VIENTOS DEL SUR
Por Juan Sánchez Arenas
El contacto con realidades de pobreza, personas
concretas, naturaleza, proyectos de cooperación,
y el ver que la gente da lo que tiene, produce
un cambio de mentalidad. Este ha sido el sentir
de los 101 jóvenes que han participado en la expedición
"Madrid Rumbo al Sur", realizada del 22
de agosto al 18 de septiembre en Mozambique.
El fenómeno altruista va en aumento.
Muchos jóvenes sienten
la necesidad de conocer y
compartir sus vidas con personas y
realidades que sufren la pobreza.
Sienten esta experiencia como vital
y transformante. A varios les toca el
núcleo de su personalidad en la manera
de ver, analizar e implicarse
con las realidades del Sur.
En este contexto quiero enmarcar
la experiencia vivida del 22 de agosto
al 18 de septiembre con la expedición
"Madrid Rumbo al Sur", coordinada
por Telmo Aldaz de la Quadra-
Salcedo y financiada por la Comunidad
de Madrid y otras entidades.
Los jóvenes de entre 16 y 17
años eran 101, todos de la Comunidad
de Madrid, de los cuales 60
eran chicas y 41 chicos. Iban bien
arropados por un equipo de monitores
y profesores, especialistas en el
campo de la salud y de la comunicación.
Mozambique era el destino
de su esperada experiencia.
ÁFRICA, CUNA DE LA HUMANIDAD
Llegamos a Johannesburgo
(Sudáfrica) la mañana del 23 de
agosto. Cargamos las mochilas y el
material de la expedición en el camión
y subimos a los autobuses y
coches. Nuestra caravana recorría
la zona industrial de la ciudad hasta
entrar en la autopista. Durante varias
horas surcamos parcelas enormes
que ya habían dado la cosecha
de maíz.
Llegamos a Komatiport bien entrada
la noche. Estábamos a las
puertas de Mozambique. Me tocó
dar unas pinceladas sobre África,
cuna de la humanidad, e incentivar
al respeto por la oportunidad que teníamos de poner nuestros pies,
mente y corazón en un mosaico de
grupos étnicos con historia, lengua
y una profunda visión de lo sagrado.
Con esta motivación y mochila
al hombro caminamos hasta la frontera
sudafricana y entramos en tierra
mozambiqueña.
Muy pronto pudimos ver las diferencias
entre las dos fronteras.
Ressano García, población fronteriza
mozambiqueña, era la exposición
clara de la pobreza y de la
gente contenta. El "Hoyo-hoyo", en
changana, y el "Bem-vindos", en
portugués, eran los saludos de
bienvenida a esta hermosa tierra de
Mozambique.
Antes de subir al tren, el misionero
zamorano P. Pepe nos situó en
este lugar de frontera, "donde todo
se compra y todo se vende", que
cuenta con 7.000 habitantes, en su
mayoría jóvenes dedicados al comercio.
También nos habló de la inmigración
a Sudáfrica, de las tres
grandes líneas férreas construidas
en la época colonial y del sufrimiento
del pueblo mozambiqueño durante
los 16 años de guerra civil.
A RITMO DE OLIMPIADA
Ressano García a Maputo fuimos en
tren. Tardamos 6 horas para recorrer
100 kilómetros. Fue una prueba
para la convivencia y una ocasión
para ver la realidad de las poblaciones
más pobres. Los jóvenes observaban
a la gente que estaba en las
estaciones y comentaban: "¡Con qué
espíritu de alegría viven! ¡Cómo se
divierten los niños con una bola de
trapo! ¡Cómo sonríen! ¡Cuántos kilómetros
hacen para ir a la escuela!".
Percibí también el aprieto que
sentían en el momento de comer, ya
que a los nativos se les abrían los
ojos como platos. Los más atrevidos
pedían y la pregunta vino a nuestras
mentes: ¿Qué hacer en esta situación?
El corazón compasivo batía
a ritmo de olimpiada.
Era de noche cuando entramos en
la cosmopolita ciudad de Maputo.
