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Juan Sánchez Arenas. Misionero Comboniano






AL ENCUENTRO CON JESÚS

Por Juan Sánchez Arenas



El deseo de búsqueda y de encuentro con Jesús lo llevamos dentro. En esta dirección, 770 jóvenes de la diócesis de Getafe peregrinaron a Javier del 11 al 13 de abril. Dejarse seducir por Jesús es necesario para que el encuentro sea de transformación interior. La respuesta a la llamada depende de ti, muchos te acompañan y te animan. También del día 18 al 20 de abril se celebró el V Encuentro Misionero de Jóvenes en Madrid con el lema “Seréis mis testigos”.


 

Todos deseamos encontrarnos con alguien que nos anime y apoye. Este complaciente deseo lo sentimos como familiar y cercano. Existen momentos en que el encuentro toca lo más íntimo de nuestra existencia. Parece la melodía que nos hace vibrar por un instante. Como roce que dilata las venas y se desliza por todo el cuerpo. Estira la epidermis y abrillanta los ojos. El corazón se ensancha y el cerebro recobra vigor. El olor se vuelve perfume y los pétalos se abren en flor. Entre alientos de paz y sensaciones de libertad, nos adentramos en el océano profundo de la comunión.

¿Qué llevas dentro? ¿Qué te mueve? Mar adentro te conmueves para llegar al encuentro. ¡Tú lo sabes! ¡Dímelo! Al final, ¿tú quién eres que a mi paso te adhieres? ¿Quién te puso y quién te pone para aliviar mi trastero? ¿Acaso porque yo te escojo o eres tú mi compañero? No te pido la respuesta que más tarde vendrá. Procuro dar espacio a quien a mi lado pasa y vivir en amistad con lo que la vida me da. Comparto lo que tengo, aun metiendo la pata, ya que todo encaja en Aquel que nos da su aliento.

En este deseo de búsqueda y de encuentro quiero enmarcar la Peregrinación a Javier de los 770 jóvenes de la diócesis de Getafe realizada del 11 al 13 de abril. El ambiente juvenil era notable el viernes por la tarde. Los autobuses recogían a los peregrinos de Getafe, Alcorcón, Navalcarnero, Móstoles, Boadilla del Monte, Parla, Aranjuez, Leganés, Fuenlabrada… Las mochilas daban el tono de marcha y los familiares se despedían. Después de una presentación animada entonamos cánticos, rezamos y entramos en la tienda del encuentro con la Palabra de Dios.

Sonriente y a la espera

Antes de ponerse el sol, fuimos animados a buscar a Jesús personalmente, de corazón a corazón. A contemplar el rostro humano de Dios en Jesucristo, a experimentar el amor del Padre: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único para que tenga vida eterna y no perezca ninguno de los que creen en Él” (Jn 3, 16). Este clima de amor tan personal y tan de todos nos anticipaba a contemplar la imagen del Cristo de Javier, sonriente y a la espera del encuentro. Jesús crucificado nos habla, nos ama con locura y con su ternura nos emociona. Él tiene un sueño para la vida de cada uno, ¿cuál es tu respuesta?

En muchas situaciones y circunstancias de mi vida misionera he tocado con las manos el amor de Dios. Al compartir la vida con los pobres parece como si Jesús estuviese más cercano. Cuántas veces he caminado con lluvia y en medio del barro para atender a comunidades cristianas. En esos momentos el aliento divino se hacía presente. Anunciar a Jesucristo a los más pobres y abandonados es una gracia tan hermosa que no tiene medida. Te olvidas de ti mismo, te mezclas con la gente y Dios está en todo. El rostro de Cristo se hace más brillante en medio de la pobreza que te invita a escuchar su grito y ponerte en marcha para hacer el bien.

Bien recibidos

Llegamos al Seminario Menor de Tarazona a las 11 de la noche. Fuimos recibidos bien y dejamos las mochilas en los pasillos. Después cogimos los bocadillos y cenamos en el patio. A continuación tuvimos una hermosa velada y, antes de irnos a dormir, entramos a la tienda del encuentro con la Iglesia rezando completas en la capilla. Ya era la una de la madrugada cuando las esteras y los sacos de dormir se estiraban por las salas y pasillos del seminario.

