IR AL ENCUENTRO
Por Juan Sánchez Arenas
Nos metemos de lleno en la Cuaresma,
un tiempo que viene a
despertar nuestra fe y nos ayuda a
percibir las manifestaciones de
Dios en nuestra vida. Nos invita a
superar ofertas fáciles y a dejarnos
llevar por el Espíritu. El testimonio
del Hno. Miguel Ángel Niño del
Portillo, misionero comboniano,
nos impulsa a salir al encuentro del
otro y a saber escucharle. Los
pigmeos necesitan nuestro apoyo.
En medio del folclore carnavalesco y de la
campaña electoral, nos metemos de lleno
en la Cuaresma. Este tiempo fuerte
nos introduce en el encuentro con los
profetas, con Jesús, con los demás y con nosotros
mismos. Tiempo de interiorización y trascendencia,
que viene a despertar nuestra fe y a reavivar
la conversión desde el Evangelio para cambiar de
vida y desarrollar la experiencia de encuentro en
lo cotidiano.
Si lanzamos una mirada a nuestro alrededor,
constatamos que son pocos los jóvenes que tienen
la oportunidad de disfrutar de este tiempo
fuerte de espiritualidad. La mayoría están fuera
de nuestras ofertas eclesiales. Al mismo tiempo,
verificamos que los jóvenes experimentan la
"fiesta" en las noches de los fines de semana. La
noche complementa lo que falta al día y las relaciones
de igualdad aparecen; la música unifica y
la bebida desinhibe.
Esta realidad de la noche vivida por los jóvenes es un espacio de encuentro, de escucha y de mayor libertad. Sus múltiples manifestaciones afectivas les hacen sentirse personas en su individualidad. El calor humano y de amistad inyecta alegría en sus vidas. El regreso a casa contrasta con el sentir de otras generaciones. Sin embargo, lo vivido y experimentado va por dentro. La escucha se hace cada vez más importante y el diálogo generacional vital. Por tanto, todo indica la urgencia de ir al encuentro de estas manifestaciones
juveniles y de ver lo positivo de ellas.
La simbología cuaresmal nos introduce a peregrinar
por el desierto (camino) como lo hizo el
Pueblo de Dios. Peregrinación que es tiempo de
prueba, de tentación y de éxodo; pero, también,
tiempo de gracia y de acción de Dios en beneficio
de su Pueblo, de cada uno de nosotros. En este
desierto existencial (despojamiento) podemos
percibir las manifestaciones de Dios en nuestras
vidas como aconteció con Moisés, con Elías y
con Jesús (Lc 4, 1-13).
SUPERAR OFERTAS FÁCILES
Pasar de la inercia a la interioridad es fruto del Espíritu. Superar ofertas fáciles requiere esfuerzo, autodominio
y mucha gracia de Dios.
Nuestro ayuno verdadero (conversión)
es actuar en la luz renunciando
a las actividades de las tinieblas
(Rom 13, 12). Con otras palabras, dejarnos
guiar por el Espíritu que anima
a superar los bajos instintos y
nos lleva a producir frutos de vida:
"amor, alegría, tolerancia, agrado,
generosidad, lealtad, sencillez, dominio
de sí" (Gál 5, 16-24).
A primeros de enero me encontré
con el Hno. Miguel Ángel Niño del Portillo,
misionero comboniano, natural de Segovia,
que venía de vacaciones y de revisiones
médicas. Con mucha naturalidad y
sonrisa en los labios compartió conmigo su
experiencia vocacional misionera. Tuve la oportunidad
de acercarme, una vez más, a nuestra
África querida.
Con alegría escuché el comienzo de su historia
vocacional: "Fue el ejemplo cristiano de mis padres
y la experiencia de un misionero capuchino
que había estado en Ecuador, lo que me ayudó a
decir ¡quiero ser misionero!". Un hermano suyo
le indicó algunas congregaciones misioneras
donde dirigirse y fue el P. Enrique Faré el primero
en atenderle. La providencia le introdujo en la familia comboniana e hizo el proceso formativo
como candidato a Hermano. Profesionalmente se
formó en carpintería, electricidad y albañilería.
Su primera experiencia misionera fue en Togo,
entre 1971 y 1976. Después del aprendizaje de
la lengua local se encargó de llevar adelante una
Escuela de Formación Profesional y el internado
de los jóvenes. Ayudó a construir centros escolares
e iglesias. Más tarde, se dedicó más al contacto
con las personas y al anuncio directo en las
poblaciones de Vogan. En resumen, en este dar y
recibir misionero, aprendió a acoger a las personas,
a tener más paciencia y a recibir a Cristo para
darlo. Le marcó, también, la manera cómo la
gente se da y comparte lo que tiene.
