TIEMPO PARA SOLIDARIDAD
Por Juan Sánchez Arenas
Estamos en verano. Tiempo y espacio de gratuidad y libertad. Momento adecuado para escoger actividades que llenen y animen nuestra vida. Oportunidad de contactos con personas que nos lleven a vivir el presente de manera solidaria, al estilo de
Jesús de Nazaret. Ámbito propicio para el compromiso y encuentro con Dios. Ocasión adecuada para discernir tu posible vocación misionera.
El tiempo de clases y de trabajo programado ha quedado atrás. Nuestra mente parece volar a espacios de gratuidad y de libertad.
Los sentidos se dilatan y procuran llenarse de vida. Nos sentimos más a nuestras anchas y como si el tiempo fuese nuestro. Escuchamos la naturaleza y contemplamos el universo. Ha llegado
el verano, algo especial puede pasar, es tiempo de vacaciones para la amistad, el discernimiento y la solidaridad.
En este espacio abierto nos planteamos cosas y nos enganchamos en actividades que robustecen nuestras vidas. Parece como si el
tiempo fuese otro tiempo y la vida cobrase mayor armonía. Escoger actividades que nos hagan crecer y vivir con alegría es la mejor estrategia. Elevar nuestra capacidad de relaciones
y de entrega a los demás es ventana abierta a la calidad de vida. Apostar por que puedo superar mis tendencias narcisistas es ya un verano diferente, una opción por la esperanza, por una sociedad más solidaria.
Recuerdo, como si fuera hoy, una de las experiencias vividas con nueve seminaristas de la Parroquia de Búzi, Mozambique, en vacaciones. Su programa consistía en estar un mes con la familia y otro haciendo trabajos físicos
y de pastoral en las comunidades. El sudor del trabajo de la sementera venía compensado con un buen baño en el río. La convivencia, la oración y el compartir juntos los alimentos nos hacia más hermanos. El Espíritu de Dios nos acompañaba y daba fuerzas para superar el cansancio y las tensiones del grupo. En medio de
la lluvia se visitaba a las familias y se organizaban encuentros para los jóvenes en las comunidades. El ambiente estaba lleno de alegría, de amistad y de vida familiar.
TIEMPO COMO DE DIOS
La experiencia humana nos dice que el tiempo lo vivimos de diferentes maneras: como efímero, como don, con angustia, con confianza, como salvación, como presencia de Dios. Los creyentes vivimos, gestionamos e interpretamos el tiempo como don de
Dios (Gn 1, 3-5). Él creó el tiempo en abundancia y en sus manos está. Nos ofrece los años y las horas necesarias para realizar su proyecto en nosotros. Sin embargo, muchas veces no acertamos o no queremos saber lo que Él quiere de nosotros. Y aquí está
el núcleo central de nuestra vocación: saber dar el tiempo adecuado a las actividades que Dios quiere.
En este sentido, podemos preguntarnos: ¿cómo vivo el momento presente? ¿cómo vivo el día de descanso? Hay personas que dan mucho espacio al trabajo con tal de obtener beneficios añadidos y apenas cuidan del descanso; hay otras que toman el
descanso como prioritario y se inhiben del trabajo. Ni el agobio ni la evasión nos llevan a buen destino. Estos extremos necesitan de discernimiento para encuadrar nuestras vidas en una dirección más saludable, más de Dios.
El texto del Eclesiastés, que seguidamente
transcribimos, nos ayuda a comprender que las cosas tienen su tiempo; una vez transcurrido este tiempo, desaparecen y dejan lugar necesariamente a otras. Esta desaparición es fuente de nacimiento de
otras. La persona se separa en todo momento y dolorosamente del presente mortificando su "ego" más íntimo. La vida nos enseña esta experiencia en sus diferentes etapas. Los padres tienen que ver partir a sus hijos y el misionero se marcha a otro
sitio cuando los nativos asumen su lugar. Por eso, cada cosa a su tiempo y si es acertada, mejor
"Todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol: Tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar; tiempo de matar, tiempo de sanar; tiempo
de derruir, tiempo de construir; tiempo de llorar, tiempo de reír; tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras, tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse; tiempo de
buscar, tiempo de perder; tiempo de guardar, tiempo de desechar; tiempo de rasgar, tiempo de coser; tiempo de callar, tiempo de hablar; tiempo de amar, tiempo de odiar; tiempo de guerra, tiempo de paz" (Ecl 3, 1-8).
