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Juan Sánchez Arenas. Misionero Comboniano






ABIERTOS A LO NUEVO

Por Juan Sánchez Arenas



Un Año Nuevo nos llega. Lo acogemos con ilusión y alegría. Guiados por el Lucero radiante del alba que es Cristo, trabajamos por la paz. Estamos abiertos a lo nuevo como semilla de Dios y damos un sí a su llamada. Nos comprometemos con el “manifiesto” del Fórum de Pastoral con Jóvenes y, jubilosos, aplaudimos la primavera vocacional que viene de África.


Con ilusión y alegría acogemos el Año Nuevo 2009. Nuevo en la temporalidad y manifestación de vida. Aparece como regalo y desafío en nuestro quehacer. Nos brinda, también, la novedad y la creatividad de lo cotidiano. De puertas abiertas y con horizontes amplios, caminaremos juntos. En la diversidad encontraremos atisbos para crecer y en la debilidad pediremos ayuda. Con los pies en el suelo, seguiremos soñando un mundo mejor y buscaremos maneras para ello. Los voceros de los grandes medios escucharán nuestras noticias y los angustiados por la crisis económica nuestra sonrisa. El compromiso y la fiesta no faltarán.

Trabajar por la paz

La aurora del primer día del año nos despierta con la Jornada Mundial de la Paz y la fiesta de Santa María, Madre de Dios. Envueltos en esta festividad, podemos preguntarnos: ¿Cuándo llegará el día en que las armas se transformen en instrumentos de vida? ¿Estamos dispuestos a acabar con los negocios que producen guerras, muertes e inestabilidad social? Pienso que tú y yo, con una multitud de personas más, trabajamos por la paz y esperamos que llegue el día en que “habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos. No harán daño ni estragos por todo mi monte santo; porque está lleno el país de ciencia del Señor” (Is 11, 6.9).

En la andadura de aprender a resolver conflictos, a disolver enemistades y a construir la paz, necesitamos del Dios encarnado: Jesucristo. Él es la persona de referencia que viene a nuestro encuentro. Con su palabra llama “dichosos a los que trabajan por la paz, porque a ésos los va a llamar Dios hijos suyos” (Mt 5, 9). Necesitamos del Espíritu de Jesús para que la paz haga su nido en nuestra mente y corazón. El grito por la paz pide ayudas por todos los lados. La humanidad necesita de personas que se empeñen por la paz, de jóvenes que deseen compartir sus vidas en todas las direcciones para construir un mundo más justo y más humano.

Lo nuevo que llega

Los Magos de Oriente nos muestran la apertura a lo nuevo que llega. Desde que vieron la estrella hasta que se arrodillaron ante el Niño, fue un camino largo y laborioso. Ellos nos dejaron la certeza de que los que miran llegan a ver, los que buscan llegan a encontrar y los que perseveran logran la recompensa. También son un modelo de fe: vieron, se dejaron iluminar, empezaron a caminar, adoraron, ofrecieron y se transformaron. Fueron los primeros representantes de los pueblos “no escogidos”, partícipes de la salvación de Dios y testigos de que la estrella ilumina a toda la tierra.

Es necesario tener los sentidos abiertos para percibir las manifestaciones de Dios. Éstas aparecen en todos los lugares y situaciones, por más insignificantes que parezcan. Las puedes captar en el amor de tu madre, la sonrisa de un niño o en la satisfacción de la amistad. Nosotros los misioneros percibimos la presencia divina por todos los costados.

Nuestro radar tiene alcance planetario. Pues cada vez que pisamos una tierra nueva vemos la “semilla de Dios”. Esto requiere acercamiento al diferente desde la amistad, escucha atenta de vivencias ancestrales, respeto a interpretaciones de la existencia y costumbres distintas, ver signos de vida y de esperanza, y mucho amor a las personas.

 

El fuego de la entrega

La vocación es una llamada de Dios a una persona concreta. Si te llama es porque se ha fijado en ti con cierta predilección. Ha encendido en ti el fuego de la entrega. Si te dejas encender por Él, es fácil reconocerle. Si te entregas, sentirás la cercanía de Dios. Él te indicará el camino y te dará la fuerza necesaria para llevar adelante tu vocación.

