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Juan Sánchez Arenas. Misionero Comboniano





EXPERIENCIA IMPACTANTE

Por Juan Sánchez Arenas


la Fundación Madrid Rumbo al Sur realizó en Marruecos su cuarta expedición, donde los jóvenes convivieron en pleno Ramadán


Los santos son compañeros y amigos en la búsqueda de felicidad y solidaridad. Por su parte, la Fundación Madrid Rumbo al Sur realizó en Marruecos su cuarta expedición, donde los jóvenes convivieron en pleno Ramadán y contemplaron la realidad del país vecino. La cooperación y la experiencia religiosa se hicieron más profundas.


Estrenamos noviembre con la solemnidad de Todos los Santos. Ellos y ellas son personas que dejaron en la tierra las huellas del amor. Tuvieron la gracia de abrir el frasco de esencias que llevaban dentro. Su aroma perfumó a mucha gente y sigue perfumando nuestras vidas. En su compañía sentimos el gozo de no estar solos. Nos invitan a ser más solidarios y a llevar el buen olor de Cristo a toda la humanidad (2Cor 2, 14-15). Muchos dieron su vida por Jesucristo en nombre de la justicia y de la paz. Ellos son compañeros y amigos en la búsqueda de felicidad y solidaridad.

Ganas de conocer

Felices y solidarios se sintieron los 100 jóvenes que participaron del 20 de agosto al 11 de septiembre en la cuarta edición de “Madrid Rumbo al Sur”, a los que tuve la dicha de acompañar junto a un nutrido grupo de monitores y profesionales cualificados. Salimos de la Plaza de las Ventas de Madrid con ganas de conocer y cooperar en proyectos de la Comunidad de Madrid en Marruecos, y llegamos al Estadio Santiago Bernabeu pletóricos, aunque exhaustos.

Entramos en Marruecos por Melilla y salimos por Ceuta. Nuestros ojos contemplaron dos países separados por 14 kilómetros y unas vallas pero muy distantes en lo cultural, religioso y económico.

Me impresionó el ir y venir de la gente en la frontera entre Melilla y Marruecos. Personas de todas las edades pasaban bolsas de alimentos y objetos varios. La policía vigilaba tan alocado movimiento. El bienestar y la pobreza eran visibles. En pocos metros estaba Europa y África. Pasada la frontera, la caravana zigzagueaba los acantilados de la costa mediterránea hasta Alhucemas.

Ponerse a prueba.

La marcha nocturna de Beni-Boufrah hasta la Playa de Bodes puso a prueba nuestra capacidad física y mental. Bien entrada la noche, avistamos el Peñón de Vélez de la Gomera iluminado. Parecía un sueño en medio del cansancio y ampollas en los pies. Mujeres que colaboran en los proyectos de la ONG Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad nos brindaron la primera cena del Ramadán a base de “jarira” y dulces locales.

Después de cenar, Pedro Arranz disertó sobre astronomía. Estrellas que iluminan Marruecos y España por igual fueron nuestro techo común. En pleno domingo se hizo limpieza de la playa y se visitó el Morabito de Bades y el Parque Nacional de Alhucemas, en la cordillera del Rift. Al caer la tarde, celebramos la Eucaristía frente al Peñón, momento alto de espiritualidad.

Presencia misionera

Después de trece horas de viaje, la caravana llega a Mildelt. Cenamos y emprendimos la marcha a Tattiouine, pueblo bereber a 1.800 metros de altura en el corazón del Atlas.

Las “jaimas” instaladas en el valle sirvieron de alojamiento. Las tres noches y los dos días en este lugar nos permitieron apreciar la presencia de las Franciscanas Misioneras de María. La Hna. Montse Simón, navarra, nos brindó su testimonio sobre sus 24 años en la zona. Los lugareños la definen como “una mujer que reza y hace cosas buenas”. A todos nos impresionó su vitalidad y entrega. A mí me hizo sentir con más fuerza el ser Iglesia y presidí la Eucaristía con la comunidad en su residencia. Después emprendimos una marcha por el Circo de Jaffra.