TIEMPO COMO ACONTECIMIENTO
En las culturas africanas el tiempo forma parte del acontecimiento. La vivencia existencial no tiene en cuenta el reloj que marca las horas y los minutos. Es más el encuentro solidario que hace historia y te mete en el misterio profundo de la cultura de un pueblo, de una etnia. Yo tuve la oportunidad
de entrar en el corazón de la familia de Manuel Chaziuta, cristiano comprometido, que fue arrastrado por las aguas del río Búzi y falleció ahogado. En estas circunstancias viví el tiempo como acontecimiento con gran intensidad: Donde lo más simple
y lo más íntimo coexistían, lo más humano y lo más trascendente se tocaban y el presente parecía eternizarse en la amistad.
Lo que hace el reloj es sincronizar un conjunto de instantes. Pero lo vivido, y depende de lo vivido, pierde la noción del tiempo. Hay experiencias de amor que rompen espacios y
medidas. Ellas nos abren a horizontes de trascendencia que poco tienen que ver con la conciencia de lo que vivimos en el día a día. El espacio y el tiempo se funden y forman el encuentro de comunión que habla de amistad, discernimiento y de solidaridad.
Lo que a simple vista parece parcial entra en diálogo con lo global, lo puntual se hace eterno y lo humano divino.
VIVIR A TOPE
El vivir a tope el momento presente es sabiduría que viene de la percepción de que nuestros días son limitados. Está en nuestras manos administrarlo lo mejor posible. Jesús de Nazaret vivió el presente con intensidad y en una perspectiva de compromiso
con los empobrecidos y en comunión con su Padre. Él nos convida a caminar en esta dirección de solidaridad y de encuentro con Dios. Pues si no encuentro a Dios en el presente, ¿dónde le voy a encontrar? De aquí surge la necesidad de parar un poco para discernir y orientar la
vida y actividades al estilo de Jesús. Pues el seguidor de Jesús es quien relativiza los medios, rompe con los egoísmos del corazón (Lc 14, 26-27), rechaza lo que esclaviza (Mc 10, 41- 45), aprende "estando" con Jesús y con otros, en comunidad, y vive para
el anuncio del Evangelio con obras y palabras.
Dejar de lado las actividades normales es un don para las personas. Disfrutar de unos días de descanso es vivir ya en un mundo que está por venir. Nos permite escoger actividades que nos pongan en contacto con Dios, que nos den más energías, que
nos ayuden a estar abiertos a las necesidades de los otros. Entremos, pues, en esta dinámica del descanso y que en todo lo que hagamos experimentemos el tiempo presente en la presencia de Dios.
COMPROMISO SOLIDARIO
Este verano no puede faltar nuestro compromiso solidario. Existen campamentos, encuentros, peregrinaciones, experiencias misioneras, presencias activas con personas discapacitadas, que te pueden ayudar a vivir con más intensidad este tiempo de solidaridad. Al escoger una de ellas, no olvides tu identidad de creyente
en Jesús de Nazaret. Pues al abrirte al necesitado reconoces al Dios que te impulsa a acercarte, compadecerte y transformar la realidad de dolor y marginación. Las Bienaventuranzas (Mt 5, 1-12; Lc 6, 20-26), la parábola de Buen Samaritano (Lc 10, 25-37), el lavatorio de los pies (Jn
13, 1-17), el Mandamiento Nuevo (Jn 13, 33-35) y la Eucaristía (Mc 14, 22-25) son referencia vitales para responder adecuadamente a los problemas de nuestros hermanos.
Te animo a que disfrutes de tu tiempo libre con alegría y creatividad; con atención a la diversidad y entendimiento en las diferencias.
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