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Juan Sánchez Arenas. Misionero Comboniano






NACEMOS MARCADOS

Por Juan Sánchez Arenas



Febrero nos alegra con las aves migratorias y la pasión por África de Daniel Comboni. Los jóvenes priorizan la subjetividad y la experiencia antes de tomar una decisión. Estar disponibles a propuestas de fe nos da esperanza. Y el P. Juan Benjumea nos narra su itinerario vocacional, de los toros a la misión, como hermano y sacerdote comboniano.


En febrero las aves migratorias comienzan su viaje hacia el norte de Europa. Ellas alegran la climatología tan cambiante de un día frío y al siguiente de calor. El refrán castellano “Por San Blas la cigüeña verás, y si no la vieres, año de nieves” no es tan evidente. Pues existen muchas cigüeñas que se quedan en la Península Ibérica todo el año. Las vemos en las agujas de las catedrales, en las torres de las iglesias y hasta en las choperas. Algo ha cambiado en el ambiente para que estas aves hayan perdido su costumbre de volver a África. Con su permanencia, posiblemente, nos están diciendo: un continente te espera al sur del Estrecho de Gibraltar.

Pasión por África

Daniel Comboni parte para África el 6 de septiembre de 1857 como miembro de la primera expedición mazziana. Llega al puesto misionero de Santa Cruz, en el corazón de África, el 14 de febrero de 1858. Allí comienza a vivir su pasión por el África negra estimulada desde su juventud por el misionero Angelo Vinco. Muchos compañeros mueren por enfermedades tropicales. No obstante, Comboni, jura ante uno de ellos consagrarse para siempre a la misión africana, aunque tenga que quedarse solo.

Es admirable su valentía y determinación, aunque la realidad se impuso y tuvo que ser repatriado para cuidar de su debilitada salud. Todos estos acontecimientos y la dolorosa despedida de sus padres nos muestran el sentido martirial de su espiritualidad.

La búsqueda de identidad personal para el joven es una tarea fundamental. Saber qué hacer con su vida, con sus talentos y cómo integrarlos en un proyecto de vida que se acerque a los demás y a Dios es tarea de construcción personal. En esta ruta de viaje se necesita de personas amigas que ayuden a discernir los diferentes niveles de consciencia: el sensitivo, el individual, el personal y social, el de relaciones fraternas y solidarias, y el de espiritualidad encarnada en lo concreto del día a día y que lo trasciende.

Al mismo tiempo, la sociología nos dice que el joven actual prefiere replegarse en el mundo interior o en su ámbito reducido de amigos antes que afrontar la realidad. También prioriza la subjetividad y quiere experimentar todo antes de tomar una decisión.

Disponibles a propuestas de fe

Estar abiertos y disponibles a propuestas desde la fe nos da esperanza. Pedro, invitado por Jesús después de una noche de pesca sin coger nada, decide obedecer a su Maestro echando las redes (cf. Lc 5, 5). Pedro ya había colgado sus redes de pescador, olvidándose de que Jesús le había dicho que llegaría a ser pescador de hombres. Tenía que aprender a confiar totalmente en el Señor.

Esta confianza en Jesús se nos pide a todos sus discípulos. Dios ha dado un don especial a cada persona, a cada joven, que tiene que ser ayudado a descubrirle. La certeza de que Dios sigue llamando tiene que ser creíble. Escuchar y atender esta llamada es responsabilidad de todos los seguidores de Jesús, jóvenes y no tan jóvenes.

La comunidad cristiana misionera y su vivencia es buena noticia para los jóvenes. Que ellos puedan compartir, tener espacio y acogida en ella es ya un signo de vida y de fe. Que puedan vivir una experiencia de Dios y su compromiso por el Reino es entrar en la dinámica de Jesús. Que puedan encontrar un hogar cálido y estimulante es enriquecedor. Que sientan que son invitados al silencio y al diálogo, al compromiso y a la acción con los más pobres es una bendición.

La vida consagrada manifiesta su participación en la comunión trinitaria que transforma las relaciones humanas, creando nuevos tipos de solidaridad. La vida fraterna es condición evangélica de los que se comprometen a vivir y amarse unos a otros como Jesús nos ha amado (cf. Jn 13, 34).

