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Juan Sánchez Arenas. Misionero Comboniano






ACOGER LO NUEVO

Por Juan Sánchez Arenas

Comenzamos un Año Nuevo. En este viaje de 365 días abrazamos lo nuevo. Salvar la Tierra y construir la Paz es trabajo de todos. Los magos de Oriente nos convidan a ser estrellas y misioneros de la luz. Ha llegado el momento de aproximarnos a África con la intensidad de San Daniel Comboni. En este mundo globalizado soñemos bien alto, teniendo a Jesús como lo nuevo y el acompañante en los desafíos de la misión hoy.


Nace un Año Nuevo para nosotros. El 2008 despierta frescor y juventud. Algo nuevo esperamos y, de brazos abiertos, lo acogemos. Auguramos días llenos de confianza y de sentimientos positivos. En nuestras manos está el dar vida y calor humano. Las novedades brotarán y nuestros ojos han de estar atentos. Oiremos voces diversas y escucharemos las que nos convengan. Nuestro pregón animará a generaciones nuevas y su alcance será planetario. De esta manera, permaneceremos activos en el brotar de lo humano y lo divino, en acoger lo nuevo.

Iniciamos un viaje de 365 días. Un viaje con desafíos, crecimiento personal, autoresponsabilidad y recorrido interior. En nuestro asumir la realidad, permitiremos el lenguaje de las lágrimas, las fatigas y los éxitos; estableciendo una conexión entre cabeza y corazón. Estaremos atentos al desarrollo emocional y cerebral. De esta manera, nos sentiremos más fuertes, más sabios, más equilibrados y con mayor confianza en nosotros mismos.

Hace pocos días estuve en la Sierra del Rincón, la reserva de la biosfera y el espacio natural protegido más joven de la Comunidad de Madrid. En este evento, el biólogo Javier Castroviejo, Premio Nacional de Medio Ambiente, nos habló de la importancia de este ecosistema dentro de los 507 aprobados por la UNESCO. Las autoridades locales y los 80 jóvenes participantes quedaron bien concienciados. Al día siguiente, subimos a la Peña de la Cabra por dos sendas. Durante la marcha pudimos saborear su paisaje y su flora maravillosa. También experimentamos la fatiga, la tenacidad y la solidaridad. Ya en la cumbre, alrededor del vértice geodésico, a 1.880 metros de altitud, gozamos de la comunión con la naturaleza y con Dios.

SALVAR LA TIERRA

Esta espiritualidad ecológica de salvar la Tierra, es tarea de todos. Los expertos sobre el cambio climático nos ofrecen datos de que ya estamos dentro del calentamiento planetario. Este fenómeno natural ha sido acelerado enormemente después de la revolución industrial debido a la actividad humana. Esta gran Madre Tierra que nos transporta y nutre está pidiendo un cambio para evitar que muchas ciudades y millones de personas corran el peligro de desaparecer. En este contexto, los pobres están amenazados a morir prematuramente.

Por otro lado, sabemos que la naturaleza no ha alcanzado su madurez al igual que el ser humano. Ambos participan de este crecimiento y gimen a la espera de la maduración de los hijos y las hijas de Dios (Rom 8, 22). Hasta que Dios pueda decir: "Y todo era bueno". Por tanto, vamos a comprometernos en este proceso de alianza de paz y hermandad entre nosotros los humanos, con la naturaleza y con Dios. Las cuatro "erres" pueden ayudarnos a pilotar esta aventura: reducir, reutilizar, reciclar y replantar.

Con las 12 campanadas y las 12 uvas festejamos el día primero del año. Todos nos felicitamos, deseándonos alegría y paz. Litúrgicamente nos acompaña Santa María Madre de Dios y civilmente celebramos la Jornada Mundial de la Paz. Ambos acontecimientos nos llevan a contemplar al Autor de la paz. Pues toda la humanidad está sedienta de paz y el mismo universo pide orden. La paz es tarea de todos y exige nuestro empeño. Jesús de Nazaret es nuestro principal animador. Con Él podemos ordenar nuestro desorden humano y ser agentes de paz a niveles más amplios.