SABER ESCUCHAR
La segunda etapa misionera
del Hermano Miguel Ángel Niño fue en
Zaire, de 1980 a 1987. Este hermoso país
era gobernado por Mobutu Sese Seko con
su política de "autenticidad" ya en decadencia.
Después de aprender la lengua
lingala fue destinado a la parroquia de
Ingilima en medio de la tribu azande al
noreste del país, en plena selva tropical.
Allí ayudó a terminar la construcción
del hospital, a llevar adelante la
plantación de café y se dio a conocer a
toda la población. Más tarde, fue trasladado
a Isiro, parroquia con 25.000
habitantes y 80 capillas. En todo este
periodo de tiempo, vio la necesidad de
aprender la lengua local, de ir al encuentro
de la gente y de saber escuchar. Es decir,
entrar en contacto con las personas para
animarlas y darles fuerza para construir
el país.
Su tercer periodo en la misión comenzó en
1991 y dura hasta hoy en este rico y sufrido país
de Zaire, actualmente República Democrática de
Congo. Su actividad misionera siempre se situó
en el noreste del país. Primero trabajó en la parroquia
de Tadu, diócesis de Isiro, donde encontró
un equipo de personas muy honestas que le
ayudaron a construir un Instituto Agrícola y una
Maternidad. Al mismo tiempo, tenía un grupo de
jóvenes, a los que intentaba unir para trabajar y
vender el arroz y el maíz en las zonas mineras.
Traigo a mano algunas fechas históricas de
este país para facilitar nuestra comprensión de
la realidad. En octubre de 1996 comienza la rebelión
dirigida por Laurent Desiré Kabila, que
en mayo de 1997 toma Kinshasa, la capital. Se
proclama jefe de Estado y pone al país el nombre
de República Democrática de Congo. Mobutu
se exila en Marruecos. El 16 de enero de 2001 es asesinado Kabila y le sucede su hijo, Joseph
Kabila. El 30 de junio de 2003 comienza el gobierno
de transición.
INTEGRAR A LOS PIGMEOS
Entre 1995 y 1999,
Miguel Ángel estuvo trabajando en la pastoral de
los pigmeos, viviendo en Wamba. La diócesis de
Wamba había elaborado un Plan Pastoral Común
para que todos los misioneros y agentes locales
entrasen en una Pastoral Conjunta e integrar
a las poblaciones de los pigmeos en la comunidad
cristiana y en la sociedad congoleña.
Era tanta la inestabilidad política y la marginación
que sufrían, que preferían refugiarse en la
selva, cuando son ellos los primeros moradores
del centro de África. Se estima que viven en la
diócesis más de 40.000 pigmeos.
| |
 |
 |
A finales de 1999 los superiores le destinan a
Yanonge, a 60 kilómetros de Kisangani, a una parroquia
bañada por el río Congo. Comentaba que
los jóvenes que viven cerca de las grandes ciudades
tienen ya toda la influencia de la globalización.
La televisión, videos, Internet y móvil están
a su alcance. También existe respuesta vocacional
para el sacerdocio diocesano y para la vida consagrada. Comentaba que acompañar a los jóvenes
exige bastante pero vale la pena pues tienen
ganas de crecer, de desarrollarse.
En 2004 el Hno. Niño, amante de la bicicleta,
vuelve a trabajar con los pigmeos en Maboma,
diócesis de Wamba. El obispo entrega a los
combonianos esta parroquia, abandonada hace
años. Las construcciones sólidas estaban cubiertas
de vegetación y los caminos convertidos
en veredas. Hoy ya se ve que alguien vive allí,
aunque la malaria, la tuberculosis y la lepra sigan
presentes, o que el 45 por ciento de los niños
que nacen mueran antes de los cinco años.
Sin embargo, la población pigmea tiene hambre
de formación, escolarización y apoyo agrícola.
Las mujeres pigmeas son los pilares de la familia,
necesitan apoyos en higiene y hábitat familiar.
"Algo se está haciendo en los cuatro centros
escolares y en la comunidad cristiana. Pensamos,
también, abrir un internado para
jóvenes pigmeos que quieran estudiar".
Miguel Ángel, gracias por compartir tu vida
misionera con nosotros. Desde esta página vocacional
te deseamos un regreso feliz a la misión.
|