Por la mañana, apenas tuvimos
tiempo de apreciar la belleza arquitectónica
de la época colonial, así
como su riqueza cultural y artística.
No obstante, saboreamos la acogida,
la comida, la convivencia con los jóvenes
del orfanato y la labor de los Salesianos en San José de Lhanguene,
barrio periférico de Maputo.
En la villa de Namaacha, frontera
con Suazilandia y Sudáfrica, estuvimos
dos días y tres noches. Pudimos
descansar y compartir con
otros jóvenes y niños del centro
"María Auxiliadora", de las Hermanas
Salesianas. La acogida con cánticos,
danzas y dramatizaciones nos
dieron un aire de fiesta. Pudimos apreciar el trabajo de las religiosas
y cooperar en pequeños trabajos de
pintura y de huerta. Alberto Medina,
profesor de cooperación y desarrollo,
procuró crear espacios de
diálogo entre los jóvenes sobre lo
que habían visto y oído. Les animaba
a conocer bien la realidad para
poder realizar una cooperación en
igualdad.
De manera festiva, el grupo de Madrid nos trasmitió este mensaje: para este tipo de campañas hay que estar centrados y echarle imaginación. Tuvimos la oportunidad de valorar el trabajo realizado en el ver, juzgar, actuar. Y acto seguido, se procedió a la lectura de
las conclusiones de la campaña general 2005-20007, que paso a resumir.
PRESENCIA DE DIOS
Nuestro
primer domingo en tierras mozambiqueñas
fue muy sabroso. Guiados
por la Hna. Carmen; marchamos hasta la comunidad de Macuacua, donde celebramos la Eucaristía.
Clara Díaz Salazar me dijo
que sintió la presencia de Dios en
comunión con todos los que estábamos
allí. Y Eva Laín percibió una fe
grande en la comunidad, que era
acogedora y el centro de unión de
todos. Visitamos también el santuario
de Nuestra Señora de Fátima y
la frontera con Suazilandia.
En nuestro recorrido visitamos
varios proyectos de cooperación que
nos animaron: Médicos del Mundo sobre el sida en Matola; de agricultura
y canalización de agua en Manica;
plantaciones de árboles en Inharrime;
de casas y de agricultura
en Okwe; el Centro de Investigación
sobre la malaria en Manhiça y el
proyecto de cooperación de África
Directo nueva Ciudad Munemo
(Marracuene), dirigido por la Hna.
Susana.
UN ANTES Y UN DESPUÉS
En
nuestra ruta también experimentamos
sed, retrasos en comer, falta de
higiene básica y horas para dormir.
Hubo momentos en que el equipo
médico tuvo trabajo. Hasta nuestra
gran animadora, Mar Aldaz, sintió
la dureza africana. No obstante, disfrutamos
de playas y lugares paradisíacos
como Murrungulo, Vilanculos,
Inhassoro, Finca de la frontera,
Gruta rupestre de Chinamapere,
Parque Nacional de Bazaruto y
de Gorongosa y la Isla de Mozambique.
Lugares que representan un
gran potencial para el turismo.
Fuimos bien acogidos por los
embajadores de España en Mozambique
y en Sudáfrica. Y Graça Machel,
esposa de Nelson Mandela,
cercana a los chavales, les animó a
seguir adelante en la cooperación
con Mozambique en términos de
igualdad. Les impactó su sencillez,
estilo de mujer y capacidad comunicadora.
Y a las chicas, en particular,
su compromiso por los derechos
de la mujer.
Esta experiencia en Mozambique
ha marcado "un antes y un después
en la manera de afrontar mi vida",
decía Irene Hidalgo. Y Bruno Gilaranz
comentaba: "Este viaje me ha
quitado el callo, he visto cómo vive
la gente". Pues bien, los vientos del
Sur mueven las entrañas, permiten
aproximarnos a realidades empobrecidas,
facilitan el contacto con
personas concretas y nos hacen ver
que otro mundo es posible. Este es
el pan cotidiano de los misioneros y
misioneras que entregan su vida por
los demás, sabiendo que Jesucristo
es el alma de todo y quien anima a
seguir buscando vida (Jn 10, 10).
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