Sin embargo, sentirás cierto miedo y preocupación al percibir que Dios se acerca para desinstalarte, acabar con tu rutina y comodidades. Sentirás que Él te aprieta para entrenarte y meterte en un camino desconocido. No obstante, la decisión es tuya. Dios no impone, pero ofrece. Cristo no fuerza, pero seduce. Intenta responder a estas dos preguntas: ¿Para qué tarea estoy llamado? ¿En qué lugar del mundo pongo mis talentos?

La Iglesia y la sociedad precisa de personas, de jóvenes, de instituciones que lleven adelante la humanidad con nuevo impulso. En este sentido, nos unimos y nos comprometemos con el “manifiesto” del Fórum de Pastoral con Jóvenes del 9 de noviembre de 2008 en Madrid. Me alegro de que públicamente tengamos una mirada positiva y esperanzadora de la realidad en que nos toca vivir y pensemos que el futuro está en las manos de Dios.

Que Jesús sea el centro de nuestras vidas nos estimula para que cada uno asuma su tarea con audacia y renovación. Me llena de gozo el que se promuevan comunidades cristianas abierta, para acompañar a los jóvenes y ayudarles a interiorizar y construir su identidad personal. Me consuela saber que para recuperar la fe entremos por el camino de la solidaridad y que los jóvenes compartan la alegría de la fe con otros jóvenes para celebrar la próxima Jornada Mundial de la Juventud en agosto de 2011 en Madrid.

Hacer algo por los demás

Acaba de llegar de Uganda el P. José Juan Valero Maciá, natural de Elche (Alicante), misionero comboniano, que lleva allí 11 años. A pesar del cansancio del viaje, tuvo la delicadeza de compartir con nosotros su llamada vocacional y su experiencia misionera. Las imágenes de hambruna en que vivían las personas de Etiopía y Eritrea en el período de guerra presentadas por Televisión Española tocaron su corazón. Se decía: “Aquí la mesa llena y allá no tienen para vivir”. Pero el impacto final fue al escuchar la experiencia de la misionera comboniana María del Carmen Herrer sobre Sudán en su parroquia. El deseo de hacer algo por los demás le llevó a dar el paso y entró en el Postulantado comboniano de Granada. Las siguientes etapas formativas le ayudaron a cultivar su interioridad con Dios, sentir la hospitalidad, romper esquemas mentales y saber estar con otros jóvenes de nacionalidades diferentes.

El 7 de octubre de 1997 llega a Uganda como misionero. El país estaba en guerra. Cuenta que en su primera Navidad, ya entrada la noche, hubo disparos en la misión de Lira. Él pensaba que eran fuegos artificiales. Pero la realidad era diferente. En esta situación aprendió a estar con la gente como centinela esperando el alba.

Después fue transferido a Lenga. Otra vez a comenzar de cero, aunque era la misma etnia de los lango, pero la mayoría de estos eran pescadores. Decía con fuerza: “El misionero no puede vivir sin oración”. La confianza en Dios y el convivir con la fragilidad son componentes necesarios para vivir la misión. Amar a las personas y dejarse amar se entrelazan en la vida misionera.

Primavera vocacional

En el cambio de parroquia a la casa de formación se ve algo nuevo. Lleva dos años en el Postulantado de Jinja y la simiente sembrada crece y aparece en los postulantes que vienen de todas las etnias, pero unidos por una misma fe. Viven una primavera vocacional. Los que están con las bicicletas son los 16 postulantes combonianos que estudian Filosofía, trabajan en la huerta y hacen apostolado en dos prisiones y en la periferia de la ciudad. Llevan ilusión y esperanza a los ancianos, prisioneros y enfermos de sida.

El movimiento de jóvenes cristianos y universitarios procura construir una Iglesia nueva, más cercana a los desafíos actuales como réplica a las sectas. Ellos mandan saludos a nuestra familia unida en Cristo. Agradecemos el testimonio del P. José Juan y queremos que lleve nuestros saludos a la familia cristiana que está en Uganda. ¡Feliz Año Nuevo!




     

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