Misterio vocacional

Hace pocos días me encontré con el P. Juan Benjumea Ramos, de Paradas, Sevilla, y misionero comboniano en Ecuador. Con su simpatía y alegría nos abría su corazón compartiendo su vocación.

Nació en una familia numerosa de campesinos cristianos. Muy pronto se lanzó a la calle llevando sangre de torero.

Sin embargo, su abuelo José intuía que este niño iba a ser sacerdote. Señales no faltaban. Cuando tenía 20 años pasó toda una noche repasando el catecismo catecismo de Primera Comunión que siempre le acompañaba. De la Misa salía con más fuerza. Su vocación se fraguó en la lucha por la vida, el trabajo, los toros, y en las dificultades con ganaderos y empresarios.

En este misterio vocacional, Dios le llama desde lo más profundo. “De hecho, nacemos marcados. Otra cosa es que uno quiera escuchar su voz”, nos decía el P. Benjumea. Contaba sus aventuras taurinas en Silla, Beniganim, pueblos de Valencia, y su participación en un cursillo de cristiandad que le permitió ver el plan de Dios en su vida. También la mili le ofreció un tiempo para pensar. Pero el deseo de ser torero lo llevaba en la sangre. Torea en Paradas, fincas de Ciudad Rodrigo, Móstoles, Macejón, varios pueblos de Guadalajara, en la Maestranza de Sevilla y en las Ventas de Madrid.

No obstante, los años pasaban y deseaba dar respuesta a su llamada interior. Personas amigas y su director espiritual le aconsejaron que fuese misionero, aunque él se inclinaba por la vida contemplativa, al estilo de los hermanos de Foucauld que conoció en Madrid.

 

De los toros a la misión

Pero según el dicho de que “el hombre propone y Dios dispone”, conoce a los Misioneros Combonianos por la revista Mundo Negro. Las injusticias y los sinsabores del mundo de los toros le animan a entregar su vida a Jesucristo por la misión. Entra al Postulantado comboniano a los 30 años. En sus titubeos vocacionales en el Noviciado, P. Juan Bressani le dice que su vocación por la misión era clara y que ponía las manos en el fuego por ella.

En Madrid hizo el curso profesional en carpintería metálica, y en Barcelona, de albañilería. Después de su profesión religiosa en 1972, fue destinado a Santiago de Compostela para la construcción del seminario menor.

En octubre de 1975 viaja en barco hacia la misión de Ecuador. Trabaja en Esmeraldas y en Manabí. La misión del Carmen fue su primera experiencia misionera como Hermano comboniano. Con el P. Juan Riva iba a los poblados. Ayudó a construir capillas, escuelas, dispensarios y en el anuncio del Evangelio.

Sentía que la gente le pedía que fuese sacerdote. A los 42 años decidió ordenarse. Dentro de él llevaba la pasión por Cristo y por Comboni. Veía la vocación sacerdotal como un regalo de Dios. En medio de tantos desafíos comienza los estudios eclesiásticos. En Lima hizo la Teología y pudo participar de la vida del pueblo en la parroquia de los Doce Apóstoles de Chorrillos.

El sacerdocio rejuvenece

El 6 de enero de 1990 es ordenado sacerdote por monseñor Enrique Bartoluci y vuelve a San Lorenzo rejuvenecido. Ve a la gente de los poblados desorientada. En San José de Cachaví desea quedarse de por vida enseñando todo lo que sabía de cerrajería, carpintería, albañilería, pero siempre como sacerdote. Con los awas, poblados indígena, pasaba otro tanto. Con su mochila al hombro y en transporte público recorre los poblados hasta llegar a la frontera con Colombia.

En estos lugares, percibe que el misionero se convierte en presencia molesta por causa del cultivo de la coca. Muchos jóvenes emigran y otros trabajan en plantaciones de palmeras africanas. El equipo misionero se esfuerza en integrarlos con proyectos de cultivos de cacao, plátanos, yuca y maíz, financiados por Manos Unidas.

Antes de regresar a Ecuador, el P. Benjumea nos transmitía que la misión le ha dado fuerzas para vivir y el sacerdocio le ha rejuvenecido. Y para los jóvenes, anunciaba: “No os dejéis esclavizar por el consumismo y pensad en las desigualdades que hay en el mundo. Servir en gratuidad es lo más grande que hay”.




     

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