemente aquellos que exigen más esfuerzo y no son tan apreciados como debieran. Por eso, hay que fijar la mirada, prestar más atención a estos pasos seguros. Pues son ellos los que nos indican el camino a seguir, el sentido de la vida.

Hace pocos días participé en una vigilia de oración en la parroquia San Juan Evangelista de Madrid como preparación a la Jornada Mundial de la Juventud 2011. Me llamaron la atención los testimonios que dieron varios jóvenes: Miguel Ángel contó que a los 14 años comenzó a engancharse a la droga y que “no le importaba nada ni nadie”; otro joven nos habló de su dependencia a los juegos de máquinas, e Ignacio de cómo recuperó su fe. Tuvieron la suerte de liberarse en la “Comunidad de Encuentro” con la gracia de Dios.

Estas y otras experiencias nos sirven de alerta para nuestro caminar y escoger los pasos que proporcionan vida. Es verdad que todos queremos acertar y orientar nuestra existencia para lo mejor. Sin embargo, hay momentos y situaciones que nos ciegan o nos llevan por caminos contrarios.

La experiencia es maestra de nuestros autoengaños, que, sin embargo, forman parte de nuestro aprendizaje. Por eso, potenciar experiencias que nos llevan a dar pasos de crecimiento es percibir el camino del Espíritu de Dios. En esta dirección encontramos el sentido más pleno de nuestra vida, nuestra vocación.

Tres jóvenes peregrinos delante del castillo de Ponferrada, en León

Caminar vocacional

En la Biblia vemos cómo Dios invita a dar pasos a hombres y mujeres en su caminar vocacional. A Abraham le dice: “Sal de tu tierra y de la casa de tu padre” (Gen 12, 1-7); a Moisés: “Yo te envío al faraón para que saques a mi pueblo de Egipto” (Ex 3, 1-12); a Rut: “Donde tú vayas, yo iré, donde habites, habitaré” (Rt 1, 1-18); a Jonás: “Ve a Nínive” (Jon 1, 1-2); a María: “Concebirás un hijo a quien pondrás por nombre Jesús” (Lc 1, 26-38); a los discípulos: “Rabí, ¿dónde vives? Venid y lo veréis” (Jn 1, 35-51); y a Pablo: “Levántate, entra en la ciudad y allí te dirán lo que tienes que hacer” (Hch 9, 1-30).

Está claro que todos sienten que estas palabras van dirigidas a ellos. Aunque tengan miedo y se vean limitados, se hacen cargo de lo mucho que hay que hacer y se comprometen a dar el paso. Perciben una fuerza irresistible que les impulsa a dejarlo todo y ponerse en camino.

Esta necesidad de ir hacia adelante está cargada de confianza y de entrega generosa a quien les llama. Y es en esas experiencias donde descubren que Dios les llama y les invita a caminar. Muchos son los caminos, pero una sola fe los guía y conduce.

Caminantes en la vida

De una o de otra manera, todas las personas sentimos pasión por caminar. Somos caminantes en la vida. El mismo Jesús de Nazaret fue un hombre andariego en camino por su Palestina querida. Los evangelios narran que antes de nacer tuvo que viajar en el vientre de su madre de Nazaret a Belén y para librarse de la matanza de los niños ir a Egipto.

Además, desde los inicios de su actividad misionera recorrió toda Palestina y alrededores curando todo tipo de enfermedades y predicando el Reino de Dios. Fueron muchos los pasos dados con la mirada permanente en su abbá Dios hasta su muerte y resurrección.

Los misioneros, que somos seguidores de Jesús, hacemos muchos kilómetros por zonas desérticas o de selvas, poblaciones lejanas de las grandes urbes o en las periferias de las ciudades. La pasión por las personas y por Dios nos lleva a realizar ese encuentro de júbilo y esperanza. Poder compartir nuestra humanidad y llevar el aliento de Dios a hombres y mujeres, a niños y ancianos, nos hace felices. Las dificultades en el camino no paralizan nuestros pasos porque el Espíritu de Jesús nos hace sentir que Dios es Padre de todos y nosotros hermanos, Iglesia-familia de Dios.

Plaza del Obradoiro, Santiago de Compostela

Con rostros nuevos

A final de mes entramos en Semana Santa, tiempo oportuno para acompañar a Jesús en su caminar hacia Jerusalén. Momento adecuado para participar de una Pascua Joven Misionera. Ella te ayudará a dar pasos seguros en tu búsqueda vocacional, pues compartir tu fe con rostros nuevos en la presencia de Jesús y de otros jóvenes te ayudará a ser más solidario con los rostros desfigurados y a recobrar la esperanza como los discípulos de Emaus (Lc 24, 13-35). Al mismo tiempo, Jesús te llama a dar pasos con el rostro de los resucitados.

En este Año Compostelano se te brinda la oportunidad de hacer el Camino de Santiago. Son muchos los grupos religiosos y diócesis que organizan este evento. Las fechas y puntos de salidas pueden ser diferentes, pero en el peregrinar todos experimentan el encuentro consigo mismos y con los demás, se descubren valores humanos y de interioridad.

La oportunidad de caminar, sudar, pensar y contemplar la naturaleza son una realidad. El cansancio y el alivio, el silencio y el hacer amigos, la sonrisa y la solidaridad, se perciben al andar. También hay grupos que son ayudados a lo largo del camino a experimentar a Dios por medio de su Palabra y de los sacramentos. Y para los grupos misioneros, la experiencia de la internacionalidad no puede faltar.

El P. Juan Sánchez durante el lavatorio de pies del Jueves Santo, en el Cotolengo de Granada

El Cristo amigo

Ve hacia adelante y no pares de caminar. Aunque tus pasos sean pequeños, deja que se cruce en tu vida Jesús de Nazaret, el Cristo amigo. Él te mira con cariño, como al joven rico, y te pregunta por tu vida: ¿caminas conmigo o vas detrás del dinero? (Lc 18, 18-23), pues no se puede servir a los dos a la vez.

Ánimo, que Jesús sea tu fuerza y tu luz; responde a su llamada. No tengas miedo y deja entrar en el viaje de tu vida al que es el Camino de todos los que soñamos por un mundo más justo y más humano. Que tu entrega a la vida misionera no tarde.




     

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