De salida hacia Rich, paramos en el monasterio cisterciense de Nuestra Señora del Atlas, en la periferia de Mildelt, abierto en el año 2.000. El Hno. José Luis Navarro, procedente del monasterio de Huerta (Soria) y miembro de esta comunidad, nos dijo que el objetivo de su comunidad era “ser orantes en medio de un pueblo orante y mostrar que los cristianos rezan”.

Después nos leyó el testamento del P. Cristian, escrito en 1994, uno de los siete cistercienses martirizados en Argelia por el Grupo Islámico Armado en 1996. Decía: “Mi vida está entregada a Dios en este pueblo”. Y en su acción de gracia incluía a su verdugo: “Amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías. Sí, para ti también quiero este ‘gracias’ y este ‘adiós’ en cuyo rostro te contemplo, y que nos sea concedido reencontrarnos como ladrones felices en el paraíso. Si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío”.

 
  Pozo en el desierto marroquí, entre Bou-Rubia
y Fooum-Zguiden.

Dentro de mí.

En transporte local serpenteábamos el valle del río Ziz. Montañas de 3.000 metros nos cercaban hasta el lago Iseli. La mañana del 28 de agosto el sol brillaba en las aguas del lago, que desempolvó nuestros cuerpos. Resplandecía el día al recordar la fiesta de san Agustín, bereber, nacido en Tagaste, al norte de África, el año 354. En esta región septentrional de África existió una vida cristiana intensísima entre los siglos II y IV, que estuvo en la vanguardia en teología y expresión literaria.

San Agustín nos dejó un tesoro espiritual. En el libro de las Confesiones, aludiendo al Dios de Jesucristo, dice: “¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo fuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre cosas Para MÁS información hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo”.

Llenos de polvo pasamos por las preciosas Gargantas del Tora, el Palmeral del Valle del Dra y la antigua Kasba de Tamnougalt. Espectacular fue el rally hacia las dunas de Chegaga en los todoterrenos. Significativa fue la experiencia por el desierto y la llegada a Foumzguid. La sed y el hambre nos unían al Ramadán hasta la llegada a Sidi Ifni.

Por fin, con vistas al Atlántico tuvimos un momento de sosiego e higiene. El profesor Asenjo, que residió de chaval en esta ciudad, nos mostró su belleza e historia. Fuimos recibidos por el alcalde y se realizaron diversos talleres, donde no faltó la voz del profesor Malaminne. Después visitamos proyectos de cooperación en ciudades importantes como Marrakech, Fez, Tetuán y Tánger.

Valores profundos.

En este viaje emergieron sentimientos y valores profundos en los jóvenes. Carmen Rodríguez decía que le impresionaron las montañas, el desierto, el contacto con la naturaleza y ver a los nómadas que no tienen nada y son felices. La entrega de la Hna. Montse y las Eucaristías en la playa, el desierto y las ruinas romanas, le hablaron más de Dios. Y con los compañeros aprendió a compartir, aproximarse a ellos y a llegar a límites que no imaginaba.

A Jaime Zaera le impactaron las diferencias del país. Desde la supervivencia del pueblo bereber de Tattiouine hasta el asfalto de Fez. Esto le hizo reflexionar sobre lo que tiene y seguir a Jesús para ser feliz.

Y a Paula Rodríguez le cambió un poco la forma de ver las cosas. Valorar la familia, ver a los marroquíes con ojos diferentes, el trabajo en equipo, la superación, la hospitalidad, saber que hay ONGs que emplean bien el dinero y ver a Dios en un montón de sitios.

Que el reflejo espiritual de nuestra caravana sea de ayuda a los lectores. Y damos las gracias a toda la expedición, conducida por Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo y Mar.




     

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