A las siete de la mañana del sábado nos levantamos, organizamos las mochilas, nos lavamos la cara, desayunamos y subimos a los autobuses. El día estaba claro y fresquito. El Moncayo lucía su alfombra de nieve y los 14 autobuses circulaban en columna. Nuestras oraciones abrían espacio al agradecimiento y alimentaban nuestro interior. Fuimos convidados a ver el sentido de la vida y a percibir la dirección que lleva. A poner la mirada en el costado de Cristo, comprender lo que él nos ama y orientar nuestro vivir y amar. Para ello, necesitamos purificar nuestro corazón, curar nuestras heridas, eliminar nuestros vicios y elevar nuestro espíritu. En definitiva, tenemos que entrar en la tienda del encuentro de la reconciliación, del perdón, de la misericordia de Dios.

Sigue mirándote

En este sentido de conversión y de encuentro con Jesús, podemos leer el relato de Lc 19, 1-10. Zaqueo busca ver a Jesús y es Jesús quien lo ve. En esta paradoja del encuentro, es Jesús quien viene a buscar y a salvar a Zaqueo. La llamada y la invitación vienen de Jesús, que lleva a Zaqueo a una transformación de vida interior. Es decir, Jesús clava la mirada en Zaqueo y éste responde a la llamada. En este sentido, Jesús sigue mirándote hoy. ¿Cuál es tu respuesta? ¿Piensas que muchas veces te falta la valentía de abrir los sentidos y la voluntad necesaria para responder como Zaqueo? ¡Déjate seducir por Jesús para que el encuentro transformador acontezca en tu vida!

Ya eran las 11 de la mañana cuando llegamos a la Foz de Lumbier. Comenzamos nuestra marcha a pie. Retumbaban nuestros pasos en los túneles y los ojos se dilataban al contemplar tan hermoso paisaje. Cada uno escuchaba al otro y compartía sus inquietudes. Recuerdo cómo Alfonso me contaba las etapas de su vida y me expresaba su deseo de ser sacerdote. Paramos un momento en Liédena para tomar agua y en Sangüesa para motivar el rezo del Rosario. A las tres de la tarde llegamos al lugar destinado para comer los bocadillos. Al fondo se divisaba el valle con sus campos radiantes de verdor y las colinas que tocaban el cielo azul.

Te quito los miedos

Con ilusión misionera pisamos la tierra donde San Francisco Javier nació. Eran la cinco de la tarde. Entramos en la Basílica y el P. Enrique Gutiérrez nos alentaba a buscar la santidad en nuestras vidas. Nos contó su primera experiencia en Javier. Estaba cerca de la ordenación sacerdotal y le costaba renunciar a muchas cosas. Pero al mirar a Cristo, el Señor le decía que no tuviese miedo: ¡Yo te quito los miedos! Pues no hay nada más bonito que entregar la vida a Cristo.

Acto seguido fuimos al auditorio, a la tienda del encuentro eucarístico con Cristo. Don Rafael Zornoza presidió la Eucaristía acompañado de una veintena de sacerdotes y cuatro diáconos. Con su palabra amiga nos convidaba a encontrarnos con Jesucristo. Como lo hizo San Francisco Javier, a pesar de sus resistencias; a dejarnos tocar por las palabras de Jesús, que tantas veces volvían a la mente de Javier: “A ver, ¿de qué le sirve a uno ganar el mundo entero si malogra su vida?” (Mt 16, 26). Por la noche fuimos saludados por Mons. Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona, que nos alentó a ser testigos de esperanza. Y con la Hora Santa, el encuentro con el Santísimo, culminó nuestro día.

El domingo por la mañana dejamos preparadas las mochilas y rezamos en el exterior del castillo de Javier. Visitamos su interior y partimos hacia el monasterio de Santa María de Huerta (Soria), donde comimos y participamos en la Eucaristía presidida por Mons. Joaquín María López, obispo de Getafe, que vino a nuestro encuentro. En la homilía reafirmó la búsqueda, el encuentro personal con Jesucristo y la respuesta a su llamada para la vida consagrada y sacerdotal. Llegamos a casa gozosos por la experiencia vivida.

Espacio para los misioneros

No podemos cerrar nuestra sección sin decir que del 18 al 20 de abril se celebró en Madrid el V Encuentro Misionero de Jóvenes organizado por las Obras Misionales Pontificias. Participaron 70 jóvenes de toda España con el lema “Seréis mis testigos”. Pude apreciar la madurez y la motivación misionera que tenían estos jóvenes. Pusieron a los misioneros y misioneras en un listón ejemplar. Y reivindicaban que los medios de comunicación dedicasen más tiempo y espacio para que los misioneros puedan contar sus experiencias.




     

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