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Juan Sánchez Arenas. Misionero Comboniano






LA MISIÓN ENGANCHA

Por Juan Sánchez Arenas


El mes de octubre nos pone en actitud de misión. Con motivo del Domund, Benedicto XVI invita a reavivar el mandato misionero de Cristo. Los jóvenes de la misión de Rondos (Perú) regresan felices y contentos. Y el P. Julio Ocaña Iglesias, misionero comboniano, nos cuenta su paso de la pastoral a la formación en Etiopía.


El P. Laureano Rojo, a la izquierda, junto al Hno. Arístides Holgado.

Estamos en el mes misionero por excelencia. El alba del primer día de octubre nos trae el recuerdo y la presencia de una joven apasionada por Jesús de Nazaret. Su nombre es Teresa de Lisieux y llegó a una finura espiritual inolvidable. Su gran sensibilidad la canaliza en la oración. Su corta vida la vive con intensidad. Y descubre que su vocación en la Iglesia es el amor. Como carmelita contemplativa tuvo un cariño especial por los misioneros y su labor. Por eso es patrona de las Misiones.

LA INTERIORIDAD

Si hacemos lectura de lo cotidiano, parece que llevamos vidas muy agitadas y llenas de posibilidades, de experiencias nuevas. Tenemos la sensación de que no podemos “parar” y elegir con estabilidad. Todo esto dificulta el acceso a la interioridad. Sin embargo, necesitamos crear espacios de silencio para poner nombre a las cosas con palabras, sentimientos y sensaciones desde nuestro interior. En este sentido, la interioridad humana es una puerta a la trascendencia y un camino que lleva a realizar gestos de solidaridad y de entrega.

Sabemos por experiencia que la contemplación y la acción se dan la mano para estar y hacer misión. Y si no, que se lo digan a Daniel Comboni, fundador de la Familia Comboniana, cuya fiesta se celebra el 10 de octubre, que anhelaba misioneros “santos y capaces”, es decir, contemplativos y activos, llenos de Dios y apasionados por la gente africana. En este sentido podemos afirmar que no hay misión sin interioridad.

TE NECESITAN

Benedicto XVI, en su mensaje para la Jornada del Domund, nos invita a “reavivar la conciencia del mandato misionero de Cristo de hacer discípulos a todos los pueblos, siguiendo los pasos de San Pablo, el Apóstol de las gentes”. Que la luz del Evangelio llegue a todos los pueblos con su fuerza liberadora. Para esta misión y servicio somos llamados todos los seguidores de Jesús. Y tú que eres joven no te puedes negar, otros muchos jóvenes te necesitan para llevar la luz de Dios a la humanidad.

Hno. Alberto Lamana, en el centro, trabajando en Juba (Sudán Meridional)

El Papa pide a las Iglesias de antigua y reciente fundación que sean “sal de la tierra y luz del mundo, llamadas a difundir a Cristo, Luz de las gentes, hasta los confines de la tierra”. Y las recuerda también que “la misión ad gentes debe constituir la prioridad de sus planes pastorales”.

Más claro, agua. Ahora hay que poner toda la carne en el asador y vencer los miedos. Se necesitan jóvenes apasionados por la misión para difundir el Reino de Dios. Tú puedes ser uno de ellos. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy: Engánchate a la misión.

HACER EXPERIENCIA

Los jóvenes Jairo, Borja, María Alajarín y el P. Juanma regresaron contentos y felices de la parroquia de Baños, en Rondos, Perú. Esta misión de las alturas ha tocado el corazón de todos. Al salir del aeropuerto sus rostros irradiaban felicidad. Sus familias les esperaban con ansiedad, y nosotros también. Los abrazos y los besos se intercambiaron con gran intensidad. Un reencuentro familiar con matiz misionero. Hay que hacer experiencia de misión para sentir y percibir que algo te cambia.

  El P. Juan Arenas, segundo por la izquierda, conversando a la salida de la Iglesia

La acogida del P. Florentino, de los combonianos en Lima, en Huanuco, en la parroquia de Baños y las laicas combonianas mexicanas en Rondos ha sido de gran ayuda, fraternidad y cariño. Todo esto les hizo sentirse en familia desde su llegada hasta su partida de Perú.

Las visitas a las escuelas para dar catequesis y labores de alfabetización han sido enriquecedoras. Expresar las vivencias del día a la luz de la Palabra de Dios y en la Eucaristía al final de la jornada fue para el grupo y las laicas combonianas un momento clave de interioridad. Y el contacto con los combonianos de Baños los fines de semana constituyó una ocasión para sentirse en comunión.

ABRIRSE A LA GENTE

Aún siendo jóvenes pertenecientes a una sociedad de consumo, aguantaron bien la fatiga de la altitud, caminar con dificultad debido al clima tan cambiante y madrugar. Al mismo tiempo, el contacto con la gente, su sencillez y dureza de vida, les ha impactado y enriquecido. Jairo me decía: “Vengo con una paz interior distinta, más sosegado y con deseo de aprender de todo”. Abrirse a la gente y dialogar con todo tipo de personas te enriquece y te hace más solidario.

Circunstancialmente pude entrevistar al P. Julio Ocaña Iglesias, misionero comboniano que trabaja en Etiopía. Vino al entierro de su madre Dolores. Con la sonrisa que le caracteriza, me contaba lo que le ha supuesto el paso de la pastoral a la formación. Cuando era joven soñaba con proclamar el mensaje del amor de Dios. Después, los superiores le mandaron de párroco a la misión de Dongorá, con 35 años de presencia comboniana y muy estructurada.

LA MISIÓN RENUEVA

El esfuerzo para guiar a la comunidad cristiana hacia un estilo nuevo de misión fue un camino bonito con sus luces y sombras. Pero ver que la gente asume el protagonismo, da pasos hacia la autofinanciación y que los compañeros siguen esta dirección, es gratificante. La experiencia de Jesucristo presente en la gente y en la comunidad comboniana le mantenía en pie. Deseaba que la comunidad cristiana creciera en formación, experiencia de oración con la Palabra de Dios y compromiso social a favor de los más pobres.

Una de las prioridades de la diócesis es la pastoral juvenil. Donde hay una pastoral vocacional seria, los jóvenes responden y surgen grupos que piden más formación y más Palabra de Dios. En Dongorá hay un grupo vocacional con un acompañamiento de tres años. De allí han salido cuarto sacerdotes diocesanos y un comboniano. También han acogido a jóvenes italianos que venían para hacer una experiencia en la misión. Y ha visto cómo la misión los transforma, renueva y cambia. Me contaba la experiencia de Helena, que redescubrió la fuerza de la Palabra y de la comunidad.

VENID Y VERÉIS

El P. Julio es ahora formador en el Postulantado comboniano de Adís Abeba. Acompaña a siete postulantes de entre 23 y 27 años. Él hace referencia a su experiencia misionera cuando les habla de Comboni, de la vida religiosa y del sacerdocio.

A los jóvenes les cuesta dar el salto en bien de la comunidad. Hacen muchas referencias al ambiente familiar y étnico. El nacionalismo está muy metido y en los estudios hay que insistirles sobre sus peligros. Al despedirse nos deja este mensaje: ¡Dios nos ama mucho! ¡Dad el paso, venid y vereis!




     

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