En
diversos momentos de la historia, África ejerció
fascinación y se convirtió en objeto de estudio
para exploradores, geógrafos, comerciantes, aventureros,
misioneros... y siempre fue el paraíso de los antropólogos.
Este interés sigue presente, aunque no siempre por
motivaciones genuinamente humanas.
África
sigue ahí, cercana y remota como en el pasado, envuelta
en un halo de misterio, cuna de la humanidad y reserva espiritual
de un mundo demasiado materialista. Todos los pueblos de
África, con su visión positiva de la vida,
exuberantes y alegres, siguen ejerciendo fascinación
y tienen mucho que ofrecer a quien quiera conocerlos.