Cuando estaba en Mozambique, ni las campanadas ni las uvas existían. Sin embargo, cogía la radio y escuchaba las campanadas para entrar en comunión con la tierra y la gente que me vio nacer. Nadie escapa de su tierra, ni el misionero o misionera que procura encarnarse en realidades distantes y lejanas a su cultura de origen. Sin embargo, ahí es desde donde lo nuevo y lo diferente aparece como herencia gratuita de un Dios que ama y quiere la paz entre los humanos. El abrazar lo nuevo es doloroso, pero capacita y amplia la comprensión de la fraternidad.

LUZ RESPLANDECIENTE

Cada pueblo tiene sus tradiciones y costumbres. Entre nosotros los Reyes Magos nos recuerdan la magia de las cartitas y de los regalos que se ofrecen a las niñas y a los niños. Pero más allá de este gesto maravilloso, los magos de Oriente se convierten en estrellas y misioneros de la luz. Son el símbolo de tantos jóvenes que se preguntan, buscan y caminan hasta encontrar la luz del Niño Jesús para adorarlo. Así pues, una vez tocados por esa Luz resplandeciente, descubren el camino del amor con más intensidad y les impulsa a manifestarla.

Hoy día vemos jóvenes tocados por la chispa de Dios. Llevan dentro la estrella de la alegría y de la esperanza. Sienten que la manifestación de Dios ilumina la humanidad de múltiples maneras. Se dejan sorprender por la naturaleza, la música, la oración, los amigos, los niños, los ancianos, los inmigrantes, los misioneros. Ellos están abiertos a intercambiar los zapatos con otros que ni siquiera tienen y apuntan, con los misioneros, que la estrella salvadora se dirige al Sur empobrecido.

Ha llegado el momento de fijar nuestros ojos en África con la misma intensidad que San Daniel Comboni. Sus 950 millones de personas esperan el resplandor de la solidaridad en todos los sectores de la vida. Esta zona del planeta tan excluida, oprimida y olvidada pide nuestra ayuda. Pues bien, en este intercambio de energías saldremos todos enriquecidos. Abracemos el Año Nuevo con la puesta en práctica de los acuerdos alcanzados en la Cumbre de Lisboa entre la Unión Europea y África para que todos los niños puedan tener sus zapatos y recibir sus regalos.

Un grito de profecía lanzó Juan Bautista denunciando el pecado personal y social. Habla de conversión y proclama que el Mesías está llegando. Este Mesías, Jesús de Nazaret, sintió la necesidad de bautizarse por Juan, no tanto por el pecado o la conversión que no necesitaba, sino por la llegada del Reino. Jesús mismo era la novedad: su persona atraía y seducía, podían acercarse todo tipo de personas y enseñaba con autoridad (Mc 1, 27). Hasta el pueblo decía: "Nunca hemos visto cosa igual" (Mc 2, 12); "Hoy hemos visto cosas increíbles (Lc 5, 26); "Jamás se ha visto uno así en Israel" (Mt 9, 33). Efectivamente, lo nuevo es Jesús.

SOÑEMOS

 

Acoger lo nuevo es seguir a Jesús, compartir su vida. Sabiendo que Él está con nosotros desde el principio (Mt 1,13) hasta el final (Mt 26, 20). Con esta certeza, nos ponemos en camino de conversión y transformación. Siendo conocedores de que sin el aliento del Espíritu Santo nuestra naturaleza se desvía por sendas oscuras: En vez de servir, nos aprovechamos; en vez de levantar, pisamos; en vez de mantener relaciones comunitarias, nos aislamos; en vez de soñar, nos desanimamos.

Soñemos y soñemos bien alto en este mundo globalizado. Apostemos por que la realidad pueda ser transformada y salvada con la presencia gozosa de Dios-Amor. Tomemos como inspiración al profeta Isaías cuando describe la paz mesiánica: "Saldrá un renuevo del tocón de Jesé... Sobre él se posará el espíritu del Señor. La justicia será cinturón de sus lomos... Habitará el lobo con el cordero... El niño jugará en la hura del áspid... No harán daño ni estragos por todo mi Monte Santo: porque está lleno el país de conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar" (Is 11, 1-9).

La misión pide inculturación, reconciliación, diálogo con todos y trabajar más unidos. En esta maravillosa aventura misionera, Jesucristo te convida a participar. Por eso, en tu búsqueda de orientación de vida, no olvides que Dios te ama y te llama. Unido a todos los jóvenes que desean vivir la misión como experiencia de solidaridad y fraternidad, te deseo un feliz Año Nuevo.




     

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